Otra semana más con la sombra del renting de flotillas azotando mis neuronas a través de una lucha contrarreloj contra la adhesividad del código surgido del pensamiento hipotético-lógico-deductivo aplicado a una reestructuración ordenada por entes financieros abstractos. Todo se materializa en líneas perfectamente tabuladas, verdes comentarios de desciframiento solipsista, bucles repartidores de alimento para constructos variables sistemáticamente vaciados de ilusión al término del previsible recorrido, llamadas a procedimientos remotos supuestamente responsables del bienestar colectivo del sistema funcional, estructuras matriciales redimensionadas desde la decisión voluntariosa de un plan que escapa a su local y progresivo crecimiento aparentemente orgánico... todo resuena como la maquinaria perversa que cada mañana se pone en movimiento hacia infinitos puntos de explotación de un cierto intelectualismo de masas carente en realidad de un reflejo fidedigno en su retribución temporal. Hago entonces, mientras estos pensamientos me asaltan, que suene a todo ritmo la buena fusión practicada por Down to the bone y paso a continuación a deleitarme con esa auténtica obra maestra llamada La ciudad de las ideas del inefable Vicente Amigo, el maestro de España como suele llamarle el también excelente músico y artista Raúl Caballero, concluyendo al fin con la preparación documental para la posterior audición de la Sonata para piano nº 10 de Alexander Scriabin, un monumento musical compuesto en el verano de 1913 y que homenajea, según las palabras de Manfred Kelkel, "a la naturaleza y al Eros místico". Lograré hacerme con la interpretación recomendada de Vladimir Horowitz, lo juro. Y mientras planeo esa misión y la imagen de la claridad reparadora que emana directamente de Sus Ojos me traslada una vez más al sueño maravilloso que se hará realidad para ambos el 29 de noviembre, una certeza móvil, luminosa y veloz zigzaguea en mi horizonte visual hasta que de un solo golpe, en lo que sin duda constituye una reacción "karatekidiana" nacida del recuerdo de la mosca atrapada en los palillos, la incluyo en una única y definitiva pulsación. PUSH IT STRONG:

Christopher Nolan: Insomnio. El realizador de la más que brillante y poliédrica "Memento", una auténtica oda al retorcimiento narrativo, nos ofrece ahora un thriller mucho más convencional y previsible, no exento de interés pero falto del suficiente riesgo capaz de sortear las reglas del género y ofrecer un desenlace mucho más atrevido, cosa que justamente no hace, dejando un regusto a decepción adivinada. Nolan dirige de modo competente, nos sumerge con habilidad en la particular y progresiva odisea ético-hipnagógica de un cada vez más demacrado Al Pacino a medida que se adentra en la trampa tejida por un sosias patológico e inverso bien interpretado por un inusual Robin Williams en un papel que le permite explorar nuevos registros interpretativos de mayor contención y complejidad dramática. La de Nolan, pues, es una película de atmósfera opresiva en su amplitud y desvaída en su concepción, donde la calima exterior acaba por penetrar entre los intersticios morales de unos individuos cuya opaca neblina interior contrasta con la perenne luminosidad lechosa que imposibilita irremisiblemente tanto su descanso físico como mental. Con tantos y tan buenos elementos ficcionales, Nolan apuesta finalmente por la moralina fácil y encubierta y emborrona lo que hubiera podido ser, qué pena porque posibilidades las tenía todas, una obra tenebrosa, inquietante y enigmática. Esperaremos su próxima entrega deseando que retome el original camino iniciado con la singular "Memento". Al menos no provoca sopor.

Rob Bowman: El imperio del fuego. ¿Quién tuvo la brillante idea de realizar una película de dragones capaz de "quemar" cualquier atisbo de inteligencia o, meramente, sentido común? He aquí la respuesta, en esta deleznable producción; una cinta vacua, tediosa, pretenciosa y patriotera que hará las delicias de los menos exigentes frente a una pantalla que en lugar de cine puede también (ésta es la repugnante muestra) mostrar una insufrible sucesión de "video-clips" sin mayor pretensión que la venta y/o el engaño. El buen actor que es Christian Bale y el guaperas (prometía mucho más) Matthew McConaughey (bien en ese ejemplar debut tras la cámara de Bill Paxton) apenas si sostienen unos personajes enfundados en patéticos clichés pseudoheroicos. No faltará, claro está, la hembra de cara bonita, cuerpo apetecible y modales falsamente masculinos, que terminará por enamorarse del redentor de turno. En fin, para qué seguir, ni tan siquiera los efectos son deslumbrantes: lamentable.

Nick Castle: Delivering Milo. Pastelón insufrible del responsable de "Daniel el travieso" y coguionista con Carpenter de la primera "Escape de Nueva York", en el insustancial preparado que a los pocos minutos de su comienzo se convierte en una patética, previsible y moralizante cinta en las peores acepciones que sepáis otorgar a estos términos tan, por otra parte, socorridos. La Bridget Fonda es esposa del definitivamente perdido para la causa (qué pena porque talento no le falta) Campbell Scott, mientras que el gran Albert Finney aporta su profesionalidad imponente, la que sin embargo no basta para desfacer el entuerto causado por tanta ñoñería barata de toques pringosamente católicos. El chico, Keith Gordon, en un nacimiento cinematográfico ciertamente desafortunado. Recomendable en partos con excesiva demora.

Roman Polanski: El cuchillo en el agua. Polanski firma su primer largo en el año 1962, absolutamente deslumbrante, innovador, reflexivo, nutrido de influencias tan insignes como las representadas por el maestro Skolimowski o el dramaturgo Ionesco, y sobre todo crítico, golpeando desde un punto de vista engañosamente psicologizante contra la disolución del individuo bajo el gobierno de cualquier tipo de régimen totalitario, y ello a través de una disección casi entomológica de unos personajes (dos hombres y una mujer) colocados en un velero en medio de un océano de aguas opacas y vacías, como vaciado de vida se nos aparece el entorno circundante, frío, amenazador, un cielo bajo y gris que funciona como cúpula de un conflicto moral abocado a un desenlace ambiguo, crepuscular y abierto en su imposible resolución moral. Un lúcido pesimismo marcado por la certeza de que en determinadas circunstancias y bajo ciertas determinaciones, la única vía posible de supervivencia es la mediocridad, la traición o, en el mejor de los casos, siempre la mentira. Muy Buena.

Y ya os dejo una vez más, deseando tener entre mis ávidos dedos de lector La mancha humana de Phillip Roth, contemplando con delectación el fervor coréutico que resuena en las tapas de las Odas y Fragmentos de Baquílides y Píndaro, al tiempo que consagro mi último pensamiento del día a la certeza interior de una felicidad perfectamente conquistable y sostenible con delicado esmero, con fervorosa dedicación, con entrega ilimitada, con escucha pausada, con diálogo fructífero continuamente rescatado de la amenaza del silencio, con amor. Ella me ha enseñado que eso es posible, que se puede llevar a la práctica, que la voluntad puede transformar las circunstancias de un destino y que en los reinos del corazón humano, donde el paisaje del amor puede figurarse pictóricamente mediante rutilantes destellos de albayalde arrojados desde la emoción pura, Querer Es Poder.

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Querer Es Poder
Fecha de publicación: 2003-09-28 22:57:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 998 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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