Otra semana más instalado en el "working process" encargado de vaciar mentes y corazones a través de su insidiosa mecanización de la capacidad de observación de la realidad, o dicho de otro modo, la anulación de la capacidad de análisis teórico-crítico mediante la normalización del pensamiento al emplazarlo en módulos de desarrollo aparentemente "en progreso". El genial Sigmund Freud ya intuyó las múltiples falacias evolutivas escondidas tras la ideología del perfeccionamiento ("Más allá del principio del placer), y ahora una vez liberado de tanto ruido estúpido proveniente de los hiper-tele-mass-media cuyo máximo fin es el aturdimiento colectivo, la hipertrofia de la memez pública e íntima, abro mis ojos y mis oídos y dejo penetrar el sonido fuerte, melódico, eterno, contundente, fabuloso y mítico de Mr. Coverdale y Mr. Vandenberg en su magnífico directo Strikers in Tokyo, al tiempo que me sumerjo una vez más en la transparente y clarificadora mirada proveniente de unos ojos cuyo vocabulario íntimo sólo yo comprendo en profundidad, y entonces prosigo con el virtuosismo duro de Apocalyptica y sus originales Reflections, para concluir con la suavidad tranquilizadora de una caricia que en su expresión, en su mágica y absorbente pronunciación de suave recorrido, redime cualquier tipo de sufrimiento o incertidumbre, entregándome un nuevo universo de equilibrio desde donde enfrentar el desciframiento de esa luz móvil, flexible, adhesiva y esquiva, que me llama, que me reclama, que me pide entrada y la reacción pavloviana de un índice cinéfilo al borde la compulsión más incontrolable. En efecto: PUSH IT NOW:

Doug Liman: El caso Bourne. Típica y tópica película de acción con las usuales dosis de intriga barata aderezadas con el tópico y típico romance entre el héroe guapo, un acerbo ganapán de la CIA reconvertido en santo gracias a una amnesia no extensible a su capacidad de soltar mamporros, y una rebelde trotamundos encarnada por Franka Potente, mucho sin duda, en una historia de amor más previsible que las declaraciones de Zapatero tras el escándalo de los tránsfugas diabólicos. El tal Bourne ha perdido la memoria y el siempre competente Chris Cooper, recientemente oscarizado por su particular ladrón de orquídeas (muy grande en "LoneStar" del combativo Sayles), se encargará de mostrarle el auténtico camino hacia la tumba. El héroe se salva, Cooper palma y Damon, tan habitualmente tronco como en él es habitual, se queda con la Potente chica, esa, la Franka. Francamente mala.

Paul y Chris Weitz: Un niño grande. Basada en la novela "Érase una vez un padre" del escritor Nick Hornby, se trata de una recomendable comedia con visos de ironía reflexiva ligera, buenos toques de suave cinismo y un optimismo velado y equívoco, que no resta firmeza a un producto disfrazado de superficial entretenimiento, resultando ser sin embargo más, bastante más que una simple comedia de enredo con historia de amor (la hay, por supuesto) tópica y previsible. El señorial y elitista Hugh Grant es, cuando así lo quiere y requiere su papel, un enorme actor dotado de una versatilidad cómica digna de los más grandes actores del género (Cary Grant sería el ambiguo prototipo masculino en la alta comedia con clase), capaz de otorgar momentos de brillante y flexible inspiración. Su personaje es un vacuo, egocéntrico, superficial y consumista soltero de oro, que progresivamente irá descubriendo que el hombre no es simplemente una "isla" desvinculada del resto del mundo, sino más bien la parte visible de una archipiélago relacional del que inevitablemente forma y ha de continuar formando parte de un modo necesario. ¿El pegamento? El Amor, por supuesto, y el despertar a través de una curiosa relación paterno-filial. Interesante.

David Twohy: PitchBlack. No es preciso temer a la oscuridad sino a bodrios de este calibre, tan absurdo como insufrible, una copia barata y descarada de algunos elementos "Alien", mal asimilados por supuesto, para montar con ellos un espectáculo triste y penoso al servicio de Vin Diesel, una especie de eslabón perdido con la cara de Eros "Ramalazzo" pero un poco inflada, que ni es actor ni con esa destreza interpretativa llegará a serlo jamás (Van Damme es un prodigio a su lado, con eso queda dicho el resto), a pesar de sus prometedores comienzos tras la cámara con el corto "Multi-facial" y el largo "Strays". Un planeta donde siempre es de día hasta que, motivado por la sombría actuación de los tripulantes, decide ponerse opaco, sacar sus mejores bichos a relucir y lanzarlos contra unos supervivientes que descubrirán el poder humanizador de Alá. En fin, no perderemos más el tiempo con esta bazofia. Lamentable.

Ang Lee: Hulk. Lee es un realizador solvente, técnicamente muy bueno, con ideas e interesantes propósitos, y por ende cuenta en su haber con obras tan estimables como "Sentido y Sensibilidad" y esa maravilla llamada "Tigre y Dragón" (fue Oscar a mejor película extranjera en 2000). Para esta ocasión cuenta con medios más que suficientes, económicos, creativos y artísticos, pero... pero falla, fracasa estrepitosamente al tratar de ofrecer un producto comercial que sea algo más que puro artificio, en el intento errado de configurar una historia sólida capaz de avanzar un paso más en las tristes y últimas adaptaciones de cómic de toda guisa a que estamos asistiendo. Hulk es un personaje complejo e interesante (bien Eric Bana), signado por trauma infantil reprimido directamente relacionado con la figura paterna y la amenaza "directa" de Castración (muerte o aniquilación vital). Las referencias al psicoanálisis son tan evidentes como mal articuladas, encaminando la historia a un enfrentamiento padre-hijo de tintes marcadamente edípicos, estrepitosamente resuelto, en lo que lejos de convertirse en una profunda y sombría reflexión acerca de los mecanismos del Tótem y la instauración de la cultura como resultado de la Culpa, se transforma irremediablemente en una grotesca pantomima coronada por una última secuencia innecesaria e infantil. Lo que Lee pretendía que fuera filme sólido y maduro es únicamente una bolsa de humo sostenida sobre los hercúleos hombros de un furibundo y prognato salvaje digital. La identidad escindida, la amenaza a un orden supuestamente civilizador cuya fuerza de cohesión es fundamentada en la utilización disciplinaria de la fuerza, la "caldera" pulsional donde la amalgama de Eros y Tánatos pugna por manifestar su rostro feroz en la medida en que son relajadas las contenciones artificiales fabricadas por la razón y el principio de realidad, todos ellos son temas sobrevolados por la historia de un modo excesivamente esquemático y local, faltando las necesarias ideas y conexiones guía que doten de consistencia y lucidez al conjunto. Ciertas innovaciones técnicas y un ritmo narrativo adecuado a ratos justificarían el acercamiento a una cinta lamentablemente superada por sus propios propósitos iniciales de excelencia. Otra desperdiciada adaptación supermillonaria, y van...

Pienso de nuevo en el auténtico significado de tantas cosas, en su significante (curiosos manes de Ferdinand De Saussure) desligado de su socialmente cosificada representación, y me percibo completamente desnudo, vulnerable, pero es ésta una sensación de pureza, de liberación, porque es también ahora cuando he comenzado a comprender de verdad la esencia de determinados fenómenos anímicos, relacionales, gracias al amor que ha brotado directamente desde lo más hondo de mi corazón en una especie de perfecta colusión vital, como una especie de despliegue afectivo arborescente que fuera desarrollando su propia dinámica de felicidad inclusiva. La misma que ha de servirnos de pantalla protectora para soportar el descenso al infierno que nos propondrá dentro de poco el demoledor González Iñárritu y así poder extraer las oportunas conclusiones ligando adecuadamente las masas psíquicas de excitación-angustia generadas por sus imágenes en otras representaciones ideativas que nos permitan manejarlas productivamente. Y esto por extensión a multitud de fenómenos cotidianos. Sólo la auténtica felicidad puede posibilitar el bordeamiento selectivo de la inercia demoníaca presente en cada uno de nosotros. Es el modo de ser, de existir, de resistir y luchar, de amar para no sucumbir y transformar el mundo en el mismo interior de nuestra propia entrega al otro. Así lo supo Theodor Wiesengrund Adorno y así también nos lo hizo conocer. Sus ojos me hablan, me dicen la verdad, me dan a conocer la esencia, me liberan...

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La mirada del Otro
Fecha de publicación: 2003-09-15 15:34:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1212 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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