Una semana más azotado por más cuestiones imbricadas directamente en la problemática sobre la cuestión divina. Porque si gente tan ilustre como Alfredo Fierro ha desembocado en su larga trayectoria intelectual en una posteología que es en realidad una teoría de los cristianismos, una narratología sobre las infinitas historias de Dios, abogando por una cierta negatividad del silencio, entonces no tenemos más remedio que seguir reflexionando desde nuestra pequeña parcela de razón sobre la imposibilidad de articular un discurso evidente o demostrativo sobre la hipotética y problemática presencia divina en la Historia. Tal vez la revelación no haya sido sino que simplemente esté siendo, todavía por completar y concluir hasta la llegada por fin del Fin, del acabamiento absoluto del tiempo. ¿O no? ¿Es posible en consecuencia utilizar nuestra argumentación lógica para buscar aquello que públicamente se manifiesta en ausencia y cuya presencia más real hay que hallarla en la experiencia íntima de la conciencia? ¿Qué hacer cuando se vive desde hace tiempo con la certeza de que la Verdad es algo que vive situada más allá del dato histórico y que a la vez queda fundamentada en El Acontecimiento histórico del supuesto triunfo sobre la Muerte? ¿Cómo conciliar en deseo de Absoluto con la imposibilidad estructural del ser humano para lograrlo? ¿Es inevitable pues la soberanía triunfante de un apofático no saber? Cuestiones irresolubles tal vez y que terminan por desgastar la propia indagación que vehiculizan. Me dejo a estas alturas arrastrar por la visión de una luminosidad que de repente danza graciosa en mi espacio ocular interno y lo hago acompañado por el excepcional Stabat Mater del maestro Pergolesi, que dejó a sus 26 años varias obras maestras y cuyo legado deja traslucir esa particular alegría napolitana por la vida, ese ardiente impulso vital capaz de gastar una última broma ante la llegada inminente de la Señora Muerte. La tuberculosis no mostró compasión alguna y segó la brillante trayectoria del genio. Al alzar de nuevo la mirada, exhausto, descubro que un diminuto punto luminoso sondea mis oscuros pozos retinianos y no puedo resistirme a la tentación de atraparlo. Su halo neblinoso no deja de perforar el centro de mi frente y se extiende a lo largo y ancho del cráneo conformando su carácter incierto a partir de su etéreo légamo fotónico. Ha llegado el momento de establecer contacto con esta indescifrable representación. PUSH IT AURA:

Manuel Gutiérrez Aragón: Visionarios. Los extraños sucesos acaecidos en el pueblo guipuzcoano de Exkoiga antes del comienzo de la infernal guerra civil española y referidos a supuestas apariciones de la Virgen a unos ciertos "elegidos" son muy mal utilizados por el realizador cántabro para reflejar todo el misterio y la odisea existencial que rodea a unos personajes marcados por el oscurantismo de una época en que el pueblo llano habitaba un entorno natural plagado de ignorancia y superstición. Los mecanismos psíquicos de gestación de las visiones sólo son puestos en perspectiva clínica de un modo burdo y hasta grotesco, excesivamente simple en cualquier caso, y tampoco el contexto social de potenciación de las alucinaciones, sin duda entreverado con identificables intereses políticos de marcado carácter reaccionario, ayuda excesivamente a comprender la constelación de factores capaces de estructurar esas apariciones dentro de un discurso claramente ideológico. Existe como una especie de pudor reverencial frente al fenómeno que trata de analizarse y esta situación acaba por transformar el interés inicial en el personaje femenino central (muy desdibujada la bella Ingrid Rubio) en tedio manifiesto al contemplar estupefactos como la visionaria estanca incomprensiblemente su introspección emocional y se convierte en un máscara plana sin recovecos ni profundidad anímica. Tampoco Eduardo Noriega le ayuda demasiado con el necesario autoanálisis y su creación, puro esquematismo racional, termina por convertirse en un anuente espectro tan fantasmático como las encarnaciones imaginarias representadas interiormente por su amada. Una lastimera visión. Mala.

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El Aura
Fecha de publicación: 2004-10-29 16:58:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1272 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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