Un primer punto a tener en cuenta es que el abono no es el alimento de la planta propiamente dicho; el abono no es más que el conjunto de materiales necesarios para la elaboración de éste. De hecho no es más que un 10% del total, el otro 90% se obtiene directamente del aire. Serán las hojas las encargadas de transformar dichos materiales en algo aprovechable por la totalidad de la planta; la savia elaborada. No es que sea necesario para el aficionado conocer con exactitud los procesos químicos que tienen lugar en la hoja, pero sí debería tener claro que de nada sirve el abono si la hoja no puede realizar su trabajo. Esto quiere decir que una planta enferma que ha perdido la mayor parte de sus hojas será incapaz de aprovecharlo, por más abono que se añada, ya que sencillamente carece de las “factorías” encargadas de su proceso. De igual forma es inútil tratar de fortalecer una planta débil por falta de luz a base de añadir abono pues sin luz la clorofila de las hojas no puede funcionar.

En resumidas cuentas, lo que hay que tener claro es que ese primer impulso de abonar una planta aparentemente enferma o débil como receta mágica para sanarla no siempre es buena idea. Es más, incluso puede llegar a ser contraproducente, ya que al no poder ser aprovechados los elementos que forman el abono se van acumulando en el sustrato. La planta primero ha de haber desarrollado hojas por si misma antes de pensar en el abono.

Autor: Sergio Yagüe


Elementos del abono

El abono de una planta debe estar formado por sales minerales solubles en agua, ya que éstas son las únicas asimilables a través de las raíces. Según las cantidades consumidas por la planta, los diferentes elementos se dividen en dos grupos: Microelementos y Macroelementos.

Los Microelementos no son necesarios en grandes cantidades, pero su falta puede llegar a causar problemas a la larga. Algunos de estos elementos son: hierro, cinc, calcio, magnesio, azufre, manganeso, molibdeno, boro, cloro, cobre, etc.

Los Macroelementos son un grupo formado por aquellas sustancias que la planta consume en grandes cantidades, y que por tanto su carencia resulta evidente mucho antes. Son el nitrógeno (N), el fósforo (P) y el potasio (K).

El nitrógeno favorece un rápido crecimiento en la planta, una mayor producción de flores o frutos y el desarrollo de unas hojas más grandes y verdes. Una de las diferencias entre los compuestos usados como abono en jardinería convencional y en bonsái es precisamente el porcentaje de nitrógeno presente: en el primer caso interesa obtener grandes y brillantes hojas verdes que atraigan al potencial cliente por su aspecto, por lo que el contenido de nitrógeno es muy elevado (cosa que en ocasiones acaba matando a la planta a las pocas semanas de haberla adquirido, pero claro la tienda ya ha realizado la venta); en el caso de un bonsái hay que controlar el tamaño de las hojas para mantener una cierta proporción en el árbol, así que se reduce el nivel de nitrógeno.
El fósforo interviene en gran cantidad de procesos vitales de la planta aumentando su resistencia en general. El potasio, entre otras cosas, interviene en los procesos de transformación del nitrógeno y al igual que el fósforo acelera los procesos de floración y fructificación.


Tipos de abono

En centros de jardinería se pueden encontrar dos categorías principales de abonos. Los abonos orgánicos y los abonos inorgánicos.

Los abonos de tipo inorgánico son un mezcla más o menos compleja de compuestos químicos diseñada para proporcionar a la planta aquellos nutrientes que precisa, pero a pesar de ser perfectamente aptos no son los más adecuados para un bonsái, o para cualquier plantan en una maceta ya puestos. Su gran problema radica en que lo que muestra la composición del producto es lo que hay, esto es: si abonamos con un compuesto de nitrógeno, potasio, fósforo, hierro y cinc, por ejemplo, la planta acabará desarrollando carencias del resto de elementos necesarios. Por ello antes de elegir un producto es necesario repasar su composición y asegurarse de que aporta la mayor cantidad posible de sustancias.
En bonsái, como ya se ha comentado, se suelen usar mezclas pobres en nitrógeno por lo que unas proporciones adecuadas para los tres elementos principales podrían ser 5-10-10, o incluso 2-10-10, donde la primera cifra hace referencia a la proporción de nitrógeno, la segunda a la de fósforo y la última a la de potasio.
Estos abonos químicos los podemos encontrar en dos formatos: Sólido o líquido. Los de tipo sólido suelen ser de liberación más lenta actuando durante un periodo de tiempo más o menos largo según el producto, mientras que los de tipo líquido son de absorción casi inmediata. Y es con estos últimos que debemos ser muy cuidadosos respetando las dosis marcadas por el fabricante pues la planta no suele limitarse a tomar la cantidad de elementos que precisa, por ejemplo nitrógeno, sino que tiende a absorber todo lo que puede encontrar. Si las cantidades son excesivas en una misma dosis la planta simplemente se muere.

Los abonos orgánicos por el contrario no presentan este problema pues al ser mezclas de diferentes tipos de materias orgánicas primero necesitan ser descompuestos por microorganismos antes de poder ser asimilados. Las grandes ventajas de los orgánicos frente a los químicos son: por un lado, esta lentitud en la asimilación que hace que sea casi imposible matar a la planta por sobredosis (hay que tener en cuenta que el abono orgánico necesitará unas dos semanas tras haber sido colocado para empezar a ser asimilable por las raíces, y no terminará su descomposición en otras tres o cuatro), por otro favorece el desarrollo de bacterias y hongos beneficiosos para la planta (algo casi imposible en suelos estériles cargados de abonos químicos) y finalmente la cantidad de elementos que proporciona es mucho más variada que un abono inorgánico dificultando que la planta desarrolle carencias. En este sentido actúan como correctores del suelo aportando aquellos elementos que los abonos químicos no contienen en su composición.

En general se suele recomendar no utilizar abonos inorgánicos, pero también es cierto que son más cómodos y fáciles de obtener que los de tipo orgánico (pese a que estos son comunes en tiendas especializadas). En cualquier caso una buena medida si se va a utilizar un abono químico es alternarlo de tanto en tanto con otros de origen orgánico.


¿Cuándo abonar?

Un calendario general sería el siguiente (hemisferio norte):

Enero Febrero Marzo Abril Mayo Junio Julio Agosto Sept. Octubre Nov. Dic.
             
               


  Periodo de Reposo
  Abonado Suave
  Abonado Intenso
  Quelatos


Para el hemisferio sur, habría que aplicar un decalaje de seis meses.

Durante la época invernal y los meses más calurosos de verano la actividad de la planta disminuye en gran manera por lo que es aconsejable un Periodo de Reposo en el abonado.
En primavera conviene un abonado suave que se deberá intensificar en los meses de otoño para permitir a la planta que acumule las reservas a partir de las cuales brotará al año siguiente.
Los meses de Abril y Agosto aparecen sombreados tanto como Periodos de Reposo como Periodos de Abonado; en estos casos el abonado dependerá de que las temperaturas se hayan suavizado lo suficiente durante esos meses.

Los Quelatos son una serie de compuestos químicos destinados a incrementar el contenido de microelementos como por ejemplo el hierro, el magnesio, el molibdeno o el cobalto y así fortalecer plantas débiles. Aplicados justo antes de la brotación se consigue que esta sea más fuerte y de un verde más intenso.

Otro punto a tener en cuenta es que, como ya se ha dicho con anterioridad, el abono de nada sirve sin hojas por lo que es inútil, o incluso perjudicial, comenzar el abonado antes de que las primeras hojas la nueva brotación hayan madurado. Esto es igualmente válido para árboles de hoja perenne pues una hoja de la temporada anterior a penas trabaja en invierno, y las nuevas no empezarán a hacerlo hasta la primavera.

También es importante recordar que el abono orgánico comercial distribuido en bolitas o pequeñas pastillas no conviene dejarlo eternamente en la maceta. Su ciclo de descomposición durará alrededor de un mes y medio, mas o menos dependiendo del clima, tras el cual quedará agotado y únicamente contribuirá a ensuciar el suelo de la maceta, por lo que se deberán retirar las pastillas pasado ese tiempo sustituyéndolas por otras nuevas si todavía es época de abonado.

Nunca se debe fertilizar inmediatamente después de un trasplantado, primero se deben dejar pasar unas semanas para permitir recuperarse a las raíces.

fuente: http://www.portalbonsai.com/narticulo.asp?id=13&pag=4

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Abonado del bonsái
Fecha de publicación: 2005-07-29 12:56:59, por admin   (visto: 5719 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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