"Y afirmaba (Jesucristo) que lo que deja impuro al hombre es lo que sale del mismo hombre. Porque del interior del hombre, de su interior, salen los malos pensamientos, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude, el libertinaje, la envidia, la difamación, la soberbia, la falta de sentido moral. Todos estos vicios salen del interior y dejan impuro al hombre."
San Marcos 7: 20-24
 
"De este modo seréis responsables de toda la sangre inocente derramada en la tierra, desde la sangre de Abel, el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien degollasteis entre el santuario y el altar de los holocaustos."
San Mateo 23: 35
 
"Cuando escribimos sobre Auschwitz, hemos de tener en cuenta que, al menos en cierto sentido, Auschwitz ha dejado la literatura en suspenso."
Imre Kertész
 
"Habíamos caído en la trampa hasta el cuello. Las puertas estaban clavadas, el camino de retorno definitivamente cortado. El mundo era un vagón herméticamente cerrado."
Elie Wiesel
 
La obra definitiva sobre el Holocausto no es otra que "SHOAH" del realizador francés Claude Lanzmann. Me encuentro paralizado, angustiado, todavía tengo que asimilar todo lo que he visto y escuchado sobrecogido durante más de ocho horas de metraje. Es complicado, muy complicado resumir en unas pocas líneas todo el torrente de pensamientos, imágenes, sentimientos y juicios de valor que moviliza una obra tan extraordinaria, contundente, feroz e incontestable como es la película definitiva de Lanzmann sobre el intento brutal de exterminio perpetrado por la Alemania nazi contra el pueblo judío. El autor parte de una premisa básica para afrontar una particular aproximación a aquello que por definición se nos aparece como situado más allá del abordaje racional de los fenómenos humanos. ¿Cómo acceder a una comprensión (siquiera mínima) acerca de la brutal e injustificada agresión ejercida por un pueblo contra otro pueblo, considerada desde cualquier punto de vista como esencial manifestación del Mal absoluto, cuando parece imposible llegar a una explicación plausible de un suceso histórico que es sistemáticamente presentado como no-humano? Si fuese cosa del Diablo tendría sentido, su esencia sería precisamente hacer el Mal y jamás el Bien, pero es el ser humano el que está ignominiosamente implicado en una matanza sin precedentes hasta llegar a ese cenit de oscuridad y destrucción.
Los testimonios ofrecidos a lo largo y ancho de la obra son múltiples y recogen un amplísimo abanico de respuestas que abarcan desde el superviviente del campo de exterminio, el habitante polaco que intuye lo que sucede pero no da crédito a lo que implícitamente se conoce, el miembro del comando judío de Trabajo (los tristemente famosos "Sonderkommandos"), el combatiente de la resistencia, el correo polaco intermediario entre el rabino jefe del ghetto de Varsovia y las autoridades aliadas, el insignificante verdugo de las SS... Pero si algo queda claro tras el visionado completo de la cinta es que lo que allí sucedió no es comparable con ninguna otra situación pasada o presente, por muy dura o injusta que pueda resultar a nuestros acomodados/habituados ojos occidentales.
Ya decíamos en nuestra entrega anterior que de ninguna de las maneras imaginables nos resultaría posible pensar Europa sino lo hacíamos desde una singularidad tan aberrante, atroz y abyecta como sin duda lo es Auschwitz, y añadíamos allí que se trataba de la fábrica de liquidación más mortífera jamás ideada por el hombre, de un auténtico "proyecto de enterramiento y olvido" cuyo principal objetivo consistió en no dejar rastro alguno de las víctimas, tratando de hacer desaparecer la significación histórica del pueblo judío, y ejecutando para ello un aniquilamiento metafísico con la intención de borrar cualquier huella de su paso por este mundo. A partir de esta ominosa realidad sólo cabría hacerse entonces la siguiente pregunta: ¿Puede a partir de esta terrible singularidad ofrecer Europa alguna lección sobre ética y moral? Probablemente No.
Veamos un claro ejemplo al respecto. Europa no es consciente de su responsabilidad en el conflicto bélico palestino-israelí. No hay que olvidar que hasta la llegada del sionismo, tal y como acertadamente señala el probo investigador Reyes Mate, la cultura del judío es una cultura de diáspora. El judío no quiso hasta determinado momento un Estado sino más bien vivir en diferentes estados. Europa habría entonces de implicarse en la resolución del conflicto pero asumiendo su enorme grado de responsabilidad en la génesis del mismo.
Y es que en el fondo de todo este turbio asunto late el fracaso de la Ilustración, la conciencia de su propio fracaso, del fracaso de su línea más emancipadora y democrática. Vuelven aquí (necesarias, lúcidas siempre) las palabras de Walter Benjamin, según las cuales "para los oprimidos, la Historia siempre es un estado de excepción", lo que equivaldría a decir que las condiciones de la situación histórica de los oprimidos están en el propio Estado y en las propias categorías abstractas sublimadas que habitualmente solemos utilizar con nocivo y opiáceo efecto (véase si no el inmenso costo histórico de la vigente teoría del Progreso).
¿Qué realidad acerca de los "Derechos Humanos" se desprende de este sombrío diagnóstico? Aplicados y adjudicados esos derechos a un supuesto sujeto trascendental, ¿no implicaría esto despreciar la realidad de que existen hombres concretos sin derechos reales? Podría hablarse aquí de intención de derechos pero no en cambio de su facticidad...
Así que el Horror en estado puro estaría remitiendo una y otra vez al sentido trascendente, si es que lo hay, de las víctimas de tan monstruoso crimen. La justicia de las víctimas que reclamara Benjamin y la constatación de que para los oprimidos siempre se trata, al fin y al cabo, de un Estado permanente de excepción. La justicia de unas víctimas cuyo grito de dolor se alza por encima de la historia en busca de un Dios que pueda garantizar una reparación póstuma. ¿Puede la Memoria del Holocausto rescatar el concepto de justicia de una cárcel estrictamente jurídica para otorgarle su ansiado estatuto moral? Puede y debe. Una Memoria que reclama reparación no sólo en un más allá deseable para muchos sino aquí y ahora, dentro de la misma historia que fue capaz de forjar el verdadero infierno en la tierra.
El testimonio de las víctimas se convierte de esta manera en la única posible puerta de acceso para aventurar ciertas hipótesis "verosímiles" acerca de las series de encadenamientos e interacciones múltiples y en múltiples niveles que finalmente desembocaron en ese horror sin límites. Existe de hecho una opacidad intrínseca a cualquier intento de explicación simplificadora que acaba convirtiéndola siempre, y esto en el mejor de los casos, en una banalización bienintencionada. Y no sólo ocurre este fenómeno con intentos más o menos plausibles, igualmente sesudos, de ofrecer una explicación consistente del fenómeno basada en investigaciones sociológicas, económicas, históricas, etc. , sino también y sobre todo a través de las continuamente fracasadas iniciativas de ficcionalizar todo ese torrente demencial de dolor y angustia mediante imágenes directas, impactantes y crudas o, por el contrario, alegóricas, simbólicas y alusivas. Por eso el campo de concentración nazi se mantiene refractario a todo intento de teorización ideativa o imaginaria que presuponga haber agotado toda vía de explicación, comprensión y/o imaginación del suceso. La realidad, no sólo la literatura sobre el tema, permanece en suspenso. En esa frontera de humillación y muerte se detiene el movimiento de integración y síntesis que los humanos suelen utilizar para mitigar y "hacer como si" de veras entendiesen aquello que definitivamente escapa a su comprensión. Posiblemente no haya entrada racional en lugares como Auschwitz o Treblinka, pero lo que está claro es que de ninguna manera hay salida de ese lugar. Sólo aquellos que como el comandante de Auschwitz, Rudolph Höss, dejan constancia del estrepitoso fracaso humano que supone su enfermiza forma de pensar y de haber enfrentado su tarea exterminadora, sólo esos seres grises, mediocres y absurdos que afirman haber actuado convencidos de que lo que hacían debía hacerse así, tal y como se hizo, sin experimentar remordimiento alguno por aquel infame genocidio porque, como admite un exoficial de las SS, "si me hubiera parado a pensar en el sentido de las órdenes que recibía no habría aguantado allí ni un solo día"; esos individuos, como digo, nos ofrecen la verdadera, triste, patética y eterna sustancia conformadora del ser humano: cualquiera puede convertirse en verdugo de multitudes con el suficiente tiempo, con las necesarias excusas y racionalizaciones psicológicas, con los oportunos parapetos ideológicos y encubrimientos sociales, y con la indispensable difuminación de responsabilidad que siempre ofrece la pertenencia a una masa adoctrinada, indiferenciada y convenientemente abstracta. ¿Por qué habré de sentirme culpable yo, precisamente "Yo", firmando un papel que autoriza determinado transporte de "mercancías" si me han asegurado que todo está perfectamente en regla? ¿Habría de dudar de mis autoridades para otorgar verosimilitud a ciertos rumores propagados por el "enemigo"? Y si quien me advierte de la monstruosidad que está comenzando a producirse es un oficial respetable de las Waffen-SS (Kurt Gerstein), cuya conciencia moral no le permite pasar por alto la criminalidad que acaba de contemplar con sus propios ojos, ¿no debería achacar su conducta a informes equivocados, locura transitoria o deseo de traicionar a la madre patria? Todo vale para dejar de ver lo que no deseamos ver. Pero el hombre poco o nada ha aprendido de estas terribles lecciones de la lamentable historia europea del pasado siglo XX.
¿Qué extraña sensación nos queda entonces acerca del Tiempo? ¿Cómo anticipiar un pasado en constante resignificación para después, en un punto futuro e indeterminado, saber definitivamente lo que habrá sido, precisamente cuando ese pasado haya llegado a ser lo que llegará a ser en virtud de ese mismo proceso de reasignación de sentido? ¿No debemos hacer un esfuerzo casi sobrehumano, de Fe y Creencia extremas, para de algún modo confirmar las hipótesis de temporalidad cristológica propuestas por el impecable teólogo Hans Urs von Balthasar y acabar interpretando a partir de sus hallazgos que el Tiempo de la Redención ya está condensado, aquí y ahora, Hoy, en la perfecta recepción por Cristo de la voluntad del Padre, o lo que es lo mismo, en el descenso absoluto de Dios a la más terrible versión de la naturaleza humana? En efecto, ¿no se condensa en realidad la Historia en la singularidad profundamente humana y divina de un Hombre que resume en su trayectoria la asunción de una vez por todas y para siempre (hacia atrás y hacia delante) todo el sufrimiento que ha sido, es y será? Es la hora de concluir.
...Una Noche fría y oscura ha caído sobre la Tierra. En la profundidad de esa noche Elie Wiesel, futuro Nobel de La Paz en 1986, llega al campo de exterminio de Auschwitz. Tres reos intentan escapar del infierno y al ser capturados son sometidos a un castigo ejemplarizante. "¿Qué mejor ejemplo que la Muerte?" - piensan los verdugos. Una de las víctimas es un niño. Lo cuelgan mientras todas las miradas desnudas de los reclusos contemplan la terrible escena. Alguien próximo al lugar donde Wiesel permanece en pie pregunta entonces: "pero dónde está Dios", y otro a su lado responde: "Dios está ahí, ahorcado."
 
Fuentes consultadas:
 
-) Opiniones extraídas de una entrevista al investigador Reyes Mate con motivo de la publicación de sus libros "Memoria de Auschwitz. Actualidad moral y política." y "Por los campos de exterminio.", editados por las editoriales Trotta y Anthropos respectivamente.
-) Claude Lanzmann: Shoah. (1985) [testimonio-documental]
-) Rex Bloomstein: KZ Campo de concentración [documental]
-) Daniel Anker: Testigo imaginario: Hollywood y el Holocausto (2004) [documental]
-) Laurence Ress, Ian Kershaw (asesor histórico): Auschwitz: Los nazis y la solución final (2005) [documental]
-) Costa-Gavras: Amén (2002) [película]
-) Frank Pierson: La solución final (2001) [película]
-) Tim Blake Nelson: La zona gris (2001) [película]
-) Ronald Neame: Odessa (1974) [película]
-) Sidney Lumet: El prestamista (1964) [película]
-) Steven Spielberg: La lista de Schindler (1993) [película]
-) Hanna Arendt: Eichmann en Jerusalén. (Lumen, 1999)
-) T. W. Adorno y M. Horkheimer. Dialéctica de la Ilustración. (Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores, 1999).
-) Juan-Bautista Metz: El clamor de la tierra: el problema dramático de la Teodicea. (Ed. Verbo Divino, 1980).
-) Hans Urs von Balthasar: Teología de la historia (Encuentro, 1992).
-) Walter Benjamin: Sobre el concepto de historia (Taurus, 1989).
-) Primo Levi: Si esto es un hombre (Quinteto, 2006).
-) Elie Wiesel: La noche (El Aleph, 2002).
-) Wilhelm Reich: Psicología de masas del fascismo (Roca, 1973).
-) Elias Canetti: Masa y poder (Alianza Editorial, 2002).
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Muerte y Supervivencia IV (2ª parte)
Fecha de publicación: 2007-04-19 01:04:29, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1106 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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Muerte y Supervivencia IV (2ª parte)

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