Otra semana más experimentado una dulce sensación anuladora de cualquier reminiscencia de inquietud o duda, poseído por un entusiasmo lúcido configurador de sentido y que suelta una silenciosa carcajada frente a toda esa hipocresía levítica que ya no es capaz de servir de alibí ni tan siquiera a los más políticos del lugar. Nos reímos de sus insustanciales súplicas, de sus fútiles preces de contrabando místico, y mientras tanto nos dejamos acariciar por los sonidos contundentes almacenados en el vinilo mítico de Black Sabbath, el Mob Rules, una auténtica e indiscutible obra maestra. La poderosa y particularísima voz del gran Ronnie James Dio nos lanza cuesta abajo y sin frenos hasta un espacio "no de este mundo", mejor dicho, Not of this earth guiados por la sublime guitarra eléctrica del genial Joe Satriani, para de este modo, enfebrecidos por unas melodías que beben de las fuentes del rock y del funk más contundentes, dirigirnos con paso firme hacia el Palacio Real de Madrid, bien acompañados por nuestra entrañable amiga Rous, ubicación donde nos es dado contemplar unas suculentas obras artísticas pertenecientes al periodo monárquico del Barroco en sus manifestaciones más sublimes dentro de las cortes europeas (Gian Lorenzo Bernini, Velázquez y Luca Giordano entre otros). El periplo nos lleva a observar el ascenso final del egocéntrico Luis XIV y la extinción agonizante de un poder hastiado de sí mismo en la deformidad congénita de Carlos II. Poder que se auorrepresenta en un círculo de aniquilación sin fin. Y mientras contemplamos con delectación una y otra vez nuestra personal memoria, esas imágenes codificadas en extraños formatos tecnológicos que nos devuelven la emoción incomparable del día más feliz de nuestras respectivas existencias, ambos nos imaginamos proyectados hacia un tiempo borrado por el transcurso de los años, separados en un primer momento, actuando cada uno en el solitario odeón de una comedia absurda, hasta finalmente trascender ese espectáculo agonizante mediante el encuentro definitivo de nuestras dos almas afines en el ya irreconocible proscenio que lo fue de un Deseo común definitivamente hecho realidad. Ahora el significado lo fabricamos nosotros para nosotros y en medio de esa visión alucinada y extática no podemos dejar de presionar esa luminosidad incandescente que demanda nuestra atención: PUSH IT BOTH:

Roger Avary: Las reglas del juego.

Basada en la novela "Las reglas de la atracción" del polémico escritor Breat Easton Ellis ("American Psycho", "Los confidentes"), este correcto filme se sustenta básicamente en el buen trabajo efectuado por un director capaz de ofrecer tanto secuencias perfectamente olvidables como escenas ciertamente sorprendentes en su factura visual y, sobre todo, en el inteligente modo presentado para abordar con la necesaria coherencia interna (a la propia historia y condicionantes narrativos, se entiende) determinadas exigencias emocionales a que se verán sometidos algunos de los personajes presentados.

En esta línea creativa, la utilización de un elemento ambiental climático para la simbolización de un estado anímico interior, que por la propia dinámica personal del personaje éste sería incapaz de mostrar, da como resultado una resolución escénica memorable. Y no me refiero con ello al socorrido recurso de utilizar el paisaje como pantalla de proyección de los sentimientos más profundos sino más bien al uso circunstancial y dinámico de ciertos elementos ambientales que de otro modo hubieran pasado totalmente desapercibidos.

El resto del metraje, sin la necesaria crudeza cínica que Ellis sabe imprimir a sus desoladoras historias, se limita a mostrar el ambiente vital decadente y nihilista, extremadamente superficial y vacuo, en que vive sumergida cierta sección de los universitarios yankees perteneciente a un nivel socioeconómico ostentosamente alto (el equivalente a un grupo de pijos hedonistas sin masa gris abonados al consumo compulsivo de cuerpos y sustancias). El filme resulta después de todo perfectamente olvidable: un nihilismo sin sustancia.

Y ya os dejo una semana más, acariciando extasiado las pastas de la aproximación onirocrítica del legendario Artemidoro en su no menos mítica interpretación aplicada al mundo fantasmático donde los deseos más recónditos cobran forma alegórica en busca de una realización figurada. La pantalla del sueño nos habla asimismo, como si de un mediador animista se tratase, de esta proliferación desmedida del murmullo fútil y vacuo que nos rodea, una especie de anaplasia de los conceptos por hipertrofia de los múltiples decires sin objeto presentes de continuo en los mass-imbéciles aun-media. Abandonamos esas reflexiones y damos el definitivo pistoletazo de salida a nuestra pequeña Web que iremos mejorando y complejizando progresivamente en forma, diseño y contenidos. Gracias de nuevo a Oscar y Sandra por su inestimable ayuda y aprovechar de nuevo la ocasión para recomendar el portal www.parentesys.com, un templo de la calidad y el buen gusto. De las fotos provenientes directamente del álbum oficial de la boda y mucho más material adicional os iremos dando puntual información a medida que se vayan colgando en nuestro sitio las nuevas imágenes y documentos. ¿Todavía existe algún cultureta despistado que desconoce tan ilustre ubicación virtual? Tomad buena nota: www.adryana.com

Para vosotr@s.


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Creaciones de ensueño
Fecha de publicación: 2004-01-12 15:27:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1281 veces)   (a 9 personas les ha parecido interesante)
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