Madre Juana de los Ángeles de Jerzy Kawalerowicz (1961). Siglo XVII, aunque bien podría tratarse de la profunda Edad Media. Un sacerdote atormentado por sus propios fantasmas se enfrenta a una posesión colectiva dentro de un monasterio habitado por monjas entregadas a la plena concupiscencia de la carne y del espíritu. El clérigo exorcista luchará contra sus propios demonios interiores y se verá arrastrado hacia un destino ciego y sepulcral, más negro que el insondable abismo de su deseo. Los caminos de Dios son tortuosos e inescrutables, y a veces sólo se accede al verdadero Bien a través del conocimiento del Mal absoluto. Sombría, pesimista, lúcida, absorbente y cruda Obra Maestra de este gran cineasta polaco. No perderse tampoco su claustrofóbico y trágico “Faraón”. 

 

Martin Scorsese: La última tentación de Cristo (1988). El maestro neoyorquino nos regala una obra mayor con todos los ingredientes para convertirse en un filme de referencia. Basada en la novela homónima de Nikos Kazantzakis, en cada nuevo visionado aparecen con más claridad matices y reflexiones sobre una figura central en la creación mitológica y sagrada ligada a Occidente: Jesús de Nazaret, Dios revelado y encarnado en la figura de un hombre asediado por el temor, la culpa, el miedo, la ambigüedad moral y el odio, que poco a poco irá descubriendo los cambiantes planes del Padre, aceptando con resignación el camino marcado, su muerte redentora libremente asumida, para concluir con el enfrentamiento cara a cara con su última tentación: la de vivir, sentir, amar y comportarse como un ser humano más. Sin poner en cuestión la filiación divina del Cristo con el Creador, sí toma partido por la teoría adopcionista en una conveniente y sensata aproximación al misterio espiritual que supone todo acceso al círculo sagrado, como vía de conocimiento y comportamiento de rectitud moral, en un tiempo donde proliferaban como hongos profetas de toda ralea, instituciones religiosas vinculadas a privilegios políticos y un descontento popular manifestado en continuas revueltas de carácter hiperviolento. El reino de Dios está dentro de uno mismo. Hacha y amor, iluminación y comunismo primigenio, contradicciones implícitas en la reconvención de Jesús a una conciencia colectiva que no supo comprenderle hasta que Pablo, el fabulador, logró suavizar una doctrina originariamente subversiva, sin olvidar la sugestiva idea consistente en presentar a Judas como un instrumento clave para el cumplimiento del salvífico Plan. Complementa la tesis del teólogo dominico E. Schillebeeckx, quien afirma que "El mismo Jesús no sólo revela a Dios sino que también lo oculta, ya que apareció entre nosotros en una humanidad no divina". Siempre estimulante para el corazón y el intelecto. Muy Buena. 

 

Un gángster para un milagro de Frank Capra (1961). Historia maravillosa repleta de humor y generosas dosis de bondad y altruismo. Glenn Ford y Bette Davis brillan en el firmamento como dos estrellas resplandecientes cuya luz atraviesa el centro de nuestro atribulado corazón. Las acciones nacidas de la pura bondad son posibles dentro de un universo frío habitado por la cosificación y el interés puramente mercadotécnico. ¿Ingenuidad? Puede, pero a veces necesitamos contemplar que existe una hoguera encendida por almas limpias donde poder calentar nuestras gélidas manos materialistas.

 

El jefe de todo esto del genial Lars von Trier (2006). El maestro danés firma una comedia corrosiva sobre el mundo laboral y la teatralidad que lo caracteriza. No hemos de olvidar bajo ningún concepto que este hombre es casi con toda probabilidad el mejor cineasta europeo en activo y su magna “Dogville” continúa siendo una obra que por méritos propios ya está entre las 100 mejores de la historia del cine. Con “El jefe de todo esto” el autor nos recuerda que las mejores (en consecuencia peores) tragedias anclan sus raíces en el humor corrosivo y la ironía pertinaz. Excelente. 

 

David Lynch: Corazón Salvaje (1990). Mi dilecto Lynch nos regala una nueva inmersión en su particularísimo universo hiperreal, poblado por extrañas criaturas, asociaciones oníricas, oscuras tramas, violencia estructural y sexo desestructurador. La percepción racional se ve pronto desarzonada por una propuesta alegórica e inquietante, angustiosa en determinados instantes, con toques de humor negro y hasta gore accidental. El villano que construye Willem Dafoe es sencillamente memorable. Con un Harry Dean Stanton extraordinario, un Nicholas Cage más actor que de costumbre y Laura Dern en plan fatal y seductor,  Lynch construye una historia absorbente. No es "Mulholland Drive", desde luego, pero en ningún caso defraudará a los incondicionales de este autor inclasificable.

 

Richard Kelly: Donnie Darko (2001). Sorprendente película con claros toques lynchianos y una trama alambicada y compleja atravesada por cuestionamientos filosófico-religiosos, probabilidades científicas, agujeros de gusano, viajes temporales retroprogresivos y crítica sociológica. Un pastel a priori muy difícil de cocinar que en absoluto defrauda, ofreciendo sabor excelente, cuidada textura, proporción adecuada y digestión satisfactoria. Todo un placer para los sentidos del gusto visual directamente conectados a los centros de la inteligencia. Parece que lo nuevo de Kelly no ha alcanzado tan excelentes resultados; no importa, merece la pena volver a degustar esta cinta convertida ya en obra de culto.

 

La Niebla de Frank Darabont (2008). No es sólo una cinta de terror, que también, sino que además ofrece una acertadísima reflexión sobre el funcionamiento del miedo y sus más perversos y oscuros mecanismos bajo condiciones extremas de amenaza exterior. O lo que es lo mismo: cómo llegar a convertirse en el monstruo que más tememos y que habita en nuestro interior. El final, sin concesiones, resulta duro y descorazonador. Excelente adaptación del relato de Stephen King que no desmerece en absoluto a su antecesora de John Carpenter. Nuevas vías psicosociales para el terror.

 

Los Cronocrímenes de Nacho Vigalondo (2007). Con cuatro actores, bajo presupuesto y un derroche generoso de imaginación creativa, Vigalondo y su equipo montan una endiablada historia de viajes en el tiempo con toques de humor trágico (sí, esto es perfectamente posible) sin caer en lo trillado y sorprendiendo al espectador que se afana durante todo el metraje en ensamblar un rompecabezas cuyas piezas son los imposibles bucles nacidos de aporías lógicas y espacio-temporales. Ajustad vuestro condensador de Fluzo y a disfrutar del viaje.

 

Depredador de John McTiernan (1987). Un grupo de fuerzas especiales comandado por el hipermusculado Arnold Schwarzenegger se verá sometido a una persecución implacable llevada a cabo por el "demonio de la jungla", el que sale en épocas de mucho calor, el cazador que colecciona hombres como trofeos. La criatura diseñada por Stan Winston se adapta perfectamente a una selva plagada de amenazas e irá aniquilando secuencialmente a todos y cada uno de los miembros componentes de la misión. McTiernan, habiendo tomado como referencia el filme de serie B “Llegaron sin avisar” del director Greydon Clark, abandona pronto el tufillo fascistoide del comienzo y con acertada celeridad hace virar su historia hacia el enfrentamiento cruento entre el hombre y la bestia, creando una tensión perfecta y filmando algunas secuencias realmente conseguidas. Se trata, pues, de un espectáculo brillante capaz de intrigar y entretener con indiscutible solvencia. Inolvidable el “Long Tall Sally” del Big Little Richard sonando cuando los soldados preparan su asalto al peligro. Buena.

 

Beowulf de Robert Zemeckis (2007). La de Zemeckis es una muy buena película, donde se apuesta claramente por la inteligencia de un guión que explora con acierto toda la épica del combate y la construcción de la heroicidad a partir de las luces y las sombras que se desprenden de una encrucijada tan frágil como sutilmente delicada: férrea voluntad, ambición desmedida, racionalización filantrópica, arrojo temerario, tentación, lujuria, mentira, fidelidad, lealtad, traición a los supuestos ideales, dolor, mentira, sacrificio, responsabilidad y culpa. El héroe que busca la gloria la consigue utilizando su valor, su inteligencia, su fuerza, la lealtad suicida de su grupo de combate, su deseo abrasador de lograr la gloria eterna al enfrentar peligros y conquistar plazas totalmente inaccesibles para el resto de los mortales. Pero, como siempre sucede, todo presenta un lado tenebroso, y esa gloria, ese poder casi divino logrado al borde mismo de la muerte, se cobrará su pieza en forma de soledad y pérdida. Si el tramo final de la película resulta absorbente, aun habiendo albergado serios temores acerca de la posibilidad de un desenlace previsiblemente tópico, muy rápidamente se disipan nuestras dudas y asistimos a la conclusión de la cinta con una más que agradable sorpresa, pues ésta no rehuye la oportuna dosis de grandeza trágica y cierra un excelente final relanzando el sentido de los últimos planos hacia resonancias simbólicas de muy largo e indiscutible alcance.

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Fecha de publicación: 2009-11-16 07:11:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 941 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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