Las bodas de Fígaro (Wolfgang Amadeus Mozart)
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Las bodas de Fígaro (Wolfgang Amadeus Mozart)

Nos encontramos ante una de las mejores óperas de toda la historia de la música. Esta ópera bufa en cuatro actos fué creada en 1786 sobre libreto de Lorenzo Da Ponte. Basado en Le mariage de Figaro de Beaumarchais y estrenada en Viena, Burgertheater el 1 de mayo de 1786. En ella todo gira alrededor del amor, mal entendidos y engaños pero poniendo de manifiesto la lucha de clases.

12 feb 2003


Opera bufa en cuatro actos

Creada en 1786 sobre libreto de Lorenzo Da Ponte (1749/1838)

Basado en Le mariage de Figaro de Beaumarchais (1732/1799)

Estreno en Viena, Burgertheater el 1 de mayo de 1786

PERSONAJES

Susanna
La Condesa Almaviva
Fígaro
Cherubino
El Conde Almaviva
Bartolo
Don Basilio
Marcellina
Barbarina
Antonio
Don Curzio

 

ARGUMENTO

Obertura

PRIMER ACTO
Fígaro está midiendo el cuarto que el Conde les ha asignado mientras Susanna se prueba el tocado que se ha hecho para la boda.

La habitación parece cómoda pero está demasiado cerca de la alcoba del Conde y Susanna teme, con gran fundamento, que éste, tras alejar a su marido con cualquier excusa, quiera aprovechar la vecindad para ejercer sobre ella el derecho de pernada, pese a que el noble lo acaba de abolir en sus dominios. La muchacha le comunica sus recelos a Fígaro y éste, perplejo, decide tomar cartas en el asunto. Fígaro se marcha y entran Bartolo, antes tutor y pretendiente de Rosina, y Marcellina, antigua criada de Bartolo y ahora del Conde. Marcellina está dispuesta a impedir la boda de los jóvenes y hacer cumplir un contrato de matrimonio que Fígaro le había firmado a cambio de un préstamo; Bartolo, por vengarse de Fígaro, está dispuesto a ayudarla.

Bartolo se marcha y las dos mujeres se intercambian algunos insultos disfrazados de cumplidos. Una vez que se ha marchado Marcellina, llega Cherubino -un joven, hermoso y enamoradizo paje-, a quien el Conde, tras sorprenderlo en el jardín con Barbarina, la hija del jardinero Antonio, acaba de despedir. Cherubino le está confiando a Susanna sus penas de amor pero la repentina llegada del Conde lo impulsa a ocultarse detrás de un sillón.

El Conde cree estar a solas con Susanna y comienza a cortejarla abiertamente hasta que la llegada de Basilio, el maestro de música de El barbero, hoy también al servicio del Conde, lo obliga a su vez a esconderse. Basilio trata de convencer a Susanna para que acepte las proposiciones del Conde y, en su conversación, afirma que Cherubino está enamorado de la Condesa. El Conde indignado, sale de su escondite, cuenta lo sucedido con Cherubino y Barbarina y, en el curso del relato, descubre a su vez el refugio del paje. Cherubino, intenta evitar el castigo recordándole que lo había oído todo; en ese momento entra Fígaro con un grupo de campesinos. Estos alaban al señor por haber abolido en sus tierras el odioso derecho de pernada y el criado le pide que celebre la boda.

El Conde, para alejar a Cherubino, lo nombra oficial de su regimiento y le ordena que parta inmediatamente.

SEGUNDO ACTO
La Condesa está en su alcoba y se lamenta ante Susanna de que ha perdido el amor de su esposo. Susanna le cuenta las pretensiones del Conde respecto a ella; llega Fígaro y les expone el plan que ha concebido para burlar al marido infiel: avisado el Conde de que la Condesa tiene una cita con un amante, Susanna fingirá ceder a sus deseos y le propondrá, a su vez, una cita a la cual acudirá en su lugar Cherubino vestido de mujer.

Llega entonces Cherubino y, tras cantar una canción dedicada a todas las mujeres, empiezan a disfrazarlo. Susanna sale a buscar algunos objetos y el paje aprovecha para confesarle su amor a la Condesa, pero se ve obligado a esconderse en el tocador pues el Conde, al tanto ya de la falsa cita de su esposa, está llamando a la puerta de la alcoba.

Un ruido pone en guardia al señor, quien pretende entrar en el tocador a toda costa. La Condesa le dice que es Susanna la que está dentro; mientras, ésta sigue toda la escena sin ser vista desde el umbral de la alcoba. El Conde sale a buscar herramientas para forzar la puerta y se lleva consigo a su esposa, momento que aprovecha Susanna para liberar al paje, el cual, con gran audacia, escapa saltando al jardín por una ventana. Los nobles regresan y la Condesa, que no ve salida a su situación, le confiesa a su marido que es Cherubino quien está en el tocador; ambos se quedan atónitos cuando la que sale es la propia Susanna. El Conde, arrepentido de sus celos, le pide perdón a su esposa.

Todo está ya preparado para la boda. Entra Fígaro y el Conde intenta sonsacarlo pero el criado, que ignora las explicaciones que las dos mujeres le han dado ya al Conde, lo niega todo con decisión. Entonces llega Antonio furioso, diciendo que ha visto saltar a alguien desde la ventana. Fígaro, perplejo, confiesa ser el culpable e intenta alejar al jardinero afirmando que está borracho. En ese momento llegan Basilio, Bartolo y Marcellina, que le exige al Conde el cumplimiento del contrato de matrimonio firmado por Fígaro.

TERCER ACTO
El Conde reflexiona sobre lo disparatado de los últimos acontecimientos; mientras tanto, Susanna y la Condesa deciden llevar adelante ellas solas la burla: Susanna fingirá aceptar los requerimientos del Conde y le dará una cita, pero esta vez será la Condesa y no Cherubino quien acude a ella.

Todo se desarrolla según lo planeado por el Conde, atento a unos susurros entre Susanna y Fígaro, comprende que están tramando algo contra él y se lamenta amargamente de que un criado posea lo que él, un noble, no puede conseguir.

Don Curzio, el notario, interviene en el litigio entre Fígaro y Marcellina, a favor de ésta. acosado por las circunstancias, Fígaro saca a colación su historia de niño raptado por unos bandidos y el jeroglífico que lleva en el brazo. Así se descubre que, en realidad, es hijo de Marcellina y Bartolo. En medio de los abrazos y los reconocimientos llega Susanna con el dinero para pagarle a Marcellina y, tras un arranque de celos, se entera de todo lo sucedido y abraza ella también a sus futuros suegros.

La Condesa, mientras tanto, está recordando con tristeza los momentos de felicidad vividos con su esposo; al regreso de Susanna, escriben entre las dos el mensaje destinado al Conde y, en lugar de sellarlo, lo cierran con un alfiler. Un grupo de aldeanas, entre las que se encuentra Cherubino vestido de mujer, entra a rendir homenaje a la Condesa. Esta lo reconoce, y también el Conde que entra a continuación, pero el paje consigue de nuevo sustraerse a las iras del señor mientras Barbarina presente también entre las campesinas, le pide al Conde que selo dé por marido.

Por fin comienza la ceremonia de la boda. Durante la misma Susanna le entrega a escondidas la nota al Conde que, al abrirla, se pincha con el alfiler.

CUARTO ACTO
Barbarina, por encargo del Conde, debía devolverle a Susanna el alfiler que sellaba el mensaje y que esta última exigía como respuesta. Pero la muchacha ha perdido el alfiler y lo está buscando desesperadamente cuando entran Marcellina y Fígaro y se enteran de lo ocurrido. Fígaro, que ya había advertido la escena del pinchazo, se siente traicionado y desesperado; Marcellina, a solas, lamenta la sometida condición de las mujeres.

Estamos en el jardín, donde existen dos refugios paralelos. Allí llegan Basilio, Bartolo y algunos hombres que han sido llamados por Fígaro para que lo ayuden a desenmascarar a Susanna. Basilio piensa que, para no tener problemas con el señor, Fígaro debería hacer la vista gorda y éste, al quedarse solo, expresa su desilusión e invita a los hombres a no fiarse de las mujeres. Luego se esconde en uno de los refugios. Susanna, que se da cuenta de la presencia de Fígaro, decide gastarle una broma pesada manifestando ambiguamente su pasión por un amante que está a punto de llegar.

En la oscuridad del jardín, Cherubino corteja a la Condesa tomándola por Susanna y lo mismo hará el Conde; Fígaro ve a Susanna y cree, por sus ropas, que es la Condesa; más tarde la reconoce por la voz aunque, para darle celos, la corteja como si hubiera caído en el engaño. El Conde sorprende a Fígaro con la que cree la Condesa y quiere vengar su honor pero, al final, todo se aclara y el Conde se ve de nuevo obligado a pedir perdón a su esposa. Todo concluye con un emocionado y alegre himno.

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