El buen pastor de Robert De Niro (2007). De Niro no sólo es un grandísimo actor. Aquí demuestra poseer una rara sabiduría para adentrarse con acierto en el laberinto de la bestia. Firma, pues, una verdadera obra maestra, una película dura, compleja, densa y extremadamente sombría acerca de un tema sumamente espinoso y cuyo tratamiento requiere buenas dosis de conocimiento y temple, amén de muchas agallas: la formación y posterior expansión de la CIA, una organización nacida bajo dudosos auspicios patrióticos e inevitablemente cubierta de fango en el despliegue de sus turbias operaciones de espionaje. Las interpretaciones son de altura y el final resulta tan admirable como demoledor. Una película que ha de hallarse en los altares del mejor cine. Que este hombre no pare de dirigir, si nos regala tesoros de este calibre puede que estemos asistiendo a la forja de un director de nervio y carácter, con un estilo marca de la casa. Buena, buena y mil veces buena.

El espía que surgió del frío de Martin Ritt (1965). Obra turbia, desasosegante, oscura y amarga acerca del sombrío mundo del espionaje (el real), ambientada en el amenazador marco político de la Guerra Fría y protagonizada por un enorme, monumental, extraordinario y atormentado Richard Burton (qué gran actor, su expresividad es perfecta para dejar traslucir todos los retorcidos pliegues del alma humana) metido de lleno en un laberinto de espejos donde nada es lo que parece y lo que parece puede parecer que lo es sin serlo. Agónica y tensa (prodigioso blanco y negro), dolorosa y asfixiante, la cinta de Martin Ritt levanta acta de un universo podrido hasta la médula donde la mentira, la añagaza, la trampa y la manipulación son los puntos cardinales para orientarse dentro de un universo frío y desbocado. Las cosas no han cambiado tanto. Obra Maestra.

El bosque del lobo de Pedro Olea (1970). La interpretación del gran José Luis López Vázquez nos deja alelados, absortos, ensimismados, sin palabras, así de perfecta resulta. La leyenda del licántropo enmarcada en un entorno sociocultural represor, oscuro y profundamente supersticioso convierte al buhonero al que da vida José Luis en uno de esos personajes que no se olvidan jamás. Una radiografía dura y sin concesiones acerca de las tinieblas que cubren el corazón del hombre y una oportunidad inmejorable para disfrutar de uno de los mejores actores que ha parido nuestro cine patrio. Muy Grande.

La Cabina de Antonio Mercero (1972). Metafísica, inquietante, terrorífica, asfixiante, de todo se ha dicho acerca de esta obra maestra, y todo bueno, faltaría más. Un clásico condensado que ejerce de poderosa alegoría acerca del vacío y la profunda incomunicación en que se halla inexorablemente inmerso el hombre actual. Pero nada funcionaría igual si un enorme, poderoso, atormentado y magistral López Vázquez no pusiera rostro a ese hombre atrapado en una transparencia de la que no puede escapar. Continúa generando interpretaciones porque el verdadero arte es siempre un discurso inagotable. Y esta pieza de orfebrería lo es. Consternados, abatidos, sentimos profundamente la marcha de nuestro admirado José Luis López Vázquez y nada mejor que esta maravilla para recordar su imperecedero trabajo. Un clásico.

Atrapado en el tiempo de Harlod Ramis (1993). Desde que Ramis nos regalara esta comedia maravillosa y efectísima el tiempo no volvió a ser igual. Todos tomamos más consciencia de vivir una y otra vez en ese día infinito, reiterativo, repitiendo los mismos sucesos hasta la extenuación, pero también fuimos más sensibles a las intrínsecas oportunidades humanas que ofrece la tediosa cotidianeidad que nos llama cada día al son que cada uno le ponga en el despertador. Seguimos viviendo en el día de la marmota, y gracias. Bill Murray es un dios. Tras ver esta fabulosa película, ¿quién podría dudarlo?  

Un funeral de muerte de Frank Oz (2007). Afortunada comedia que provocará saludables carcajadas sin perder en ningún momento una saludable dosis de causticidad e ironía. Cuenta con momentos antológicos y un desenlace a la altura de las expectativas que va generando mediante un progresivo y acertado uso del humor más delirante. Si alguno de vosotros continúa pensando que jamás se reiría en/con un entierro que vaya tomando buena nota de lo que aquí acontece. Y si algún otro pone en duda el uso inteligente de la escatología en el cine más actual, sólo tiene que ver esta cinta para cambiar inmediatamente de opinión. Pero por favor, que nadie se me muera de risa.

Calles de fuego de Walter Hill (1984). Michael Paré se enfrenta a un violento y jovencísimo Willem Dafoe dentro del universo kitsch de los años 80. Pop y rock de la mano de Ry Cooder envolviendo con celofán una fábula sin guión, plagada de tópicos y clichés pero encantadora. Diane Lane está muy guapa y sus canciones son horribles.

Fiebre del sábado noche de John Badham (1977). Es hora de fardar un poco. Este pelotazo no es sólo la creación de toda una movida inolvidable, es que aborda temas y conflictos que siguen preocupando a los jóvenes actuales, y no tan jóvenes, cuando se ha de atravesar el umbral que conducirá necesariamente hacia la madurez y la toma ¿responsable? de decisiones. El personaje del hermano sacerdote del protagonista (mítico Travolta) es sintomático al respecto y la relación que él establece con la joven de mayor edad está perfectamente construida para ejemplificar su desorientación vital. El manierismo evolucionó hacia el manerismo. Maneras (y maneros) de vivir.

Gone baby gone de Ben Affleck. Sí, habéis leído bien. Si el bueno de Ben sorprendió a propios y extraños con una buena interpretación en la interesante "Hollywood land", ahora da un paso más y nos regala una película excelente, bien dirigida, con buen pulso narrativo y sobre todo contando con un guión superlativo que ofrece dilemas morales de no fácil solución. Evade la trampa gruesa y el sentimentalismo barato para adentrarse en aguas mucho más turbulentas y oscuras. Su hermano, el enorme Casey Affleck, firma otro interesante personaje perfectamente secundado por Ed Harris y Morgan Freeman. Así que debut prometedor en la dirección, sin duda. Grandes expectativas generadas. Pero los grandes se miden en su segunda entrega, ahí es donde demostrará su verdadera pasta como posible gran autor. Hasta ese instante disfrutad de esta obra redonda.

En el valle de Elah de Paul Haggis (2007). Mucho más consistente y menos efectista que la, bajo mi punto de vista, injustamente oscarizada "Crash". Haggis utiliza la guerra de Irak como telón de fondo para ofrecer una lectura crítica y comprometida con una urgente revisión moral de la participación en el conflicto. Pero va más allá y lo que desprende es el insoportable hedor que se respira en las grandes cocinas de la guerra. Un último plano para pedir ayuda urgente. El enfermo americano está muy grave y lo sabe. A destacar la enorme interpretación del siempre eficaz Tommy Lee Jones.

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Fecha de publicación: 2009-11-07 07:11:23, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 946 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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