Una semana más azotado por inquietudes metafísicas que poco a poco resultan soslayadas por una tranquilidad perceptiva que apuesta por una valoración fundamentada en la comicidad, la complicidad y el Destino.
Una semana más asaeteado por los dardos envenenados de la presión laboral. Porque cuando uno se sitúa frente a un cierto estilo de liderazgo laissez-faire, en relación con la tarea, poco o nada es dado hacer para cambiar una situación cada vez más dominada por la necesaria contingencia de la entropía. Pero pienso algo más.
El ´Entorno = Retonno´ del Rey
Una semana más asaltado por una serie de pensamientos que perfectamente puedo aplicar a la realidad circundante, más en concreto, a esa representación lamentable que desgraciadamente hemos tenido que sufrir. La maravillosa música de Arvo Pärt resuena en toda la estancia de mi mente.
La levedad de la vida, el paso del tiempo, la proximidad de la muerte son temas que más tarde o más temprano hay que afrontar de un modo particular e íntimo, absolutamente individual. Mi imaginación divaga una vez ha sido invadida por tales cuestiones hacia el periodo del Barroco...
Una semana más signada por experiencias y recuerdos que me llegan desde lo más hondo del espíritu. La imaginación como la privilegiada partera de locura y razón. Es así como me esfuerzo por constatar mis propios prejuicios desde la calma ensenada de mi horizonte futuro.
Una semana más abismado en una serie de pensamientos que me conducen hacia el replanteamiento de la escritura como hecho absolutamente vertiginoso en punto a desentrañar un supuesto vacío de sentido, eternamente buscado pero jamás perdido.
Una semana más para tratar de lograr esa armonía con el Universo-Uno que nos rodea y penetra, pues en sí mismo ES nosotros, pues nos habita, estamos hechos de Él y con su caída daremos asimismo con nuestros huesos en el polvo es polvo de la desintegración total. Y gracias a ello nos reunificaremos en el Todo.
Otra semana más barrido por la marea de las sensaciones sublimes, extremas, una vez digerido el éxtasis provocado por la última obra incomparable y maestra del genial Lars von Trier, sentado sobre una especie de trono móvil, un mégano al borde de un mar cuyas últimas lenguas saladas lamen ya una tierra desertizada.
El día poselectoral ha de servirnos para felicitar al pueblo español por su coraje y valentía, por su apuesta arriesgada sin miedo al futuro, y también de recordatorio para todas las víctimas inocentes cuyas vidas fueron brutalmente cercenadas por los fanáticos.
Otra semana embarcado en exóticas aventuras de pensamiento y emoción, sin mecanismos de disociación fóbicos que entorpezcan una comunión extática de absoluta integridad, sin la rebaba oscura de una duda repetitiva o el parvo testimonio sombrío de una aclaración indeseada.
Una semana más marcado por el sentimiento de un absoluto inmerecido. Sí, en efecto, el hombre que se considera privilegiado es capaz de atacar su vida como si de un lienzo en blanco se tratara.
Otra semana más habitado por una voluntad de resistencia frente al asedio de la memez telemediática que tendrá su apoteósico cenit en el acto aristopatético que se nos avecinda. Para suavizar mi inquietud nada mejor que recostarme en el cómodo sofá, apagar la caja parlante, acariciar sus hermosos cabellos de oro ...
Una semana más preso de una pasión melómana combinación de emoción instintiva y maderamen ideativo, que esta vez se apodera violentamente de mí y me arrastra directamente hacia el compositor francés Henri Dutilleux (Angers, 1916) ofreciéndome The Shadows of Time...