Una semana más en la que vuelvo a plantearme la espinosa cuestión sobre la probable responsabilidad del hombre anónimo en las grandes crisis y catástrofes sociales. Y mi línea de pensamiento me acerca a las orillas reflexivas del gran teólogo católico Hans Küng, el cual en sus memorias hace una contraposición entre el germanófilo, antisemita, y ya totalmente desmitificado, Pío XII y el impulso renovador que supuso el "testigo" Juan XXIII. Es en 1906 cuando en realidad se comienza a aplicar el método histórico-crítico al Antiguo Testamento por parte de la teología católica... al menos desde un punto de vista teórico. Los anatemas para quien haya tratado de conjugar los hallazagos científicos con la renovación en la dogmática han sido continuos. El propio Teilhard de Chardin ya se vio sometido al exilio personal e intelectual durante su vida por la maldita Inquisición romana. Su féretro, el domingo de resurrección de 1955, sólo fue acompañado por una sola persona... Eliminar (d)el recuerdo. Esa ha sido la perversa pretensión de cualquier institución asentada en unos fundamentos salvaguardados de toda revisión histórica. ¿Por qué ese miedo al conocimiento si, como parece demostrado, la contingencia histórica no ha de atentar necesariamente contra la verdad simbólica o experiencial de lo narrado? ¿Para qué negar un necesario y adecuado contexto crítico de fundamentación a lo que surge naturalmente del irrecusable contexto de descubrimiento empírico? Y eso me lleva aún más allá de lo razonable al preguntarme cómo fue que en un momento dado, sepultado bajo el peso del tiempo, el discurso filosófico requirió del Amo una apropiación del saber del esclavo. ¿El deseo de saber ligado al deseo histérico? ¿Qué tendrá que ver todo esto con la transición desde los modos de producción esclavista hasta la sociedad feudal y cuyo testigo preservador de cultura fue sin duda la Iglesia católica? Preguntas y más preguntas que activan algunos actos neuróticos destinados a aplacar la ansiedad mediante ciertos rituales de control. En esos desplazamientos habita el sentido oculto de una moción amenazante. Tal vez esté tratando de hacer mía la reflexión sobre el arte de Manuel Vázquez Montalbán y desde otro ángulo, el de la escritura, empeñado en plasmar lo que debería pensar si viera más allá de lo que me está permitido pensar. Trato ahora de centrar mi atención en el baile de luminosidad variable, una insoportable levedad fotónica, y de acertar en mi siguiente propósito crítico. PUSH IT CRE(E/A)TIVE:

Gus Van Sant: Descubriendo a Forrester. ¿Es éste el mismo realizador responsable de esa maravilla inclasificable llamada "Elephant"? Parece increíble pero así es. Y digo esto porque en esta ocasión el interesante director naufraga en todos los frentes y nos regala una cinta en la estela de "El indomable Will Hunting" (guiño con Matt Damon incluido) pero sensiblemente inferior, y no es que ésta fuese precisamente un dechado de virtudes cinematográficas a pesar de su sobrevalorado guión original. Pero si "El indomable" ahondaba con cierta sensibilidad psicologicista en los oscuros recovecos emocionales de una mente superdotada para el cálculo matemático, la cinta que nos ocupa en ningún caso hace lo propio para tratar de profundizar con cierto sentido en los intrincados caminos que llevan a la creación literaria emparejada con los dominios insondables del espíritu. Forrester (¿Salinger?) es un Sean Connery pleno de tics insufribles y muy decepcionante en sus comentarios acerca de la productividad del escritor frente al abismo de la hoja en blanco. Sus consejos parecen sacados de un manual para escritores noveles y más se asemeja a un aburrido escoliasta en su adoctrinamiento (que lo es, a pesar de su apariencia de didactismo libre de prejuicios) que a un auténtico maestro de arte y vida. La pasión se desintegra casi en los primeros compases de la farsa y el aspirante a gran escritor sólo es una sombra artificiosa repleta de datos que se debate entre la pulsión de la soledad creativa y la aceptación de su comunidad de pares. Ni es creíble el acopio de información memorística y literaria del joven ni menos aun el tardío proceso de transformación reconciliadora que sufre Forrester a lomos de una amistad tan forzada como plana. Final conformista para una cinta que tal vez con su fracaso activó la auténtica vena creativa del director y le hizo retornar a sus esencias más auténticas en busca de la grandísima "Elephant". Tampoco portar una propagandista palmatoria contra la discriminación por razones de raza o jerarquía solventa los graves defectos que en todo momento evidencia. Mala.

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Fecha de publicación: 2004-11-12 19:41:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 972 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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