Comenzamos una semana más, fiel a principios de incertidumbre de opinión, puesto que la verdad privada se enfrenta a la racionalización pública del despropósito, tratando por todos los medios a mi alcance de no perder la perspectiva de los hechos, construcciones teóricas también, nada es consistente, todo se tambalea dentro del columbario que sirve de morada a las ilusiones muertas, urnas de sueños, pasado, mientras me aferro con desesperación a las notas enérgicas de Symphony X, habitantes del nuevo "Olympus" musical, y me entrego al arrobo que me provoca la audición de un Bach en clave jazzística perfectamente ejecutado por el inmortal Jacques Loussier. Percibo con claridad conductas inconsistentes, egoísmos variados, pérdidas infructuosas, felicidades extremas, desesperación y esperanzas llevadas al límite de su coherencia, la vida bulle a mi alrededor en su oscuro resplandor y se transforma en humus para la imaginación inventora de historias. Celajes de nubes presagian una terrible tormenta. Mi espíritu avanza entre sus volátiles formas, se entretiene en divertidos juegos eidéticos, planea sin rumbo, sobrevuela la cávea desierta, desciende velozmente hacia el escenario central, atraviesa la expectante platea, se dirige a la luz que parece emanar de la pantalla mágica, entra allí y pulsa el botón de los sueños. Push it right here, right Now:

Takeshi Kitano: Dolls. Por fin. Sí, emocionado todavía, temblando extáticamente frente a una belleza cegadora y desbordante, así me dispongo a comentar esta auténtica joya del séptimo, ahora con más razón que nunca, Arte; una absoluta y memorable Obra Maestra perteneciente a uno de los realizadores más queridos aquí en el Rincón, capaz de hurgar sin contemplaciones, con sabiduría y sensibilidad extremas, en los pliegues más recónditos de las emociones humanas, allí donde la luz negra del sentimiento puro, de la imagen abrasadora, quema el entendimiento con una artera de fuego.

Qué maravilla, qué trabajo el de Kitano para ofrecernos una narración bella, abstracta y simbólica hasta decir basta, y lo que es mejor, una aproximación trascendental y trágica al misterio inconmensurable de ese doloroso enigma al que solemos llamar "amor". Kitano utiliza su cámara como si del propio Shamisen se tratase (el instrumento de cuerda utilizado en el teatro de títeres BUNRAKU muy semejante a una mandolina), y con un plectro de sabiduría extrae las melancólicas notas habitantes de un silencio poético cuya música sólo puede escucharse en lo más hondo del corazón. Inmersos en esa desgarradora belleza, nos convertimos en Tayu (el que oficia de narrador en la representación de los "muñecos") para contarnos a nosotros mismos el verdadero significado de tres hermosas historias pasionales, que aparecen sabiamente entrelazadas y cuyo sentido emerge condensado, adherido a un cromatismo deliberadamente esencialista, como si hubiera permanecido diluido en una etérea solución universal de translúcida consistencia y ahora precipitase por fin en su auténtica química constitutiva.

Existe una historia conductora y principal alrededor de la cual vienen a articularse las dos narraciones restantes y que está claramente influenciada por la obra popular "Los amantes suicidas de Amijima", escrita por el dramaturgo Monzaemon Chikamatsu (1653-1725) en la que sin duda constituye la cumbre expresiva del teatro de marionetas surgido a comienzos del siglo XVII. Tres son las escenas que componen la obra de Chikamatsu, que redujo las cinco habituales en su tiempo, y tres son los relatos con los que juega Kitano, dando primacía a la bellísima tragedia de los dos amantes autoexiliados cuya conducta remueve los cimientos del honor familiar y la cultura del éxito económico. Atados por el cordón rojo de sus sentimientos, atravesarán las diferentes estaciones de su existencia hasta desembocar en un océano donde su particular periplo quede finalmente transfigurado en un cuadro simbólico de indudables resonancias metafísicas. No es menos hermoso el crepuscular amor del Yakuza asediado por una melancolía que se nutre del vacío de lo que pudo ser, o la ceguera autoinfligida en el caso de un amante cuya pasión se alimenta precisamente del culto a una idealización imaginaria. El silencio, también como manifestación palpable de una emocionalidad creciente, adquiere a través de las intersecciones entre personajes su definitiva configuración formal, embastando movimientos pasionales subterráneos en el mayestático brocado de la imagen cromática.

Todo es armonioso y perfecto, resplandeciente y desgarrador, trascendente y a la vez despiadadamente concreto. Se trata, pues, de una majestuosa poética del sufrimiento y del amor, fusionadas ambas vivencias en un abrazo de una belleza deslumbrante y profundamente turbadora. El misterio de la auténtica emoción recreado en la superficie profunda generada por la imagen-movimiento. El color del Arte. El de Kitano y esta impagable y sublime creación intemporal. ¿Obra Maestra o Clásico? Vosotros mismos.

Takeshi Kitano: Brother. Lo más comercial y flojo de Kitano es muy superior a cualquier otro producto de entretenimiento que pueda imaginarse. Una obra menor en la filmografía del cineasta nipón, que sin embargo mantiene intacta la pulsión creadora del maestro y ofrece destellos de genialidad contenida. Una cierta calidad de Violencia estancada pero móvil, que desborda los actos, quebrantando los límites de la represión, mediante explosiones súbitas, incontrolables, y los eternos lazos de honor y lealtad contraídos entre "hermanos" de clan, son ambas las coordenadas con que Kitano articula una negra historia de poder y muerte. Aunque perceptiblemente alejada de sus obras maestras "Flores de fuego" y "Dolls", no defraudará en absoluto a los amantes del buen hacer tras la cámara. Muy interesante.

Lucrecia Martel: La ciénaga. En la hacienda "La Mandrágora" el tiempo parece haberse detenido por completo. Esta interesante propuesta venida de tierras bonaerenses nos habla del vértigo que supone el estancamiento de la vida, cuando la naturaleza en su aspecto más asfixiante y desagradable (nada que ver con estereotipos edénicos) se transforma en marco opresivo donde Lo Mismo parece repetirse indefinidamente, sin atisbo alguno de posible cambio. Pero Martel es una realizadora inteligente y hábil, y sabe perfectamente que la contraposición a ese provincianismo atroz no es una cuestión de modernidad, pues ahí también reside el mismo germen patógeno de la repetición, la de un continuo devenir hacia ninguna parte. Una acumulación de sucesos cotidianos se entrelazan hasta configurar una ciénaga maloliente de falsa calma, un emponzoñado estanque de emociones podridas incapaces de conectar con la vida. La tragedia que sobreviene en forma de accidente aparece como la conclusión lógica de esos axiomas detenidos en la atmósfera irrespirable, desordenada y enrarecida. Buena.

Walt Disney: Fantasía. Maravillosa inmersión a pulmón descubierto en el universo mágico de la animación más desbordante, una vez imaginada, diseñada, figurada, representada y vitalizada por el mítico genio del maestro. La comunión perfecta entre plasticidad fantástica y composiciones musicales clásicas servirá de marco para que las imágenes dancen con las eternas melodías de Bach, Tchaikovsky, Paul Dukas (Mickey Mouse inolvidable "Aprendiz de Brujo"), Stravinsky, Beethoven, Ponchialli (desternillante coreografía entre el cocodrilo y la hipopótamo), Moussorgsky (prefiguración del Señor Oscuro) y Schubert, interpretadas con excelencia por Leopold Stokowski y la orquesta de Filadefia. Un viaje al centro de la creación artística. Obra Maestra.

Ettore Scola: Competencia desleal. El gran cineasta que ha sido, es, continúa y seguirá siendo el incombustible Scola, siempre venerado por los hermanos y hermanas culturetas, firma otra obra de impecable factura e incisivo contenido social, adentrándose para ello en las vergüenzas raciales perpetradas por el fascismo en su amada, contradictoria, miserable y tierna Italia, tierra exagerada, sardónica y trágica en la que durante el año 1938 nacerá una bellísima y auténtica amistad entre dos hombres inicialmente enfrentados por su negocio, uno italiano de pura cepa y el otro judío de pura Italia, que verán progresivamente fortalecidos sus lazos fraternales a medida que la intolerante ignorancia de los violentos vaya asentándose poco a poco en el entorno social, cobrando víctimas propiciatorias en forma de racismo y asedio moral. Scola es capaz de conmover sin perder su inteligente sentido humorístico aplicado al absurdo de unas circunstancias esperpénticas, extraordinariamente respaldado en esta ocasión por el magnífico trabajo de Sergio Castellito y Diego Abatantuono, sin olvidar la siempre estimable presencia del enorme Gerard Depardieu. Para disfrutar y emocionarse de principio a fin. Muy Buena.

Franco Zeffirelli: Jane Eyre. Brillante recreación de época efectuada por el ya legendario Zeffirelli, quien con sensibilidad y su habitual competencia, puntualmente envarado por algún que otro exceso romántico, especialmente en el desenlace de la cinta, logra sin embargo recuperar el espíritu de la novela de Austen mostrando una historia de amor marcada por el sufrimiento y la posible redención. William Hurt lo borda y le queda bonito. Muy interesante.

Vicente Aranda: Celos. La obsesión celotípica, rayando con lo delirante, perfectamente comprendida, asimilada y mostrada por un sólido cineasta especializado en filmar las complejidades más turbias del deseo. Daniel Giménez Cacho compone un complicado personaje asediado por el monstruo de los celos retrospectivos, un caníbal que poco a poco irá devorando su alma hasta convertir su interior en un hervidero de odio. El imaginario intento de anulación del deseo del Otro, la identificación con el tercero en discordia, la vulnerabilidad soterrada, la hostilidad manifiesta y compulsiva, todos ellos elementos manejados por Aranda con maestría y buen tono narrativo, otorgando en todo momento a los personajes la densidad psicológica que su evolución relacional demanda. Buena.

Os abandono una semana más en brazos de la laboriosidad cotidiana, que día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, nos escamotea perplejidades concretas y sorpresas anidadas en lo aparentemente más trivial, olvido éste contra el que necesariamente habremos de combatir, también días tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, si definitivamente no queremos sucumbir a la ceguera de la habituación. Al menos Aquilino-Polaino dio con esta clave existencial, dentro de su muy conservadora crónica de moribundo, que anoto en mi cuaderno de bitácora y me dispongo a surcar la Estética de G.W. Hegel y la reflexión religiosa de José Antonio Marina en un futuro muy próximo. Contra la manipulación del desamor sólo cabe la indiferencia del afecto. Inmersos como estamos en un mundo de manipulación despiadada, ¿qué podríamos sugerir para salvaguardar nuestra exquisita vulnerabilidad de las garras de la representación afectada del sentimiento?

P.D.: Bravo por el contenido crítico preparado por Animalario en la entrega de los Goya. Y enhorabuena a Fernando León, un cineasta extraordinario cuya película "Los lunes al sol" ya fuera convenientemente destacada por el Rincón. Lástima que el premio no ofrezca la posibilidad de un ganador doble. "Hable con ella" (mejor música original) también se lo merecía. Hay momentos en que el nivel está tan alto que resulta difícil elegir. Ojalá esta situación se repita año tras año en el incierto panorama del cine español. El Rincón se alegra especialmente del Guión Original para "En la ciudad sin límites", película realmente buena, y el mejor Guión Adaptado para esa joya llamada "Lugares comunes". También nos alegran sobremanera los reconocimientos a Mercedes Sampietro ("Lugares comunes"), Luis Tosar ("Los lunes al sol") y Geraldine Chaplin ("En la ciudad sin límites"). Gran satisfacción por el Goya a la dirección novel en manos de Julio Wallovits y Roger Gual por su excelente "Smoking Room", filme cuya crítica podréis encontrar en predicado.com, y por haber reconocido como mejor película europea esa obra maestra incomparable llamada "El pianista" del gran Roman Polanski. En todo caso, una edición de altísima calidad. Que vayan aprendiendo las espúreas estatuillas hollywoodienses.

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El Teatro de la Vida
Fecha de publicación: 2003-02-04 12:51:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1103 veces)   (a 7 personas les ha parecido interesante)
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