Una semana, la anterior, tremendamente emotiva en aspectos ciertamente contrapuestos. Si el jueves la comunidad de mis familiares rendíamos un sentido y último homenaje a un hombre maravilloso, generoso, inteligente y ejemplar en el sentido más amplio y positivo que pueda imaginarse para este término, y sobre cuya identidad mantendré un respetuoso silencio porque él era hombre que amaba la discreción como una de las grandes virtudes humanas (sólo la persona discreta y grande como él lo fue es capaz de imponer al final su majestuosa impronta sobre otros terrenos más públicos), era más adelante, el sábado, cuando mi adorada niña tenía la oportunidad de conocer a algunos de sus tíos coverchilenos más ilustres, bien que ausencias notables tuvieron el nocivo efecto de provocar un irreprimible llanto motivado por su carencia. Así que sus tíos Santi y Oscar Legat no tendrán excusa para el próximo encuentro. Bien, decía yo que tal reunión también se realizó con motivo de la visita de nuestro gran Chapi, EL MEJOR, un hombre recto, íntegro, gran amante del enigmático cine de David Lynch y un espíritu afín al recomendable hedonismo que siempre puede proporcionar una suculenta y variada muestra gastronómica, convenientemente secundada por el mejor líquido de la comarca. Le vimos en su mejor momento, pletórico, feliz, desbordante de alegría y buen humor, reflejando amor en sus ojos y en todas y cada una de sus palabras, y es que a veces existen almas sobre al Tierra que suponen la refutación más clara del axioma que a la mayoría de los humanos aflige: frente a la serena desesperación de la masa anónima que se dirige obediente hacia un final grisáceo, unos pocos individuos, anónimos o no, íntimos o públicos, iluminan con una luz propia, que nace de su especial e intransferible carácter, el sombrío camino de la vida. Pienso en estos días  pasados y ambos resplandecen dentro de mi mente y mi corazón. La Luz no sólo ha de comportar una voluntad autodeprecatoria, ha de proporcionar también la certeza de una esperanza. Echo la mirada hacia atrás y allí siempre aparece el cada vez más recóndito e inescrutable territorio de la infancia. De nuevo la fantasía a nuestro rescate. Pero, ¿qué clase de imaginación ha de ponerse en juego para tal suerte?
Chapi me confesó que determinada película no había resultado de su total agrado. Eso es perfectamente lógico. Aquí está la prueba que otorga verdad a las palabras citadas:
 
Andrew Adamson: Las crónicas de Narnia. ¿Qué podemos pensar cuándo un Santa Claus del “lado bueno” le entrega un arma mortífera a un niño (de nuevo la profecía del elegido) y le dice que la utilice como es debido? ¿Se refiere a que haga una buena carnicería con ella cuando entre en combate contra el lado oscuro? Sin duda. El problema de este producto basado en la obra del escritor C. S. Lewis no es sólo su flagrante maniqueísmo, cosa que se presupone a obras fantásticas de esta guisa, sino que tal hecho no encierre ni la más mínima ambigüedad exigible a cualquier narración de esta especie, siempre basada en los supuestos ya hace tiempo clarificados por el analista Joseph Campbell. Aquí la contraposición entre el Bien y el Mal no es establecida desde una dialéctica luz-sombra sino mediante la diferencia totalmente arbitraria y culturalmente construida entre gélido (lo invernal y helado) y cálido (lo primaveral y floreciente), introduciendo además subrepticiamente el lamentable tópico que suele identificar lo primero con lo racional y lógico, a la par que el segundo término de la ecuación con lo emocional y más instintivo. Pero lo invernal, podría objetarse, también implica luminosidad, claridad, pureza y congelación temporal del deseo, sea éste de la índole que fuere, mientras que lo primaveral tendría un componente añadido de irracionalidad creciente cuyo punto de ebullición no dejaría de crecer hasta lograr un incontrolable paroxismo pasional, la mayor parte de las veces con desastrosas o al menos impredecibles consecuencias. ¡Qué notable hubiera sido componer una historia mucho más atrevida y valiente provocando una atracción hacia el lado oscuro del corazón habiendo utilizado para ello la figura del hermano celoso y ambicioso capturado por la reina de hielo! ¡Qué gran y loable osadía no haber caído en tantos lugares comunes y ofrecer a cambio un relato de mínima complejidad psicológica al haberse desmarcado de una lectura bastante menos reduccionista sobre los verdaderos orígenes de la bondad y la heroicidad humanas!
Relato éste, pues, plano y sumamente irritante, descosido y pobre, que cae en el peor de los despropósitos cuando trata de retratar a la encarnación del Mal, huyendo deliberadamente para su desgracia de modelos de mayor entidad y logros: si en Tolkien la maldad es una sombra cuyos insidiosos efectos nacen de la propia corruptibilidad del corazón (mejor decir cerebro) emocional; si en Lucas (de nuevo Campbell a toda potencia) el lado oscuro nace y se multiplica gracias a un ansia de control proliferante sobre el arte de la vida y de la muerte (el Destino), por contra en esta fantasía la violencia dominadora parece preexistir sin dinamismo y alimentarse de una torpeza metodológica sólo comparable a la villanía de algunos contrincantes de Clouseau.
Valentía, justicia, benevolencia y grandeza, valores todos ellos representados sin fuerza, sin convicción, sin el más mínimo atisbo de crédula coherencia en una cinta lastrada por todo aquello que quiere sintetizar de sus ilustres predecesoras y que yerra lamentablemente en su objetivo al colocar todo el peso en unos impecables, pero tampoco nada novedosos, efectos especiales de reciente difusión. ¿Tal vez un Rey León aprovechando el resurrecto y naturalmente insolidario depredador para una próxima entrega de la pastelería Disney? ¿O qué tal una indagación en los insondables misterios del espacio-tiempo y los agujeros de gusano para dejar transcurrir años en una dimensión a la vez que minutos en otra? Mejor les hubiera ido. Demasiada fantasía para tan poca imaginación. Mala.
 

Muy pronto más.

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Pérdidas y Reencuentros
Fecha de publicación: 2006-09-19 03:09:12, por Adrián Matínez Buleo   (visto: 1102 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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