[ESCENA 1] Sobre la producción de arte. El artista actual, sea eso lo que sea o cualquier otra cosa, trabaja con un plan bien delimitado con el único objetivo de provocar asociaciones, no importa demasiado cuáles, acerca de los objetos que presenta al espectador o al entendido en la materia (papeles intercambiables y extensibles, pues la materia del arte es hoy inasible y correosa), en la esperanza bien fundada de que a partir de esas conexiones azarosas se provocarán nuevas iteraciones narrativas para otorgar una capa de sentido a aquello que no lo tiene porque podría presentar cualquier significado, el que fuera, por muy atolondrado o inverosímil que pudiera llegar a resultar. El arte ya es narrativo en su íntima esencia porque no puede ser otra cosa. Desterrada la belleza como código solo queda producir un discurso sobre la nada.

 

[ESCENA 2] Sobre la captura de sentido. Caminamos en solitario en medio de un mundo que no comprendemos demasiado bien. Nombramos cosas para entender cómo se comportan pero en realidad solamente es posible llegar a su significado a través de las relaciones infinitas que mantienen con elementos ocultos de la realidad. Pero nos afanamos en tan vano intento. Y ese es el verdadero sentido del sinsentido. Tener la sensación de haber capturado la Inteligibilidad de la materia apretando con intensidad un puñado de arena.

 

[ESCENA 3] Sobre el comportamiento de las masas. La gente, y más si se desindividúa inmersa en la emoción alienante de la masa, vierte su frustración sobre lo que considera obstáculos a sus legítimas (lo sean o no, la masa lo percibirá así) pretensiones. Ahí no cabe la reflexión ni los términos medios, o conmigo o contra mí, o eres bueno o eres villano, nosotros sí pero ello no, etc. Compensa el sentimiento extático de comunión universal y destino compartido, que obviamente se disuelve rápidamente una vez concluida la reunión, pues los lazos son de carácter fundamentalmente libidinal, oportunamente sublimados. En casos extremos, muchos de sus líderes acabarán transformados en nuevos sacerdotes del orden al terminar ocupando los lugares de poder por los que experimentaban al mismo tiempo repulsión y fascinación (esto admitido o no a nivel consciente). Y vuelta a empezar. A todos los creyentes en su inmarcesible virtud, convencidos de que ellos jamás exhibirían conductas abyectas y reprobables en otros miembros del grupo, convendría recordarles los resultados arrojados por el legendario experimento psicosocial que Zimbardo llevó a cabo en la cárcel de Stanford. La importancia de los roles sociales que nos asignan y nos autoasignamos es mucho más determinante de lo que cualquiera estaría dispuesto a admitir en su propia vida. Basta con mirar alrededor. La ideología, cualquiera, puede negar los hechos, rechazarlos, ocultarlos, obviarlos, inspirarse en ellos, tomarlos o no en consideración, manipularlos, desmentirlos, etc. Pero haga lo que haga con ellos, no podrá jamás eliminarlos, será siempre su envoltorio, su “wrapper”.

 

[ESCENA 4] Sobre la lógica de los objetos. El problema estriba en la sensación de plenitud que para mucha gente proporciona la posesión del objeto: si poseo algo considerado socialmente valioso, adornado además de forma imaginaria por un halo muy cool, entonces valgo para los demás y para mí mismo; en caso contrario, no. Determinadas marcas de alta tecnología han logrado la cuadratura del círculo: vender diferenciación y superioridad existencial a través de la uniformidad más absoluta y asentada en valores tan detestables como los que gran parte de sus consumidores dicen combatir.

 

[ESCENA 5] Sobre la crítica del crítico. Cuando el crítico afirma no haber comprendido bien la obra del criticado opera con ello una sutil maniobra que le pone a resguardo de la posible crítica del lector de su crítica, o de otro crítico de la misma obra, de tal manera que el resultado viene a ser siempre el mismo: si no lo he entendido bien es sencillamente porque: a) es usted, autor, un mal artista, o b) es usted un artista reseñable pero oscuro e inabordable y tal vez por ello, y gracias a ello, esté escondiendo su verdadera vacuidad de sentido, pero en ningún caso c) soy un analista mediocre al que le es imposible abordar la esencia de su obra. El crítico parte ineludiblemente de una superioridad supuesta sobre artista y obra: Si lo comprendo, o como mínimo puedo interpretarlo con cierto sentido, y además me gusta, entonces es bueno.

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Fecha de publicación: 2012-10-30 05:10:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 866 veces)   (a 2 personas les ha parecido interesante)
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