Nueva semana marcada por la noche de Difuntos y la amenaza que siempre supone el más allá, más por temor a asumir el trágico destino que a todos nos aguarda que por supuestas manifestaciones procedentes del Infierno. ¿Alguien vio el desfile nocturno de los muertos? Que nadie se atreva a perturbar su eterno y sombrío sueño o será pasto de gusanos en muy poco tiempo. Click. Suena Olivier Messiaen (1908-1992) y su fabuloso "Quartet for the end of time", con un Daniel Barenboim deslumbrante. Me dejo seducir por los potentes sonidos de Pee Wee Ellis en su directo "Live and Funky", mientras que Down To The Bone construyen ritmos de reminiscencias funk y Steve Vai me da una lección inolvidable de "Sex and Religion". Todo da vueltas a mi alrededor, Juan Antonio Bardem y Richard Harris nos han abandonado para siempre, la naturaleza escupe fuego de sus entrañas encolerizada por su triste destino, una niebla se instala en mi mente, abro los ojos e imagino que contemplo una perversa ondina conduciéndome hacia la perdición, y ya sólo puedo pensar en pulsar un botón y hundirme en el abismo misterioso de las imágenes. Play this game:

David Fincher: La habitación del pánico. Si un guión plagado de tópicos y situaciones comunes mil veces contempladas y rescritas se pone en manos de un mal director, entonces tendremos una película abominable. Pero si tal cosa sucede con un director dueño de un estilo propio, de una creatividad abrumadora y poseedor a la vez de unos recursos técnicos prodigiosos, entonces el resultado es justo "La habitación del pánico". Fincher es el verdadero protagonista de la cinta, dando un recital de dirección prodigiosa a lo largo y ancho de una mansión enorme y amenazante, no por su propia condición estructural sino por la atmósfera enrarecida y mórbida que el realizador sabe imprimir con progresiva tensión y crecientes secuencias de vértigo. Maniqueísmo desdeñable e interpretaciones olvidables para una película que resiste por la genialidad de un director incomparable. Una obrita de encargo que le permitirá financiar proyectos más personales (véase la magnífica "Fight Club"). Se contempla con agrado gracias al inconfundible sello del irreverente Fincher.

Juan Antonio Bardem: Calle Mayor. Nos ha abandonado un genio del cine y, sobre todo, un hombre digno y comprometido para el que la creación cinematográfica también conllevaba un posicionamiento ético frente a la realidad. En este film inmortal, uno de los más grandes de la historia del cine y clave para nuestro propio cine español, disecciona cual entomólogo esa "vida de los insectos", así lo diría Viktor Pelevin, que se aniquilan existencialmente en un contexto rancio y provinciano de la España más profunda y acultural. Sin piedad, sin concesiones, Bardem radiografía una realidad podrida que se hunde en el fango de los prejuicios, el machismo, la intolerancia y la más absoluta estupidez. Filma así una historia de una crudeza moral sin parangón, angustiosa y sombría hasta límites casi insoportables, donde la mezquindad humana es mostrada sin pudor a la mirada encolerizada de un espectador que nada puede hacer por transformar la sordidez que está contemplando: la sabe cierta y bajo otros modos y formas, tan actual como entonces. Jamás, así lo creo, se ha rodado un final tan monstruosamente desolador, tan lúcido y oscuro, tan profundo e hiriente como el que Bardem se atreve a inmortalizar en su cinta. El rostro de Betsy Blair es capaz de concentrar en su expresión todo el dolor del Universo. Deja literalmente sin aliento. Una obra inmortal e imprescindible. Una Obra Maestra.

David Cronenberg: Spider. Vuelve con fuerza el maestro Cronenberg con un film realmente extraordinario. Esta vez se ha propuesto indagar con profunda inteligencia los enigmáticos mecanismos mentales responsables de la locura y, sobre todo, de la construcción de la identidad personal a través del funcionamiento de la memoria, y ha cubierto perfectamente las enormes expectativas generadas tras su galardón como mejor director en el último festival de Sitges en la que sin duda constituye una obra memorable dentro de su dilatada y genial filmografía. Caliginosa, sombría, densa y asfixiante, "Spider" bucea con firmeza y sensibilidad dentro del proceloso piélago de los procesos emocionales, que como hilos mórbidos entrelazados por la araña de la enajenación psíquica, tejen una complejísima tela enfermiza capaz de atrapar recuerdos y alucinaciones, una especie de totum revolutum que funciona a modo de patológico puzzle cuyas piezas encajan finalmente en un preciso y demoníaco mecanismo de relojería psíquico. Y si la labor de Cronenberg es encomiable en su propósito de exposición y análisis, no se queda a la zaga la enorme interpretación del gran Ralph Fiennes, quien de nuevo nos deleita con un personaje traumatizado al borde de la aniquilación vital. Para mí debería (sin opción) optar a la candidatura a mejor actor del año por este papel repleto de minimalismo contenido, con una gama de matices verdaderamente prodigiosa. Cronenberg se revela por fin como el gran maestro que es y regala a Fiennes tal vez el mejor personaje con que se haya topado hasta el momento. Su fusión ofrece un resultado inmejorable. Muy, muy, muy Buena. Imprescindible.

David Cronenberg: Videodrome. Para entender cómo Cronenberg llega a firmar obras maestras como "Scanners", "Inseparables" o "Spider", es preciso también indagar en sus obsesiones y orígenes vinculados claramente al género de terror fantástico. Buena muestra de ello es esta desconcertante y profética cinta en la que Cronenberg ya anunciable allá por 1982 los peligros alienantes de la imagen por cable, es decir, implícitos en la tortuosa y estúpida transmisión de imágenes en que por fin se ha convertido esa cosa llamada Televisión. La imaginería televisiva altera la percepción hasta el punto de provocar alucinaciones y someter al individuo que la padece a una confusión total entre realidad y ficción (¿Matrix novedosa? ¡Por favor!). Nuestro cineasta aprovecha la ocasión para reflexionar sobre los peligros intrínsecos a la programación indiscriminada de sexo y violencia gratuita, que termina convirtiéndose en preprogramación de las mentes adocenadas víctimas de la enajenación televisiva. Aparece clara la referencia siempre inquietante a la premonitoria "nueva carne", fruto de la mezcla entre materia vital y materia mecánica, observable en películas posteriores como "ExistenZ" o "Crash", y mucho más explícita en esta ocasión a partir de transmutaciones (el estómago de James Woods es un agujero sanguinolento y sin fondo) con claro sabor "gore". Para seguidores incondicionales, entre los que obviamente me cuento, de este reputado y genial realizador de Cine, con mayúsculas.

Javier Rioyo y José Luis López Linares: Extranjeros de sí mismos. Buenísima película-documental que trata con rigor y honestidad intelectual el drama sufrido por grupos de combatientes de "ambos bandos" durante la Guerra Civil Española, que entregaron incondicionalmente su vida y sus sueños a lo que creyeron era la mejor opción para construir por fin un mundo mejor. Británicos en las filas republicanas, Italianos en las trincheras nacionales, la División Azul, todo ello narrado con pulcritud y emoción a través de los testimonios reales de los protagonistas, quienes haciendo uso de su memoria y su derrota (todos fueron perdedores en la locura fratricida) nos regalan una visión cruda y verdadera de aquel tiempo infernal donde la fe en la materialización de Utopías imposibles se adueñó del imaginario colectivo provocando el Infierno aquí en la Tierra. Film documental auténticamente necesario para no perder el sentido o sinsentido de nuestro proceso histórico, con todas sus mitologías, quimeras, brutalidades y sueños; todas esas metaficciones que de un modo u otro hemos heredado e inconscientemente nos siguen determinando. Muy Buena.

Daniel Monzón: El corazón del guerrero. Grata sorpresa la de este film de género fantástico, cuyo humor ácido e imaginación crítica se ponen con habilidad al servicio de una historia delirante que entremezcla con buen pulso narrativo acción y comedia, sin dejar por ello de lado interesantes apuntes para la reflexión: corrupción política global, engaños de masas, falacia de la "ideología joven", confusión telemediática entre realidad y ficción, difusos límites entre la cordura y el delirio... todo ello con golpes de efecto hilarantes y unas interpretaciones en la onda de P-Tinto que provocan dolor de mandíbula. Un gran comienzo para un director que en estos días presenta en cartel "El robo más grande jamás contado". Absolutamente recomendable.

Pedro Almodóvar: Hable con ella. Difícil lo tendrán Fernando León y José Luis Garci para superar a esta maravillosa película en el tortuoso camino hacia la consecución de la ansiada estatuilla yankee. Almodóvar es ya un realizador en la plenitud de su arte, poseedor de un estilo propio en el que no deja de indagar y proponer nuevos hallazgos, revitalizador constante de un lenguaje cinematográfico anclado muchas veces en estructuras narrativas obsoletas y patéticas. Ésta es una historia de emociones verdaderas que conmueven con la profundidad de quien las experimenta en carne viva, por tanto, de soledad, amor, amistad y muerte. Pero Almodóvar trata con juicio y delicadeza a los personajes que pueblan su hermoso e irónico universo sentimental, y los acompaña en un drama hermoso y vitalista que en ningún momento se deja seducir por la sensiblería lacrimógena (aquí las lágrimas son auténticas) ni por innecesarias concesiones a espectadores poco exigentes. Su cámara se adentra con sobriedad y elegancia en los desgarros provocados por el amor imposible y el dolor que surge es duro y hermoso, como una oscuridad radiante. El acompañamiento musical a determinadas escenas es simplemente magnífico y ayuda a connotar determinados aspectos dramáticos de la acción. Una auténtica joya impagable. Muy Buena.

Os dejo esta vez con las importantes reflexiones de Krishnamurti y Confucio, atesorando el segundo volumen de Kant perteneciente a su "Crítica de la Razón Pura", tratando de descifrar alguna que otra "diseminación" de Derrida y tratando de memorizar para siempre las sabias palabras de uno de los más grandes de la literatura y el arte de todos los tiempos, Leon Tolstoi: "Las mejores virtudes sin la BONDAD no son nada y los peores pecados con ella son perdonados". Sed generosos con vosotros mismos, es mi consejo más "Benigno".


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Muerte y Nacimiento
Fecha de publicación: 2002-11-19 09:26:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1476 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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