Comenzamos esta semana con el ánimo más exaltado que de costumbre, será porque se adivinan días de hipocresía familiar y vino, será porque he viso la luna llena durante más tiempo del recomendable, será porque me he transportado a un universo paralelo gracias a la magia de Toru Takemitsu (1930-1996) "In An Autumn Garden", será porque sigo extasiado al escuchar una vez más la Partita No. 3 en La Menor, BWV 827 del divino J.S.Bach, será porque continúo plenamente rítmico al ser atravesado por la guitarra de Lee Ritenour (gracias Óscar, perdí la cuenta) "Alive in L.A." (es confidencial), será porque me adviene el espíritu barroco con Luigi Boccherini (1743-1791) enviado por sus Quintets op.11, Nr. 4-6... por qué será, será.... quizá porque pienso en ella y para olvidar o para decidir finalmente he de continuar profundizando, aunque ello me encocore, en el enigma anidado en algunas buenas historias. Push Now!! Come on and Play:

 

Daniel Calparsoro: Guerreros. Este inclasificable cineasta español se atreve con un reto complicado del que sale bien parado casi en la totalidad del empeño, arriesgando mucho en ciertas partes de la narración y transformando (¿deliberadamente?) la violencia desatada en la "zona de sombra" de la región balcánica en un viaje hacia el primitivismo salvaje que duerme latente, esperando agazapado para soltar su mortal zarpazo, en el corazón humano. Los ideales se revuelcan en la mierda y el vómito surge desgarrador y compulsivo. Sólo el final afloja incomprensiblemente el nudo y esto le resta contundencia al desenlace. Aun así, una propuesta valiente que hurga sin compasión en heridas todavía abiertas, sangrantes, y por cuyas purulentas brechas brota el pus de la inexistente neutralidad occidental, siempre cómplice de masacres, exterminios y asesinatos. Algunas escenas son de una brutalidad casi insoportable y, debido a la forma de rodar de Calparsoro, también hipnótica. Ha tenido un par de cojones y/u ovarios para hacer lo que ha hecho en un país como éste. Esto se merece nuestro reconocimiento. ¡Ay! que verla. Duele.

Marcel Carné: Teresa Raquin. Maravillosa adaptación de la novela homónima de Emile Zola en la que constituye una película triste y sombría como pocas, donde la fatalidad, el amor desesperado, la soledad y la tragedia se dan cita en una sinfonía del dolor perfectamente orquestada por el autor francés. ¿Puede el amor redimirnos de nuestras propias miserias, egoísmos y miedos más profundos? Tal vez sí, tal vez no. Quién sabe. La ambigüedad hace acto de omnipresencia y se transforma en parte constitutiva del carácter y evolución de los personajes centrales de la historia: un Raf Vallone con la contundencia y dureza apropiadas, una Simone Signouret hermética, bella y triste, un chantajista impagable cuya socarronería e ingenuo escepticismo son el mejor hallazgo de la cinta. Alta calidad dramática para uno de los filmes preferidos, y con razón, del maestro Kurosawa. Muy Buena.

Paco Plaza: El segundo nombre. Muy notable primer largo de Paco Plaza basado en la novela del escritor Ramsey Campbell ("Los sin nombre" también era suya). Un ejercicio de suspense fundamentado en una austera puesta en escena, una narración dosificada con inteligencia y un desenlace "in crescendo" realmente conseguido y aterrador, pero fundamentalmente coherente tanto con la evolución de la historia cuanto con la propia psicología mostrada por los diferentes personajes. También está llena de referencias bíblicas con una interesante aproximación al fenómeno de la enajenación provocada por la dogmática religiosa llevada hasta sus últimas y fanáticas (además de fantásticas) consecuencias. Fenómenos culturales y cultuales sometidos a tensión y juicio crítico exento de moralinas cargantes. La fábula habla por sí misma. Paco Plaza parece haber sepultado la aberración de OT. A todos nos beneficia. Excelente.

Gerardo Herrero: Las razones de mis amigos. Magnífica cinta de Herrero basada en una novela de Belén Gopegui y centrada en sinsabores relacionales de corte posmoderno. Cuando los ideales de justicia y transformación social y sus abanderados de "izquierda" se convierten ineluctablemente en clase media acomodada, con tendencias a la teorización desprovista de cualquier implicación práctica, y hace acto de presencia un temor casi metafísico a la pérdida de poder adquisitivo, posición social, estabilidad económica o promoción laboral, entonces, ¿qué nos queda?, pues nosotros y estos personajes reales, de carne y sangre, con quien el espectador puede identificarse fácilmente y vivir a su través la miseria del desencanto, del conformismo, de la traición íntima a los propios valores y de la final abdicación moral frente al actual supermercado de la existencia, donde el dinero es el rey y la mentira su protegida. Un croché "de izquierda" que causa dolor e ilumina zonas oscuras sobre las que habitualmente preferimos no posar nuestra autocomplaciente mirada. Buena.

Mariano Barroso: Los lobos de Washington. Dignidad y ambición, honestidad y traición, temas eternos insertados a presión en una floja historia con interesantes momentos pero de escasa contundencia, justo la que se le debe exigir a una trama que pretende hablar con dureza y realismo de tales cuestiones. Los actores cumplen a la perfección, sobresaliendo el estupendo trabajo del gran Javier Bardem y la nerviosa composición de Eduard Fernández. También la interpretación Ernesto Alterio raya a gran altura, al igual que el impecable trabajo de Pepe Sancho. Aun así, prescindible.

David Lynch: Corazón Salvaje. Mi dilecto Lynch, uno de los directores preferidos del Rincón, nos regala una nueva inmersión en su particularísimo universo hiperreal, poblado por extrañas criaturas, asociaciones oníricas, oscuras tramas, violencia estructural y sexo desestructurador. La percepción racional se ve pronto desarzonada por una propuesta alegórica e inquietante, angustiosa en determinados instantes, con toques de humor negro y hasta gore accidental. El villano que construye Willem Dafoe es sencillamente inolvidable. Junto a Bobby Perú y Marcelo Santos (¡qué grandes creaciones!), un Harry Dean Stanton extraordinario, un Nicholas Cage "elvizado" siempre interesante y la flaca Laura Dern más sexy de lo habitual. Lynch jamás defrauda. Vista una segunda vez gusta más que la primera. No es "Mulholland Drive", desde luego, ésta se queda simplemente en Buena.

Charles Chaplin: El gran dictador. Qué puedo decir que ya no se haya dicho con relación a una obra que no sólo es cine sino que inventa propiamente el cine, creando sintaxis y escuela, regalando al espectador una despiadada sátira, que es crítica lúcida y corrosiva, acerca del poder concentrado en la manifestación visible de un Estado Totalitario: la figura patética y terrorífica del "dictador". ¿Ejemplos? Hitler, Stalin, Franco, Castro, Napoleón, César, [San] Pablo... cualquier época es buena para someter la decisión colectiva en beneficio de unos pocos, para ejercer la manipulación, la tortura, el engaño y el asesinato, para matar y mentir. Este genio incomparable, este creador total, este hombre que fue digno, valiente, comprometido e inteligentísimo, allá por el año 1940, cuando todavía muchos miraban a otro lado tratando de no ver la barbarie nazi dentro y fuera de la propia Alemania, este personaje inmortal ejerce de lúcido visionario y profetiza la catástrofe, lanzando al mismo tiempo un último reclamo de paz y cordura, bello último discurso que hoy suena a ingenua esperanza, pero que conmueve profundamente debido a la singular fe en el género humano que animó la figurada, por inversión, palinodia del gran dictador. Maravilloso desenlace para un filme clásico y eterno, fresco y joven, tan actual, divertido y sobrecogedor como lo fue en su momento, con escenas inolvidables que ya forman parte de nuestro imaginario colectivo y un humor desenmascarador capaz de producir sonrisas y lágrimas, de las de verdad. Absoluta Obra Maestra. Gracias Charlot.

   Y ya os dejo una vez más, sé que algo compungidos por no poder continuar nuestro particular diálogo lunático (de lunes), pero con la esperanza puesta en ese libro que os está esperando, en esa mujer que os adora en silencio, en ese hombre robusto que se conmueve en la intimidad con vuestros susurros de amor, en ese vuelo imaginativo hacia la eterna felicidad, en ese sueño imposible, en ese amante furtivo que nada sabe de vuestra oscura pasión, en esa melodía que despertará vuestra olvidada sensibilidad, en esa carta (continuaré con Sánchez Dragó y su epístola al Papa) que revelará las ocultas intenciones que albergáis, en esa lectura que despertará el ingenio dormido (el guionista Jean-Claude Carrière es excepcional para cumplir ese objetivo), en esa fábula que animará la curiosidad que ya os aguijonea (¿algún cuento de Joseph Conrad? Siempre bueno), en esa entrega desinteresada difícil de encontrar, en ese jardín otoñal donde las hojas arrastradas por el viento no se conviertan finalmente en fragmentos inútiles de las incontables vidas anónimas sepultadas bajo el despótico manto de la Historia. No es el caso del gran James Coburn ("La cruz de hierro", "Mayor Dundee", "Aflicción", etc.) , un actor extraordinario que nos abandona definitivamente. Se queda con nosotros su rostro de duro y algunas interpretaciones de ensueño (merecidamente oscarizado por la magnífica "Aflicción" de Paul Schrader). Nos veremos...




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Fecha de publicación: 2002-11-25 11:17:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1666 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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