Triste paradigma del descomedimiento sentimentaloide Gabriele Muccino y Will Smith pretenden repetir el éxito de su anterior película con un drama inoperante en el cual las emociones y sus mecanismos carecen de cualquier atisbo de autenticidad A Gabriele Muccino le sonó la flauta con ‘En busca de la felicidad´, su debut en el cine ‘mainstream´ en Estados Unidos. Primero, una ‘major´ como Columbia Pictures estaba detrás del proyecto y, sobre todo, contó con el protagonismo de Will Smith, el actor más rentable en la actualidad de las superproducciones. Ambos salieron beneficiados de la aventura; Muccino ha podido seguir desarrollando su carrera americana y Smith fue nominado como mejor actor y reconocido por la crítica más exigente como un sólido intérprete con capacidad dramática. En aquel melodrama, Muccino supo redirigir los elementos trágicos del ‘tear jerker´, ese subgénero exclusivamente ejecutado para hacer llorar al público, además de enfocar la dimensión social del drama hacia el subrayado del "sueño americano" de los 80 como designio primitivo de éxito al narrar la vida y esfuerzos de un hombre con la obligación de escalar socialmente para salvaguardar el bienestar de su hijo pequeño. La trama, llevada con inteligencia, recababa en ése sentimiento paternal y en la autosuperación de un hombre atrapado en una situación límite con el fin de conquistar el corazón del público.

Crecidos ante las expectativas, la unión de actor y director era inminente. ‘Siete almas´ no incurre en ningún tipo de implicación socio-política, ni acude a una historia identificativa entre padres e hijos con problemas. Aquí, la película se centra en un mártir social que renuncia a su propia felicidad para sustentar la esperanza de terceros, un tipo traumatizado por un acontecimiento que no le deja dormir y que ha decidido que no vale la pena seguir viviendo, pero sí luchando por hacer posible que otros logren la felicidad... antes de llevar a cabo su propio suicidio (no se trata de un colosal ‘spoiler´, ya que la película arranca con este trágico instante). Con estos elementos, Muccino y Will Smith, apoyados en un guión bastante flojo de Grant Nieporte, intentan de nuevo la jugada de su anterior trabajo en común. Una tragedia en forma de melodramón, superación humana, altruismo, amor al prójimo y barreras emocionales por superar. Lo que no han calibrado con exactitud es que para que un melodrama funcione se debe encontrar la complicidad del espectador, una identificación del sufrimiento y la aceptación del drama. Un hecho bien explotado en ‘En busca de la felicidad´, pero que aquí, en cuanto a intenciones y a connotaciones humanas y humanistas, carece de significado.

Pasada media hora de película, el argumento de ‘Siete Almas´ parece diluido en su propia indolencia, ya que apenas se sabe muy bien de qué diablos trata la historia de este hombre con tendencias suicidas, ni a qué se dedica el filantrópico y misterioso Ben Thomas, cuyas acciones tienen un efecto beneficioso para sus objetivos y una causa pretérita y tortuosa. El problema es que las motivaciones y el enigma están faltas de empaque, fundamentalmente porque a Muccino parece alucinarle el juego de tiempos con ‘flashbacks´ redundantes e innecesarios, manteniendo la intriga y envolviéndola en una especie de halo misterioso improcedente. De ahí que Ben Thomas siga a gente, atosigue a personas con extraños procedimientos para saber si son buenas personas o no y decidir con ello si merecen tratamiento preferencial de la agencia oficial de recaudación de impuestos de los Estados Unidos (sic). Un dato éste que sólo conocemos cuando entra en la vida de este reservado fulano un ángel de ébano llamado Emily Posa, joven que necesita un trasplante de corazón y que debe mucha pasta al estado debido al triste amontonamiento de facturas médicas que acopia.

Para entonces, ya nada funciona. Will Smith se muestra tan perdido dentro como fuera de su papel, gesticulando con muecas de angustia que rebasan el histrionismo trágico, sin emocionar ni hacer creíble tanta afectación emocional que persigue el filme. El drama está emponzoñado desde su comienzo por la búsqueda de la lágrima fácil, del sobrecogimiento del público, porque ‘Siete Almas´ adolece de una concesión al melodrama de emociones, donde la efusión es artificial y es vendida como una especie de sentimentalismo de ocasión y oportunista, sin rubro dramático. Por eso, esas cicatrices emocionales de las que habla carecen de autenticidad, desdoblando la historia, por si ello no fuera suficiente, en un infortunado drama de vidas cruzadas para dar título al filme. Asistimos así a un desfile de enfermos e impedidos, hospitales y zonas residenciales, mujeres maltratadas, transplantes, donaciones, desesperación y muerte. La voluntad de sus imágenes es llegar a la hipersensibilidad humana, sin embargo, el hinchazón emocional con el que el cineasta italiano expone los enlaces de sus subtramas hacen de esta tragedia un simple y triste paradigma del descomedimiento, casi de pornografía sentimentaloide.

En esta aburrida loa a la redención, a la abnegación vital que deviene en el sentimiento de culpa de un hombre a la deriva y sus acciones de buen samaritano, tampoco funciona como relato moral y ejemplarizante, por mucho que veamos a Smith procurar hacernos creer que el altruismo de Ben es inspirador. Y es un problema, porque es la intención última del director y del protagonista de ‘Soy leyenda´. Además, sin perder nunca de vista el enfoque mesiánico y aparentemente complejo de la evolución de la historia. A cambio, el público se encuentra con un artificioso dramón de conmoción hiperbolizada, muy neoerista y desolador, que se muestra manipulador y que no atiende a la sutileza cuando se trata de su simplista sentido a la hora de tratar la vida, la muerte y el dolor humano. Llegados aquí, el único punto positivo de ‘Siete Almas´ es Rosario Dawnson, no porque se esfuerce en resultar creíble en su papel de enferma terminal que acaba enamorada de Ben Thomas casi como subterfugio a su terrible mal y soledad nunca explicada, ni por sus sencillas réplicas a Smith, sino al encanto innato y el carisma de una actriz que sabe llenar de emoción la pantalla con su mirada. En conclusión, que a Muccino sólo le ha faltado meterle el dedo en el ojo a los espectadores para lograr arrancar esas codiciadas lágrimas. Y ni por esas.

Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009

fuente: http://refoworld.blogspot.com/2009/01/review-siete-almas-seven-pounds.html

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Fecha de publicación: 2009-02-04 03:02:09, por admin   (visto: 3010 veces)   (a 7 personas les ha parecido interesante)
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