Manzano no es un mal entrenador. Simplemente es un entrenador que no está a la altura de un club de la historia e importancia del Atlético de Madrid, y me da en el olfato que un nuevo traspié dará con sus psicológicos huesos en el paro. Se enfrentaban Chamartín y la ribera del Manzanares en lo que a priori se había vendido como el derbi más desigual de los últimos tiempos, aunque la historia suele repetirse año tras año, sin atisbo de cambio al menos inmediato, pero quizá este enfrentamiento venía marcado por una diferencia abismal tanto en el juego desplegado como en la clasificación liguera. Sea como fuere, el bueno de Manzano optó por una táctica psicológica que no dio buen resultado porque en realidad no podía darlo por más que el entrenador se empeñara en el intento: era absolutamente contradictoria y desactivaría la propia dinámica que trataba de impulsar. En efecto, Manzano se había encargado todos los días de recordar a sus chicos que “un enemigo es grande en función del miedo que le tengas”. Pero por otro lado, y de forma desacertada, incrementaba ese miedo profundo de sus jugadores declarando en público que, dada su clarísima inferioridad futbolística, el equipo no tendría más remedio que emplearse con mucha dureza en todas las fases del juego. Así que por un lado trataba de quitarles el temor al Madrid, y por otro lo aumentaba a base de furia y resentimiento. Craso error que acabaría costándole muy caro tal y como se demostró en el desarrollo del partido. Dos expulsiones perfectamente reglamentarias y alguna otra que hubiera debido materializarse como la brutal entrada de Perea a Cristiano que incomprensiblemente el árbitro perdonó. No obstante su desangelado entrenador, el Atlético jugó muy bien durante los primeros compases del encuentro y se adelantó en el marcador, haciendo saltar la sorpresa en un estadio que se frotaba los ojos frente a un resultado más que inesperado, casi irreal. Pero era real y el Madrid tuvo que abrir el tarro de su genialidad para primero lograr empatar el encuentro y, después, hacerse con las riendas del mismo contra un rival que, desquiciado por haber dilapidado su ventaja y los temerosos mensajes enviados desde el banquillo, comenzó a emplearse con una dureza excesiva, violenta, cuyo paroxismo se produjo en una espeluznante entrada de Perea que por fortuna y porque la fortaleza de este deportista parece sobrehumana, no acabó con el gran Cristiano en la enfermería. El Atlético echó así más tierra sobre sus escasísimas opciones de triunfo y terminó goleado tal vez sin merecerlo por el juego desplegado durante buena parte de la primera mitad, pero con todo merecimiento al haber renunciado a la esencia de su fútbol siguiendo las consignas agresivas de un entrenador desorientado y perdido, que carece de legitimidad dentro de su propio club, y que para solventar su agónica situación no encontró mejor método que el de lanzarse en pos de una guerra de patadas que a la postre se demostró su peor enemiga en el campo. Sale muy tocado del encuentro y con la credibilidad arrastrada por el césped del Bernabéu, tumba de sus pretensiones y mortaja de su sus anhelos, campo mítico que posiblemente vio los últimos estertores de un técnico al que el histórico equipo que entrena le viene muy grande. El Atlético se merece algo mejor y debe luchar por ello.

Y más importante todavía: El REAL MADRID se consolida como líder indiscutible al frente de la clasificación, con seis puntos de ventaja sobre su inmediato perseguidor, un waka Brasa en horas cada vez más bajas que fue vapuleado y derrotado y humillado y vencido y aplastado por un GETAFE grandioso que apretó los dientes y supo sufrir hasta el final, conteniendo los furibundos ataques de las hordas blaugunners comandadas por una “angry inch” que no lograba encontrar resquicios por los que colarse y que terminó estrellando su último disparo contra el poste en una bella metáfora de la justicia universal. Cabizbajos, derrotados, enfurecidos por su propia impotencia, los niños de Don Pepinho salieron escaldados del feudo getafense y emprendieron regreso hacia el Camp Mou donde a buen seguro se encargarán de poner en funcionamiento los aspersores para disimular sus lágrimas (siempre de cocodrilo). Gran noche, gran resultado, gran fiesta del fútbol.

¿Más? Pues que el Rayito tuvo sus opciones pero no consiguió el empate contra el Valencia, que en el partido del Betis vimos uno de los mejores goles que se recuerdan, que el Levante recuperó algo de su esplendor perdido, y que el Athletic dejó escapar tres puntos contra un increíble Granada. El gran clásico del fútbol mundial se acerca y si las distancias se mantienen, y el resultado es favorable, el Real Madrid puede tener la liga prácticamente resuelta antes del próximo año. Así lo esperamos y deseamos. ¿Vosotros también?

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EL REAL MADRID CONSOLIDA SU LIDERAZGO Y YA AVENTAJA EN SEIS PUNTOS A UN DECADENTE BARCELONA
Fecha de publicación: 2011-11-28 09:11:49, por ephreon   (visto: 1444 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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