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Fecha de publicación: 15/09/2009 07:09:04

RINCÓN RETURNS


Cine, cine y mucho  más cine es lo que he tenido oportunidad de ir disfrutando en suculentas –pero bien dosificadas– dosis durante alguna que otra semana de este bochornoso verano. Bien, olvidemos por un momento ese insufrible y lipotímico vulturno estival que casi acaba conmigo mientras desembalaba cajas y más cajas repletas de libros y objetos empaquetados. Si quisiéramos comentar algunas de las estruendosas y estúpidas imágenes que han vomitado los menos-media en la pantalla abductora de mentes (Dementes Abducidos Program) entonces no acabaríamos justo hasta el verano próximo. Un poco hartos de los pestilentes cotilleos acerca de la trágica figura de Jacko (apocorístico con que era conocido en el mundo de la música), y fascinados una vez más cuando contemplamos imágenes, testimonios, fotos y documentales referidas a un hecho trascendental cuya efeméride precisamente celebramos este año –la visita (prefiero esta acción a la de conquistar) del hombre a la Luna que cristalizó un ya lejano 20 de julio de 1969 (curioso que Galileo observara las irregularidades del astro argénteo en 1609) cuando primero Armstrong y a continuación Aldrin dieron el pequeño gran paso para la Humanidad–, los amigos de las vacaciones sin trabajo y del trabajo con vacaciones nos repantigamos a la sombra imaginaria de un buen nogal y cerramos los ojos pensando que entre el ser y la nada nos gusta más bien lo último. Hacer poco. O Nada. De donde algunos astrofísicos piensan que surgió nuestro universo inflacionario al producirse extrañas reacciones en el falso vacío. Glup. Curioso año ese que es el más importante de mi existencia, el año de mi nacimiento. Más cosas. En ese preciso año de 1969, un 16 de julio, Plácido Domingo debutaba en el coso romano de Verona, en la Arena, con capacidad para más de 15.000 espectadores, encarnando el papel de Calaf en “Turandot” de Puccini junto a la soprano Birgit Nilsson (no confundir con la ex de Stallone), justo el mismo día en que el Apolo 11 despegaba de Cabo Kennedy. ¿Por qué traigo a colación este acontecimiento canoro? Pues porque el mismo mítico tenor, en septiembre de 1968 (yo nací el 16 de septiembre), había debutado en el Metropolitan de Nueva York con Adriana Lecouvreur, la ópera compuesta por Francesco Cilea con libreto en cuatro actos de Arturo Colautti. Si a eso añado o uno o enlazo o conecto el centenario (totalmente omitido por los menos-media) del nacimiento del gran director (y delator) que fue Elia Kazan (nace un 7 de septiembre de 1909 en Estambul), las interrelaciones imaginarias se me disparan hasta llevarme a efectuar complicadas cábalas en torno a un ser tan insignificante como el mío. Todo el mundo tiene derecho a sus 15 minutos de autorreferencia cósmica, ¿no?

Hagamos, pues, propósito de enmienda y comencemos con algo llevadero y breve, con retraso, sí, pero preparando una nueva temporada que seguro nos traerá obras mayúsculas como la que sin duda ya ha firmado el gran Michael Mann con su magna Enemigos Públicos. Yo lo que quería y quiero en realidad era y es hablar de mi lista, proponer mi desplegable respecto a lo que fueron los principales citados/galardonados de la Academia norteamericana en la que sin duda fue una de las mejores cosechas que se recuerdan dentro de la misma temporada cinematográfica. Mis predilecciones, como no podía ser de otra manera, son radicalmente subjetivas. Pero también cuentan con ese punto de sensibilidad experiencial que otorga una intuición que en pocas ocasiones me ha fallado. De algo no albergo duda. Todas las películas son buenas. Pero dentro de su calidad es preciso establecer una jerarquía que nos permita lanzar un debate que espero interminable. He aquí mi propuesta. De mejor a peor (repito que dentro de una calidad media notable): 

 

Revolutionary Road de Sam Mendes.

El curioso caso de Benjamin Button de David Fincher.

Frost/Nixon de Ron Howard.

El intercambio de Clint Eastwood.

El caballero oscuro de Chistopher Nolan.

Mi nombre es Harvey Milk de Gus Van Sant.

Escondidos en Brujas de Martin McDonagh.

El luchador de Darren Aronofsky.

La duda de John Patrick Shanley.

El lector de Stephen Daldry.

Slumdog Millionaire de Danny Boyle.

 

Y en cuanto a la labor de dirección y con idéntico criterio: 

 

David Fincher

Sam Mendes

Clint Eastwood

Cristopher Nolan

Ron Howard

Gus Van Sant

Martin McDonagh

Danny Boyle

Darren Aronofsky

John Patrick Shanley

Stephen Daldry

 

Conste que me he dejado en el tintero algunos trabajos que tengo la desgracia de no haber visto hasta el momento: Frozen River de la debutante Courtney Hunt que cuenta con la actuación estelar de Melissa Leo (21 gramos; Los 3 entierros de Melquíades Estrada); Vals con Bashir del documentalista israelí Ari Folman, nominada a mejor película extranjera, premio que finalmente se llevó la japonesa Despedidas de Yojiro Takita, también por comentar (he leído y escuchado muy buenas cosas acerca de ella), y finalmente The Visitor, con el (legiones de críticos así lo afirman) excelente trabajo del también nominado a mejor actor Richard Jenkins.

Última recomendación o recomendaciones finales. Esta vez vamos totalmente de culturetas de pro. O lo que es lo mismo, promocionando un cine radical y transgresor de verdad, sin florituras ni concesiones, con dos propuestas magníficas de uno de los más importantes directores europeos que han cogido cámara y gritado acción. No es otro que el siempre valiente y auténtico iconoclasta Ken Russell, realizador británico responsable de singulares aproximaciones a las vidas de compositores famosos (Debussy, Richard Strauss, Mahler, Listz, Chaikovski), de la que es considerada hasta el momento como mejor adaptación llevada al cine de una obra del escritor D. H. Lawrence, la excepcional Mujeres enamoradas, de una curiosísima pero extrema fidelidad a las vivencias esquizofrénicas como Un viaje alucinante al fondo de la mente (me gusta siempre el trabajo de William Hurt, uno de mis preferidos), y por supuesto de estas dos maravillosas películas que ahora os recomiendo. Una. El mesías salvaje del año 1972. Versa sobre la vida del artista Henri Gaudier-Brzeska, un joven repleto de talento y vitalidad cuya existencia fue segada por una guerra demencial y absurda (como todas las contiendas bélicas) que además supuso la apertura de las puertas del infierno para un siglo que daba su pistoletazo de salida a la que se convertiría muy pronto en imparable carrera hacia el horror absoluto. Un film que abrasa como un fuego purificador y que ofrece algunas preguntas de incuestionable actualidad acerca del arte y su sentido en un mundo donde el sentido ha sido brutalmente erradicado. Su especial figura nos ha de conectar necesariamente con un periodo de efervescencia creativa (1900-1914) donde un buen número de prodigiosos escultores hubieron de cuestionarse (reaccionando a favor o en contra, asumiendo, elaborando, integrando y abandonando en algunos casos) el legado del gigante Rodin. Más info en exposición interesantísima organizada por la Fundación Mapfre sita en el Paseo de Recoletos de Madrid a puntito de concluir. Id corriendo o en bus. Por mi parte prometo comentaros algún día la correspondencia completa de la excepcional Camille Claudel. 

Dos. Los demonios, directamente emparentada con la obra maestra de Jerzy Kawalerowicz que ya he comentado brevemente en alguna otra ocasión (prometo una crítica ampliada de la misma), pero muy diferente en cuanto al tono y el pulso dramático que el genio del británico imprime a sus particulares imágenes apocalípticas. Basada en hechos reales acaecidos en la Francia de Luis XIII, y también en la reflexión sobre los mismos acontecimientos llevada a cabo por Aldous Huxley, la cinta de Russell explora sin ambages el lado más sombrío y áspero de la religión impregnada de corrupción política y fetidez intolerante, instalando su cámara en la existencia lujuriosa, contradictoria y atormentada del padre Grandier a quien da vida un enorme y siempre formidable Oliver Reed. Amén de la pura lectura política y crítica con la religión, tomada ésta en su sentido más intolerante y represor, la película de Russell apunta interesantes ideas acerca de la proximidad entre la sexualidad y el sufrimiento dentro de un universo simbólico donde la redención conlleva o ha de conllevar inexorablemente una carga de dolor (físico y/o moral) prescrito y autoinfligido. Ni que decir tiene que tales fenómenos de convergencia encuentran en las roturaciones somáticas (síntomas histéricos por ejemplo) un terreno perfectamente abonado para sus manifestaciones más visibles. Frustración sexual, represión social, codificación del cuerpo femenino en lenguajes perpetrados por machos imbuidos de una profunda impronta patriarcal, y superstición ignorante alimentada desde una interpretación delirante de la realidad espiritual y corporal del hombre, todo ello conforma un denso y grumoso potaje de odio y violencia que al ser ingerido en dosis excesivas hará que el estómago social se hinche hasta arrasar cualquier fundamento de racionalidad con las ventosidades provenientes del mismo infierno. 

¿Alguien os da más que vuestro venerable y venerado Rincón? Como compensación a tan precioso regalo no dejéis de invertir (qué palabreja) algo de vuestro no menos precioso tiempo en confirmar o contradecir las anteriores listas cinéfilas. Por cierto, en 1969 (soy alumbrado) Javier Aguirre filmó algo así como el anticine en “Objetivo 40º” y George Baselitz realiza la inversión objetual en su pintura y bla, bla, bla, etc.





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Revolutionary Road


publicada el (15/09/2009 08:09:28) por Oscar
Yo también pienso que Revolutionary Road es la mejor película del año. La cinta no deja indiferente a nadie que la vea. Esta es una de esas películas que te apetece ver cada cierto tiempo, para descubrir nuevos matices en cada visionado.

Crítica de Revolutionary Road


publicada el (15/09/2009 09:09:18) por Oscar
Os adjunto la crítica de la película que más me ha gustado este año. Revolutionary Road


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