La cruzada del polémico Michael Moore

Si la polémica estaba falta de caracteres arrolladores y dinámicos. Si el mundo necesitaba un contestatario explosivo y visceral, un hombre controvertible de lengua viperina e intenciones manipuladoras a favor de la verdad. Ése hombre es Michael Moore, todo un mito de nuestra era social-visual que se ha erigido como un profeta irrebatible de la otra América, de los Estados Unidos hipócritas y necios. Un dinamitador y voraz atacante del feliz ‘american way of life’ que intenta abrir los ojos de los patriotas yanquis para hacer ver el falso mundo que les rodea. Todos recordarán la 75ª ceremonia de entrega de los Oscar 2002, cuando este singular y orondo cineasta subió a recoger su estatuilla por ‘Bowling for Columbine’ y dijo ante millones de personas lo que muchos pensaban y no se atrevían a decir. Atacó verbalmente a Bush definiéndole como un presidente ficticio. Expresó su vergüenza ajena por los planes del máximo mandatario norteamericano en la absurda Guerra de Irak. Pocos hasta ése momento conocían la existencia de Moore. Pero desde su Oscar con el documental más taquillero de todos los tiempos, la amplia figura de este socarrón amparador del librepensamiento se ha engrandecido tanto que ha conseguido desdoblar un doble posicionamiento ante su discurso; los que piensan que es una especie de Susan Sonntag, Michael Hardt, Noam Chomsky o Gore Vidal para las masas, un genio mediático apasionado, subversivo y valiente sin miedo a meter a meter el dedo en la llaga de las conciencias que esgrimen argumentos seculares para desatender los verdaderos problemas de la sociedad o un cineasta que plantea preguntas sin respuesta, axiomas demoledores sobre la falsedad y la hipocresía con que se tratan frívolamente el terrorismo y el crimen en USA y, por el contrario, los que creen que es un ególatra populista bufonesco que se siente capaz da salvar el mundo y no acepta críticas. De hecho, sus detractores especulan sobre la posibilidad de que su galardonadoBowling for Columbine’ fuera llevado a cabo por un frustrado intento de convertirse en presidente de la Asociación Nacional del Rifle. También le tachan de cinismo, ya que Moore tiene un imperio multimedia descomunal y antiguos colaboradores le tachan de déspota y afirman que trabajar con él es “como estar en un campo de concentración a las órdenes de Idi Amin”. Otros le echan en cara que Moore no creara un reportaje sobre las relaciones de Chirac en Centroáfrica, de todo el asunto de inmobiliarias que financiaron la campaña de Clinton y su abnegada Hilary o que sea acusado de ser una víctima del “canibalismo de la izquierda” incitado desde las páginas del ‘New Yorker’ o del ‘Mother Jones’, la revista que él mismo dirigió.

Tanto desde la prensa escrita como en Internet se han apresurado a propagar toda clase de mentiras para desprestigiar a este auténtico azote de los infames y auténticos demócratas. Para muchos de sus detractores ser antiBush, es ser antiamericano. Un poco como el lema traído a España que siguieron los dirigentes del PP en las pasadas elecciones de marzo con el ‘si no se vota al PP, no se es buen español’. Lo cierto es que, por mucho que se intentara desprestigiar su documental ‘Bowling for Columbine’, éste no es más que un reflexión acerca de la garantía vital amparada tras un arsenal armamentístico, aportando desconcertantes datos sobre la historia bélica de los Estados Unidos y su iniquidad ante los miles de muertos en las guerras que este poderoso país ha forjado directa o indirectamente. Una necesaria denuncia sólida y equilibrada sobre la proliferación de armas de fuego y el constante sentimiento de inseguridad a la que está sometida la población estadounidense. O, simplemente, un ensayo crítico acerca de las causas de la violencia que carcome la conciencia pública yanqui, del germen de la estupidez americana que lleva a un presidente genocida a persuadir a presidentes con graves carencias de personalidad a una absurda guerra sin sentido. Muchos americanos piensan como Moore, pero pocos tienen la posibilidad de comunicarlo. La etiqueta del ‘antiamericanismo’ que ha colgado durante décadas como una espada de Damocles sobre los ensayistas políticos norteamericanos tiene en la actualidad un objetivo que es Michael Moore, para seguir el juego inmediato del ‘acusar antes de reconocer’ que siguen todos los mandatarios del mundo. Sean del partido que sean y divulguen la ideología que divulguen.

Pero lo cierto es que la ancha efigie de Moore no es nueva en el mundo del cine. Este cincuentón de más de 150 kilos de peso nació y se crió en Flint (Michigan); a los dieciocho años fue nombrado director de su escuela, por lo que se convirtió en uno de los más jóvenes funcionarios públicos de Estados Unidos. A los veintidós fundó ‘The Flint Voice’, uno de los diarios alternativos más respetados del país. A mediados de los años ochenta fue productor, director y presentador ‘TV Nation’, serie televisiva galardonada con un premio Emmy. Sin embargo, la controvertida carrera de Moore se inició a finales de los años 80 con el documental ‘Roger & me’, donde abordó el cierre de una fábrica de General Motors en Michigan, una golpe social en forma de documental que narraba su odisea personal que hizo historia para poner contra las cuerdas al presidente de la GM, Roger Smith, y, de paso, a toda la América de las grandes corporaciones. Fue el primer escalón hacia la fama, la polémica y a su impuesto (por la prensa) ‘status’ de alborotador emisario de la izquierda yanqui y persuasor del movimiento antiglobalización. En la era Clinton, se desmarcó con otra serie televisiva y publicó ‘Downsize this!’, dardo envenenado contra la América corporativa que le consagró como un cruzado gordo con gorra de béisbol capaz de hacer de invectivas contra el poder auténticas hostias a la falsedad gubernamental estadounidense y, por extensión, al resto del mundo. Y no sólo eso, antes de ‘Bowling’, Moore nos dejó para la galería de obras maestras como ‘The Big One’, donde dio a conocer el público las maquinaciones de las grandes empresas y de los políticos despiadados e impasibles. Un filme que obligó a que la multinacional Nike dejara de utilizar a niños como fuerza de trabajo barata en Indonesia. Sus últimos libros ‘Estúpidos hombres blancos’ y ‘Tío: ¿Qué has hecho con mi país?’ son la demostración del inconformismo de un hombre, un país y un planeta en contra de un genocida analfabeto y ex alcohólico como lo es George W. Bush. En un momento en administración Bush está pasando por sus peores (y merecidos) momentos de popularidad gracias al tema de los prisioneros de Guantánamo, la demostrada inexistencia de armas de destrucción masiva, el maltrato, la vejación y humillación de los ‘marines’ a los presos iraquíes en la cárcel Abu Ghraib, Michael Moore se saca su as de la manga y otorga al público un ‘blockbuster’ bajo el título ‘Fahrenheit 9/11’, nuevo documental que ha ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes y que tiene como diana política derrocar a este ímprobo presidente de la Primera Potencia Mundial.   

 

Cuando Moore recogió aquél Oscar dijo: “Voy a hacer lo imposible por echar a Bush de la Casa Blanca”. Pocos imaginaban que su nuevo trabajo iba a dinamitar la taquilla con un discurso que expone lo que muchos ya sabíamos: que el presidente de los USA es imbécil y que el realizador de la gorra es un personaje creado así mismo capaz de congregar una multitudinaria fraternidad universal ‘anti Bush’ tan arraigada en Europa. En este nuevo dardo envenenado, Moore refleja de qué manera Sadam Hussein fue financiado en otra época por Estados Unidos para la compra de armas y pelear contra el Ayatolah Komeini, de cómo le ayudaron a ejecutar tropas iraníes, de qué manera invadió a la dictadura de Kuwait para amenazar la dictadura de Arabia Saudita y sus vastas reservas de petróleo. Un compendio que demuestra que la familia Bush y la familia real Saudita fueron socios, que los Bush y la familia Bin Laden tenían estrechas relaciones comerciales y de porqué todavía no se ha querido capturar al cabecilla responsable del 11-S. Un manifiesto que insta al voto apoyado en la izquierda americana como última esperanza para “defender la democracia frente a Bush” y lograr un vuelco en las elecciones de noviembre, con la venia de Kerry. Pese a todo ello, se levantarán voces que critiquen su capacidad para manipular los hechos, se dirá que no es más que un panfleto político y volverán a surgir historias sobre su doble moral, su maniqueísmo fácil y su egolatría desmedida. Pero lo cierto es que en esta sociedad de corrupción y mentiras, la enorme figura de Michael Moore es mucho más que necesaria. Es imprescindible.

 

Miguel Á. Refoyo © 2004

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La cruzada del polémico Michael Moore
Fecha de publicación: 2004-08-11 18:19:00, por Miguel Á. Refoyo   (visto: 1557 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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