Una semana más arrebatado interiormente por pensamientos que ya indiscutiblemente me conectan con un suceso maravilloso que irrumpirá en nuestras vidas como una impetuosa y dulce tempestad. Muy pronto habremos de realizar un paréntesis en nuestra producción cultureta y, aun a riesgo de parecer algo afectado, mi corazón os hablará de los sentimientos que la feliz causa de tal hecho me provoca.
Mientras escucho casualmente el bellísimo y sereno Laudate Dominum para soprano, cuerdas y bajo continuo del maestro Wolfgang Amadeus Mozart, maravillosamente dirigido por Claudio Abbado en el emotivo memorial que se le dedicó en la catedral de Salzburgo al tristemente desaparecido y eternamente polémico Herber von Karajan (1908-1989), me acuden a la mente algunas reflexiones sobre los curiosos fenómenos entrelazados, a veces indistinguibles, en otras absurdamente contrapuestos, de la amistad  sincera y la admiración no del todo confesada. El honor, la lealtad, el afecto incondicional, la vanagloria y la prez, los celos, la envidia, el rencor y la reverencia íntima constituyeron sin duda el núcleo atómico del doloroso y oscuro conflicto que enfrentó a dos personalidades enormes, dos grandes genios patrios, Luis Buñuel y Salvador Dalí, cuyos egos electrizados giraron en torno a la negra atracción de ese magma emocional atravesando con su desavenencia una importante franja temporal del siglo pasado. ¿Una posible secuencia?
En el año 1930, y como consecuencia del rodaje de “La edad de oro” por Luis Buñuel, el pintor surrealista se percibe excluido de lo que considera una suculenta financiación económica para el que acabaría convirtiéndose en un filme mítico dentro de la carrera del cineasta. Pero lo más desconcertante es que recientes investigaciones documentales han arrojado nueva luz sobre la disputa al desmentir la casi nula participación en el proyecto que venía atribuyéndose a Salvador Dalí desde hace muchos años, demostrando sin embargo que lejos de lo que se pensaba, y a partir del pormenorizado análisis de determinados hallazgos, Buñuel sí utilizó material aportado por Dalí para rehacer ciertos fragmentos de su guión.
Más. En 1932 Dalí en una nueva carta a Buñuel acaba reprochándole con dureza que se haya apartado finalmente de los supuestos surrealistas que ambos habían compartido, sobre todo en aquella maravilla simbiótica entre sus dos talentos llamada “Un perro andaluz”. Y por ende en el año de 1934 sucede algo gravísimo. Buñuel, movido por un creciente alejamiento y una progresiva aversión en contra de su antiguo amigo, suprime a Dalí de los créditos cuando se repone precisamente aquella película en París, motivo por el cual el pintor catalán amenaza seriamente al director con poner todo el turbio asunto en manos de un abogado.
La historia presenta todavía más oscuros recovecos ya que en febrero de 1937 Dalí se dirige a Hollywood armado de multitud de ideas y no menos cantidad de proyectos, en busca de los que él consideraba los tres pilares surrealistas de la industria cinematográfica del momento: Harpo Marx, Walt Disney y  el maccarthysta Cecil B. De Mille (¿influiría algo su imagen en el giro fascista del creador nacido en Figueres? Desconozco si con este último (muy cínico su cameo en “El crepúsculo de los dioses” de Wilder) llegó a proyectar algún trabajo de mutua colaboración, pero tal cosa fue la que, sin lograrlo con éxito, intentó de hecho llevar a la práctica con los hermanos más marxistas de la historia del cine (retrató a Harpo tocando un arpa y pensó en filmar “La mujer surrealista”), y más tarde con Disney, que finalmente hubo de suspender el proyecto de “Destino”, corto al que la Academia no supo otorgar un Oscar a la mejor cinta de animación tras su recreación en 1999 (¡increíble!) .
Para cerrar este sombrío círculo, fue Buñuel en 1939 quien no tuvo más remedio que pedir dinero a su ex-camarada ya que en esos momentos atravesaba una complicada situación financiera. Dalí se lo negó.
¿Acaso pretendió mucho más tarde convencer el propio Dalí a Buñuel para que otorgase vida cinematográfica a su guión de “Babaouo”, a la postre rodada en el año 1998 por el realizador español Manuel Cussó-Ferrer…?
Como si de alguna manera tratara yo imaginariamente de desfacer el entuerto decido recrear en mi mente una colaboración que jamás hubo de truncarse, y utilizo para ello una  banda sonora temporal a la que Ella me dirige portando en su seno el más preciado y dulce fruto de la vida. Para ello nada menor que ponernos en  marcha y tratar de asistir a uno de los maravillosos conciertos incluidos dentro de la programación del XVI Festival de Arte Sacro dentro de la Comunidad de Madrid. También gracias al apoyo y colaboración del Ayuntamiento de Getafe y su Diócesis por fin es posible contar dentro de esta maravillosa ciudad, que por cierto ya posee un equipo de fútbol de enorme categoría nacional, con un concierto inolvidable a cargo de La Capella Pratensis, un conjunto vocal especializado en polifonía renacentista. Se trata, como plato fuerte del regalo musical que nos ofrecen, del Stabat Mater del maestro Josquin Desprez (1440-1521), una verdadera obra maestra que viene acompañada de un excelso programa de polifonía del Renacimiento que no tiene desperdicio: varias Salve Regina compuestas por Philippe Basiron (1449-1491), Pierre de la Rue (1460-1518) y el propio Josquin Desprez, y varios cantos dedicados a la Virgen María (dentro del oficio litúrgico marial de los Países Bajos en tiempo de Pasión conocido como “alabanza”) entre los que destacan el Alma Redemptoris Mater de Johannes Ockeghem (1410/20? – 1497) y el Ave Maria también del maestro Desprez.
El programa resalta especialmente el gran trabajo que de nuevo Desprez realizó al musicar un poema marial perteneciente al gran poeta del Renacimiento Angelo Poliziano (véase Arqueología de un Viaje: Espíritu Renaciente). Una delicia sublime que nos envuelve hasta dejarnos literalmente sin aliento, en silencio, con las manos acariciando el enigmático seno donde se obra el milagro de la procreación.
Es precisamente esa misma luz de amor y belleza la que contemplo en las límpidas miradas que padres tan capaces, inteligentes y sensibles como Mario, Ruth y Agustín -en una reunión donde sus respectivos “Davides” nos sirven para visualizarnos en futuro muy próximo a quienes obraremos de educadoras figuras de referencia para nuestros propios retoños-, cuando depositan todo su cuidado sobre esa tierna y frágil esencia que forma parte de su propio Ser.
Telúrica filiación de la carne. Lazos surgidos de la profundidad de los tiempos. Asombro. Misterio.
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Fecha de publicación: 2006-03-21 01:03:55, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1330 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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