Una semana más en que he tenido que emplearme a fondo para lograr objetivos laborales ajenos a mi voluntad de sacrificio y, en consecuencia, totalmente impuestos como orden blanca de ejecución. Sí, porque cada día el Poder materializado en filosofías de empresa, en sugestiones falsamente progresistas, en admoniciones que ocultan tras su cándida apariencia un despiadado afán represor, cada día digo nos hace más esclavos al irnos conduciendo progresivamente hacia la aceptación de una realidad ante la que sólo cabe revelarse mediante la incorrección política veladamente programada o el talante (por detrás y por delante) bobo y débil de individuos sujetos a una libertad esclava de sus propios horizontes inalcanzables. ¿Por qué no la rebelión desde la tierra, desde la raíz misma del espíritu, desde la solidez de una espacio tangible que sepa a fuerza y a muerte? Mientras juego con estas palabras no puedo dejar de pensar en la enigmática y monumental figura de Nietzsche y las relaciones de sus reflexiones con ese mundo de símbolos e imágenes situado más allá de lo útil, el Arte, sí, precisamente en esa conexión donde sin duda por primera vez la ontología se hace estética. Y en este terreno no caben fajos de profundidades pretenciosas o vituallas de solemnidades enquistadas. Nos vemos abocados entonces a celebrar la ironía en estado puro que ha sido previamente cargada por el diablo de la pasión. El humor feroz de un héroe alcanzado por un destino que es asumido por él de un modo, digámoslo así, alegre y natural. Concitemos pues la ruptura con ciertas corrientes artísticas y científicas. Nada de razón total inflada de sí misma, nada de racionalización tecnificada, nada de Estado total, nada de mercado absoluto. El arte nos dará la pauta para cualquier tipo de producción cultural y podremos reinterpretar continuamente nuestro pasado para que la diferencia acontezca siempre de nuevo, siempre renovada: es el eterno retorno de lo mismo como principio de convergencia de unidad para la dispersión imparable del ser. Voluntad de arte, sí, para luchar contra el nihilismo global. ¿Puede alterar eso la conversión de la política global en mera gestión de mercado? ¿Acaso no estamos atravesando de nuevo, una vez más, por ese territorio de ninguna parte donde es posible percibir una sensación generalizada de insoportable y atroz decadencia moral? Podría decirse que es una especie de quietismo molinista pero sin el sustrato ascético que provocó el encierro del autor de la "Guía Espiritual" por parte de la Inquisición romana. ¿A qué arbitrio otorgar pábulo entonces toda vez que los consejos tipo Saavedra Fajardo, moderados, equilibrados, entregados al servicio de la plebe, o la modalidad tipo Baltasar Gracián, maquiavélicos, escépticos e interesados, en nada pueden convenir ni en estilo ni en grandeza a quien por principio se automutila definiéndose como insustancialmente neutro? Tal vez sigamos precisando de una heroicidad, ésta sin duda de otra especie más acomodada y cotidiana, que se pudra en su propia impotencia y al final, como quien en el extremo de su represión neurótica hace síntoma como única defensa y modo de sobrevivir en el fango del contexto opresivo y hostil que le rodea, genere como contrapartida un cronista totalmente antiheroico capaz de horadar la falaz e hipócrita máscara de la realidad social y arrojar a través de su pensamiento un poco de luz sobre las opacas tinieblas de la mentira. Un nuevo Guzmán de Alfalache (Mateo Alemán), un renovado Buscón (Francisco de Quevedo) a la busca y captura de la crónica definitiva acerca de los auténticos males sociales y culturales que nos acechan. Tratar de contemplar lo real desde otros ángulos no para escapar utilizando el refugio del dogma o el razonamiento Uno o el pensamiento débil; intentar visualizar las diferentes capas configuradoras de la faz humana sin retroceder hacia posiciones reaccionarias de carácter fundamentalmente tranquilizador; aproximarse con decisión hacia los abismos de la duda y salir reforzado como individualidad que se opone y lucha contra un sistema de programación vital ajeno a cualquier interés de liberación verdadera; enloquecer de ira frente a las injusticias toleradas por una perversa y ya casi inconcebible maquinaria de intercambios ecovirtuales… y resistir con toda la fuerza interior a la colonización mediática, enseñoreada de conciencias y actitudes, en la que podría convertirse en nuestra última oportunidad de salvación. Pero el Arte ¿no nos ha salvado ya? ¿No es todo esto la repetición de un anhelo, la reiteración obsesiva de una demanda que ya tomó su debido cumplimiento hace más de una eternidad?

Es hora de relajar el engranaje del pensamiento y por esa razón me dejo llevar momentáneamente, habiendo apoyado mi dolorida cabeza sobre su regazo, de la mano de Sergey Rachmaninov (1873-1943) y su maravilloso Concierto para piano Nº2 en C menor Op.18 (Moderato / Adagio sostenuto / Allegro scherzando), excelentemente interpretado por el pianista Jorge Luis Prats acompañado de la Mexico City Philharmonic Orchestra bajo la docta batuta de Enrique Batiz. Estos maravillosos sonidos funcionan como polo centrípeto de mi imaginación que de pronto se ve atraída, o tal vez sea justo al revés, por las bellas imágenes filmadas por el realizador David Lean en su ya clásica "Breve encuentro". El virtuoso compositor ruso presentó esta obra maestra de manera íntegra en octubre del año 1901, pues antes había estrenado parte en Moscú a finales de 1900, y él también hubo de enfrentarse anteriormente a los fantasmas de su propio fracaso cuando su primera sinfonía no tuvo la aceptación que él esperaba. Y esto me hace dar un salto estilístico y temporal hacia delante y contemplar el saludable renacimiento musical de un auténtico rebelde sin causa, en muchas ocasiones al borde del abismo más profundo y oscuro y siempre acertando en sus propuestas más vanguardistas, visionarias y por eso mismo incomprendidas, como es el caso de su genial entrega llamada "Cyberpunk", que perfiló una síntesis perfecta entre rock, punk, electrónica y música oriental. Billy Idol ha vuelto de sus propias cenizas y esperemos que no vuelva a sumergirse en la oscuridad tras su nuevo y esperadísimo nuevo disco. ¿Dónde hallar el territorio mítico donde vivir para siempre? ¿Dónde buscar el paraíso perdido de Shangrila? Apreto fuerte su cuerpo contra el mío y me dispongo al abandono absoluto de la consciencia en medio de una luz tenue y purificadora. PUSH IT ANOTHER DAY:

Lee Tamahori: Muere otro día. Esta vez, queridos amigos, no hay negro gracioso, nada de eso, la cosa cambia y nos proponen una negrita muy mona ella y con golpes ¿graciosos? de humor zafio y estéril lamentablemente interpretada por la oscarizada Halle Berry. El que hasta ahora se venía convirtiendo en un digno Bond sucesor del mejor Connery y con la sugerente capacidad de incorporar el vitriólico sentido del humor del rollizo Moore se transforma incomprensiblemente en manos de un director en horas muy bajas en una penosa marioneta destroza-juguetes, cuya creciente y ambigua complejidad psicológica, excelentemente explotada en su anterior filme al ser acicateado por una bella creación de la talla de Sophie Marceau, se acartona sin remedio en previsibles tics comportamentales que devuelven al agente doble cero a su machista caverna instintiva. La trama, amén de inverosímil, cosa que supuestamente se espera y demanda por parte del respetable, carece de verdadero ritmo narrativo (¡¡cómo indicar una vez más que la mera yuxtaposición de golpes y explosiones no otorga tensión a la historia!!) y termina por provocar un hastío opresivo que poco a poco se metamorfosea en bostezo y somnolencia. El villano también adolece de una superficialidad irritante que a duras penas puede disimular bajo el vulgar palio de un edipo mal resuelto, al tiempo que es jocosamente secundado por un pérfida traidora británica que más se asemeja a un témpano de hielo interpretativo que a una seductora artífice del engaño. Si a todo lo dicho hasta el momento podéis aliñarlo con un vacío de imaginación y un suplemento de desgana obtendréis resignados el resultado final de semejante desaguisado: un héroe hastiado de sí mismo, castrado de su propia efectividad seductora, excusado de ofrecer una personalidad de mínima maduración emocional y abocado definitivamente a nuevas y odiosas sumisiones de pestilente corrección política. ¿Habrá recambio para un hombre perdido en su propia indefinición de papeles y esclavo de un espasmo violento que en el fondo no le hace recuperar, es demasiado consciente de ello y por eso trata de evitar la mirada fija de la verdad, su perdida autoestima, antaño ligada a la potencia otorgada por el ejercicio del poder y la fuerza? No lo creo. El propio Tamahori en sus prometedores inicios ya parecía vaticinar el laberinto sin salida de la violencia inútil, descontrolada y ciega, cuando ésta venía provocada por la eliminación de referencias ancestrales sólidas y los trastornos desadaptativos surgidos como efecto de choques entre formas culturales de principios irreductibles. Guerreros de antaño y víctimas de su propia medicina. Mala.

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Vigor Mortis
Fecha de publicación: 2005-04-19 08:26:15, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1107 veces)   (a 7 personas les ha parecido interesante)
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