Una semana más indagando escenas y casualidades que pueden conducirnos, o no, hacia inciertas zonas de reflexión, capaz ésta de arrojar alguna luz, o no, sobre la procedencia causal de tales encuentros o desencuentros. No, no es mi intención caer presa de un cargante ergotismo para demostrar tal o cual teoría, no tendría sentido en un espacio tan minimal y reducido. Tan sólo se trata de explorar algunas concomitancias, todas ellas perfectamente anacoretas para mi admirado Raúl Hernández, como las que a continuación me dispongo a relatar. Si hace una semana la línea iniciada de pensamiento me reconducía por sí misma, y partiendo de ciertos pensamientos sobre el destino del Universo, al punto de tener que reconocer la genialidad de Mozart especialmente presente en la ópera Don Giovanni, a partir de la cual y también a su través podía enlazar con toda una tradición luterana culminada en la figura del pensador Sören Kierkegaard, si sucedía todo esto tal y como digo, entonces no puedo ahora dejar de formular la siguiente cuestión: ¿qué oscura corriente de pensamiento habló a través de mi lenguaje, de mi inconsciente, para emitir ese juicio tan aparentemente inconexo y terminar sin embargo corroborándose con un nuevo y sorprendente descubrimiento? ¿Cuál? El que me sin duda proporciona la lectura de un interesantísimo artículo de Vicente Molina Foix titulado “El oído erótico” y por supuesto dedicado al fino e incisivo análisis que el filósofo danés realizó sobre la ópera del genio salzburgués. ¿No es maravilloso e inquietante al mismo tiempo y a partes iguales? Y me deja perplejo averiguar que el propio Kierkegaard en su obra “Los estadios eróticos inmediatos o lo erótico musical”, identifica la presencia del seductor con la naturaleza de goce de la propia música (placer siempre evanescente, continuamente en fuga) y además propone una no menos sorprendente identificación del autor del texto (Kierkegaard) con la forma amatoria de Doña Elvira para ofrecer así como resultado una suerte de escucha erótica, ambigua, difusa, densa, que puede quedar resumida en las palabras del propio autor citadas por Molina Foix: “La música de Mozart me ha enseñado que es hermoso y confortador y justo amara como una mujer”. Palabras éstas enigmáticas y misteriosas donde las haya.
¿Qué puedo añadir yo al respecto? Todavía sigo perplejo frente a esta lectura en clave de erótica musical del goce femenino y eso me lleva directamente a cuestionarme de qué se trata en realidad cuando hablamos de placer sexual del hombre o de la mujer. Y por extensión: ¿en qué consiste verdaderamente ser Hombre o ser Mujer? ¿Existe verdaderamente un género categórico, diferenciador de los sexos? ¿Qué significaría para un hombre lograr la comprensión de la esencia femenina del amor? Tal vez abandonar su forma definida, pregnante, catártica, efusiva, y excesivamente focalizada de entender su placer, el placer. Lo femenino añade enigma, agujeros insondables, formas difusas, placer ilocalizable, menos definición en el arte amatorio y en el uso de los placeres del cuerpo. El goce de la Mujer se nos esconde tras de mil máscaras diferentes, el del Hombre por el contrario tiende inexorablemente a presentar la misma y repetitiva evidencia de altivez. El placer femenino se difumina en la niebla de una interioridad abisal, el masculino sin embargo se pavonea en medio de una exterioridad fingida. La Mujer desaparece bajo el velo de lo inalcanzable mientras el Hombre muestra una coraza que le sujeta a una identidad visible pero débil. ¿Hay alguna solución para el enigma de la diferenciación de los sexos?
Amar como una mujer o simplemente amar.
Mi pensamiento me lleva ahora hacia las últimas imágenes de la película maravillosa del maestro Ang Lee que se han quedado fijadas en mi retina y que muy pronto pasarán a convertirse en huellas indelebles dentro de mis circuitos de la Memoria. Una belleza desgarradora, que duele en lo profundo del alma, que conmueve hasta límites inimaginables y sacude la conciencia con la fuerza de lo auténtico. Todos nos identificamos con Ennis Del Mar (prodigioso y colosal Heath Ledger) en la grandísima e inolvidable “Brokeback mountain” porque él ama como una mujer o sencillamente ama.
¿Más misterios? Para la próxima entrega…
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Misterios
Fecha de publicación: 2006-02-06 05:02:31, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1526 veces)   (a 7 personas les ha parecido interesante)
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Oscar
Preguntas... publicada el (06/02/2006 12:02:28)

Bravo Adrián! Como siempre, y esta vez con tu análisis sobre el amor, nos planteas nuevas e interesantes preguntas. Un 10 para "Brokeback mountain", por supuesto.

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