Una semana más de aproximación hacia un maravilloso objetivo que no es meta sino principio, no final sino comienzo, el despertar a una vida que habrá de estar signada por la entrega mutua, la comprensión, el cuidado abnegado y el arrebato diario. Al acariciar su delicada piel nos hallamos de pronto a borde de un mágico queche realizando una suntuosa travesía a lo largo de un tiempo sin espacio y que sólo a nosotros dos nos pertenece. Apoyados en las jarcias, con la vista dirigida a un horizonte definido mediante una roja línea crepuscular, nuestros pensamientos entran en una sincronía perfecta convirtiéndonos en olvidados idumeos habitantes de nuestro propio universo histórico. Recorremos ahora un multitudinario mercado y nos detenemos en numerosos tabancos cuyos ofrecimientos atraen nuestra atención durante breves instantes. La felicidad es total. Cualquier istmo corpóreo o emocional ha desaparecido por completo, dejando paso a una comunicación sibilina casi perfecta. Pequeños porteadores pasan deprisa a nuestro lado alzando con maestría singular funcionales angarillas de seda. Nos abandonamos a ensoñaciones apasionadas y disfrutamos las excelencias vocales de Lou Gramm en su particular aventura musical llamada Shadow King. La guitarra de Vivian Campbell se aparea deliciosamente con el dulce temblor lumínico que danza imparable por encima de nuestras figuras hasta configurar una reluciente y maravillosa corona de filigrana. He de tocarla, he de contemplarla, he de presionarla: PUSH IT BEYOND:

Santiago Gutiérrez Ruíz: Mensaka. Más que interesante película basada en la novela homónima de José Ángel Mañas ("Historias del Kronen"), y que se ocupa con acierto de realizar un diagnóstico desesperanzado y a todas luces realista de una situación vital perfectamente reconocible en cualquiera de nosotros, seres inmersos en una vorágine urbana, apresados por la rutina, el tedio, y los sueños incumplidos, que miran hacia atrás tratando de hallar el rastro perdido de los grandes proyectos de transformación socio-individual anhelados, y que la más de las veces se hallan con el reflejo de la propia asunción de una derrota, llamémosla así, suave. El filme tiene además el acierto de no olvidar la violencia inscrita en el personaje más adolescente como forma de reacción contra la maquinaria de la conformidad, que por supuesto termina triunfando en lo que es un final realmente conseguido y eficiente, pleno de tristeza y escepticismo. Gustavo Salmerón está perfecto en las entrañas de un superviviente que lucha por "no ser cortado como las demás patatas fritas", y destaca especialmente un lúcido e introspectivo Tristán Ulloa inmerso en una desgarradora y fracasada historia de piedad. Los sueños de autenticidad son aplastados por el peso de una hegemonía mercantilista fría y todopoderosa. Lo que a todos nos espera. Buena.

Pedro Almodóvar: Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. El primer gran éxito comercial del genio manchego supone una experiencia renovadora y refrescante, políticamente incorrecta que ahora se diría, ofreciéndonos con voluntaria desvergüenza, medida provocación y ánimo combativo un fresco a la vez surrealista y profundamente real de un Madrid 80 s tomado por el desenfado, la horterada inconsciente, el tedio de una perversidad omnipresente, la ambigüedad sexual y la frivolidad más decadente que uno pueda imaginar. En este terreno abonado crecen tres caracteres entre femeninos y andróginos que conducirán al espectador hacia la frontera del sarcasmo ácido, la irreverencia kitsch y un mal gusto antiglamouroso convertido durante un breve periodo de tiempo en transgresora norma de lo normal. La "lluvia dorada" practicada por Alaska a Eva Lindo no tiene precio. El tiempo ha pasado por esta singular obra sin que haya perdido un adarme de su descarada frivolidad. Como suele ser habitual en el maestro, imprescindible.

John Frankenheimer: Los jóvenes salvajes. Excelente realización del siempre interesante Frankenheimer, más si cabe por contar con la colaboración actoral de ese grande entre los grandes llamado Burt Lancaster, una animal escénico capaz de afrontar con extrema solvencia cualquier papel caído en sus manos o directamente buscado (era un hombre de enorme curiosidad intelectual) por él mismo. En esta ocasión se mete en la piel de un ayudante de Fiscal General con la desagradable tarea de ejercer la acusación de asesinato voluntario contra tres jóvenes italianos y marginales del West Side. El arranque del filme es espeluznante, cuando asistimos al acuchillamiento de un joven portorriqueño ciego aparentemente indefenso, también asiduo colaborador, como luego se desvelará progresivamente, de la banda portorriqueña comandada por un jefe admirador de Picasso. La comunidad hispana reclama venganza y el Fiscal tratará de conseguir para los tres presuntos asesinos la penal capital. Lancaster lo tiene claro: los jóvenes son absolutamente responsables de sus actos y habrán de pagar con su vida por el brutal acto cometido. Pero poco a poco se irá aproximando a otra verdad, la que emana de su propia genealogía (él también proviene de inmigrantes italianos), de un ambiente marginal que se alimenta del odio, la rabia y la violencia, y que es capaz de provocar un temor estructural y un hambre de venganza contra el sistema, y cuya única salida además es sólo el acto violento de carácter espasmódico, reflejo, catártico y compulsivo, absurdo y sin sentido u objetivo premeditado. Entenderá que la problemática es mucho más general de lo que en un comienzo había supuesto y se comprometerá en la búsqueda de una justicia falsamente reparadora, pues en realidad descubre la clara responsabilidad de una sociedad racial e intolerante en la base de la lucha de bandas o clanes, únicos organismos capaces de otorgar una identidad comunitaria a jóvenes baqueteados sumidos en la ignorancia, la frustración y el miedo. Desenlace, pues, profundamente ético sin caer en lo moralizante, que nos regala esta excelente muestra de cine reflexivo y social. Muy Buena.

Simon Wells: La máquina del tiempo. El bisnieto del propio H.G. Wells es el encargado de ofrecer una nueva versión cinematográfica del estupendo relato, que ya fuera llevado al cine con acierto en 1960 por George Pal en una versión ganadora de un Oscar por sus efectos especiales y muy bien interpretada por el siempre competente Rod Taylor. Para esta ocasión el actor protagonista es el prometedor Guy Pearce (extraordinario en la turbia y alambicada "Memento"), metido en la piel del investigador que busca dar respuesta a su pregunta a través de siglos y siglos de aceleración espacio-temporal: ¿Puede alterarse el curso aparentemente inamovible del pasado? El problema de la cinta es básicamente su falta de convicción, el abandono voluntario del peso de la historia, de sus sugerentes recovecos reflexivos a favor de un espectáculo de brillantes efectos especiales, que sin embargo no pueden ocultar la preocupante vacuidad de fondo caracterizadora del conjunto, una historia que pierde progresivamente en fuerza dramática y potencia soñadora, ofreciendo como resultado un desenlace trillado y moralizante, a la vez que muestra un Jeremy Irons rozando el ridículo más absoluto (un actor como él no se merece un maltrato semejante). Se me ocurre a modo de compensación revisar la metáfora sociopolítica propuesta por el interesante secuestrador Gary Sinise sobre los Morlocks en la insufrible "Rescate". Mala.

Y ya os dejo una vez más, extasiado en la contemplación de una hermosa edición dedicada a fragmentos de autores estoicos, previendo un placer inigualable en la lectura de Ocnos de Luis Cernuda, sin olvidarme por cierto de las lúcidas memorias del gran Stephan Zweig en su tremendo "El mundo de ayer". Ambos continuamos nuestro particular viaje más allá de la pura contemplación física de los objetos; nos adentramos en el territorio de la mirada configuradora de un mundo, la metafísica de un punto de vista capaz de unir dos seres en uno, y cuyo alcance se reabsorbe misteriosamente al mismo trayecto que poco a poco nos aproxima al desvelamiento de un tiempo detenido en su mismo progreso inconsciente. He tenido que caminar a ciegas durante una eternidad para reconocerme en aquello que un día perdí y ahora recupero, he tenido que trascender las imágenes yertas de un universo de ficciones distractoras, he tenido que pasear contigo a través de mi fantasía para por fin hacer realidad mi sueño y entender en profundidad el enigma, he tenido que morir en mí mismo para renacer en tus brazos, he tenido que acendrar mi alma para definitivamente llegar a ser.

P.D.: La corruptela podrida y popular gobernará la Comunidad de Madrid. Menos mal que siempre nos quedará Clint. Ya sabéis, ahora en cine, recién estrenada, su última obra maestra "Mystic River". Será tema de exposición y debate muy pronto aquí en el Rincón. Enhorabuena a este mito viviente y toda una leyenda del séptimo vicio. El más grande después de mi adorado Chapi.

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Enigmas de salvación II
Fecha de publicación: 2003-11-03 11:24:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1204 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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Enigmas de salvación II

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