El prestigioso canal HBO en colaboración con la BBC tienen el gusto de presentarnos la que se anuncia como versión definitiva (al menos se presume de asesoramiento científico, historiográfico y teológico por doquier) acerca de uno de los capítulos más impactantes y que sin duda constituye el eje central sobre el que gira gran parte de la reflexión cristiana: La Pasión de Jesús de Nazaret. Pues bien, la serie no está a la altura de lo anunciado, al menos no en la medida en que uno pudiera esperarlo. Nada que objetar a su diseño artístico, de producción, vestuario, ambientación, fotografía, labor de actores, etc. También es loable su intento por ofrecer una visión/versión de “realismo sucio” sobre la cotidianeidad de un mundo cultural y social que nos queda tan lejano en el tiempo y que frecuentemente solemos imaginar utilizando las fabulaciones hollywoodienses asentadas en filtros asépticos y artificiales decorados. Pero vayamos al meollo del asunto, lo que realmente me interesa destacar. Primero un sucinto diagnóstico. Sostengo que la nueva propuesta sobre la muerte y resurrección del Mesías:

a)    Ofrece buena contextualización y discursos pretendidamente tangenciales pero sin profundizar verdaderamente en la esencia de lo que se muestra.

b)    Parece querer desmarcarse deliberadamente de un visión complaciente y “legendaria” de la narración pero cae progresivamente, y más al avanzar la historia y aproximarse hacia el final (un anticlímax tras el paroxismo de la crucifixión), en lugares comunes entreverados con pequeños artificios pretendidamente originales.

c)    Se tiende a abandonar lo milagroso y sobrenatural hasta que llega la hora de “la verdad” y se opta por la visión más políticamente correcta y canónica acerca de la pretendida resurrección de Cristo.

d)    Se renuncia a una profundización de índole más psicológica y existencial en el dibujo sobre la personalidad de Jesús, y especialmente en lo tocante a la (in)consistencia que mantiene su decisión sacrificial respecto a la figura imprescindible de Judas, a quien parece querer sacársele partido sólo hasta el instante en que inevitablemente choca contra la incongruencia perlática del discurso oficialmente mantenido por la Iglesia. En consecuencia, y por desgracia, vuelve a caerse en el tópico acomodaticio y poco o nada se ofrece con relación a una cuestión tan controvertida como apasionante.

e)    Finalmente, y siempre bajo mi punto de vista, quedan esbozadas líneas interesantísimas de reflexión (conflicto con las figuras materna y paterna, relaciones heterodoxas con la sexualidad propia y ajena, miedo e incertidumbre respecto a la propia misión encomendada, diseño planificado de una memoria que ha de perpetuarse a través del ritual simbólico), pero que al haber sido tan sólo apuntadas y decididamente abandonadas a favor de una lectura que persigue deliberadamente agradar a todo tipo de sensibilidades y público, lo que de verdad consigue es dejar insatisfecho al espectador inquieto que logró interesarse por ellas y que termina siendo defraudado por el previsible, cuando no convencional, resultado obtenido.

Dicho esto, ¿qué podría recomendarse para nuevos intentos de acercamiento ficcional a una de las figuras más significativas de la historia de la humanidad, amén de constituir un material dramático tan denso que la convierte sin duda, año tras año, en objeto de polémicas e interminables disputas filosóficas, teológicas y científicas? Puesto que el misterio sobre la vida de este mítico personaje continúa plenamente vigente, y dado asimismo el ingente acervo teórico que trata de explicar el verdadero sentido de su misión y enseñanzas sin conseguirlo por completo (es probable que todas las ideas propuestas tengan algo de razón y no poco de equívoco), pienso sinceramente que lo fundamental sería tratar de ofrecer aproximaciones novedosas asentadas además de en recreaciones histórico-críticas y de claro componente sociocultural, que también, en otras más puramente narrativas y de carácter netamente introspectivo, al punto de ofrecer la “experiencia” humana de Jesús y sus seguidores tratando de abarcar toda la complejidad psicológica y emocional superando la flagrantes incongruencias o inconsistencias lógicas, caracterológicas y hasta teológicas que suelen lastrar el desarrollo del relato. Porque vamos a ver, y esto me enfada sobremanera, ¿por qué el catolicismo más dogmático tiende una y otra vez, casi de manera obsesiva, y de forma algo boba, a presentarnos la figura de Judas como “el maléfico traidor” que vendió a su Señor a Caifás y sus secuaces? ¿Acaso puede haber alguien que no se replantee esta visión simplista a poco que reflexione sobre la propia situación personal y relacional de los principales implicados en la tragedia? Sin ir demasiado lejos y a bote pronto: ¿Por qué no se entrega directamente Jesús si ha decidido llevar a cabo la misión encomendada por el Padre hasta sus últimas consecuencias de autodestrucción? ¿Por qué necesita sacrificar a un inocente que le sigue ciegamente y que está dispuesto a derramar su sangre por su causa? La extraordinaria “La última tentación de Cristo” sí apostaba fuerte en este aspecto e indagaba en el propio temor de Jesús como el precipitante de esa conducta: sería un Jesús atemorizado y sobrepasado por lo que ha de realizar (no entramos aquí a elucubrar de dónde pudiera llegarle el oscuro mandato de la Ley) el que decididamente pide ayuda a Judas para domeñar la brutal angustia y poder dar ese paso que por sí solo no podría o le costaría un enorme esfuerzo emprender. Esto sí es plausible y tiene sentido psicológico. La ficción puede, a través de la verosimilitud, alcanzar la esencia de otra verdad más profunda que la meramente descriptiva o consensuada. O también: ¿por qué no ficcionalizar de otra manera la resurrección situándola más allá (o más acá) de lo puramente tangible, devolviéndole el enigma que le pertenece, y ubicándola entonces en el territorio del inconsciente y, particularmente, de los sueños? La propia serie, en un momento determinado cuando la esposa de Pilatos relata su pesadilla premonitoria, parece querer explotar esa veta y logra despertar inusitadas expectativas al respecto… pero es sólo un espejismo más dentro del previsible cauce que comienzan a tomar los acontecimientos, una feliz ocurrencia que se revela completamente desconectada de aquello que podría haberla tomado como inspiración para afrontar el último tramo de la cinta, el correspondiente a la resurrección de Cristo, con una saludable dosis de ambigüedad.

 

 

Fallido intento, pues, de revitalizar una historia que necesita desprenderse cuanto antes de tópicas interpretaciones y de capas y más capas de temores y prejuicios que pesan sobre ella como una pesadísima losa de verdades definitivas y dogmas preestablecidos, asfixiando el aliento que desprende y amordazando todo lo novedoso y “humano” que todavía a buen seguro está en disposición de transmitir. Esa habitación cerrada a cal y canto, poblada por olvidados fantasmas, transida de penumbras y con agrio olor a moho, ha de ser aventada con el fuelle de la subjetividad, desde la literatura y el arte, abordando su apertura con las llaves de la historia y los hechos, cierto, pero también con el concurso de otras herramientas narrativas y textuales que dejen entrar, acogiéndolas de buen grado, las auténticas pasiones humanas dentro de esas paredes que por desgracia continúan albergando un aire milenariamente estancado.
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Fecha de publicación: 2010-03-26 12:03:56, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 2623 veces)   (a 7 personas les ha parecido interesante)
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Oscar
Engaño convertido en mito publicada el (07/04/2010 17:04:50)

Utilizando el sentido común, me parece más creible que la "resurrección de Cristo" en la que creen los cristianos, fue un montaje bien ejecutado, precisamente para evitar que a Jesús le mataran de verdad. Está claro que se ganó muchos enemigos que deseaban su desaparición, pero también tenía muchos seguidores, que seguramente le ayudaron a escenificarlo todo, y posteriormente a crear el mito que después pasó a ser una de las religiones del mundo. (espero que los acólitos más extremistas no me crucifiquen por estas palabras) jejee

Adrián
Resurrección: ¿fantasía o realidad? publicada el (06/04/2010 01:04:38)

Respecto al misterio de la Resurrección, me gustaría recomendar también la extraordinaria UNA HISTORIA QUE COMENZÓ HACE 2000 AÑOS dirigida por Damiano Damiani, multipremiada durante el año 1987, y que propone una indagación absorbente de la mano de un enviado del emperador Tiberio, excelentemente interpretado por Keith Carradine (qué bien hubiera estado personificando a Cristo). Se proponen varias hipótesis: el robo, la simulación de la muerte (Jesús seguiría vivo) y por último la fantasía redentora de sus discípulos (grande la escena en que Tauro es tomado por el Mesías), sin renunciar nunca a la perplejidad que causa la muerte y la creencia en la posibilidad de una vida de ultratumba. Una propuesta muy desconocida que merece la pena recuperar. Y un desenlace a la altura de la misma.

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