Semana de Noche Buena, sea buena o no la noche, donde nos disponemos a celebrar la venida al mundo del Vació anterior a toda Forma: Cristo, Krishna, Buda. Sí, digo bien, porque todo es lo mismo para la auténtica religión esotérica (no exotérica: ver Ken Wilber) que no manipula o tergiversa o directamente miente como suele hacer sin pausa y desde hace milenios la Diabólica Iglesia Católica. A cuya sombra, eso sí, florecieron grandes compositores de la talla de un Giovanni Pierlugi da Palestrina (1525-1594), un Heinrich Schütz (1585-1672), o un Tomás Luis de Victoria (1548-1611). Con ellos alcanzo un cierto estado extático mientras contemplo el interminable rimero de libros que se acumulan a la espera de ser recolocados, reubicados, releídos. Me aplico la "Inquisition Symphony" de Apocalyptica, un poco de "Live and Funky" a lo Pee Wee Ellis y repito con Nickleback mientras doy un salto de 180º simulando un toque compulsivo de guitarra. Ni un pelo se agita, no al menos de la desértica testa. Mi frente está perlada con el sudor del baile solitario y recuerdo con tristeza el bochornoso karaoke empresarial del que fui testigo, me retiré afortunadamente con la celeridad que la francachela demandaba, el viernes noche. El ojo público aplicado en la exacerbada teatralidad de una artificiosidad asfixiante, sólo soportable por la veracidad de personas íntegras de la misma opinión que éste vuestro singular taquimeco (gracias Domingo, gracias Alfonso). La imaginación se dispara, duele, se acelera, el dedo ya se mueve nervioso, busca su sitio. Presiona por sí mismo. Play:

Roman Polanski: El pianista. Bien hermanos y hermanas culturetas, estamos ante una obra ejemplar, una tremenda película de esas que aparecen muy de tarde en tarde en nuestras amadas pantallas españolas, y ésta lo hace ahora tras haber ganado merecidamente el prestigioso festival de Cannes y recabar aceptación y múltiples elogios por parte de toda la crítica especializada. Y no es para menos. Basada en las confesiones autobiográficas del pianista Wladyslaw Szpilman, la película de Polanski supone una inmersión directa en el horror perpetrado por el nazismo en Polonia durante la Segunda Gran Guerra, focalizado en el exterminio deliberado de más de medio millón de judíos en el ghetto de Varsovia entre 1941 y 1943. Polanski también es un testigo superviviente de aquel terror y ese hecho se palpa en la poderosísima sensación de veracidad y realismo que impregna todo el metraje, especialmente la primera parte del filme. A media que Szpilman (un prodigioso Adrien Brody) es progresivamente despojado de todo cuanto constituye su universo de relaciones familiares y personales, escapando casi milagrosamente de la deportación a Auschwitz, Polanski lo acompaña en un viaje oscuro y desolador hacia las mismas entrañas del dolor, donde la soledad absoluta y el hambre se convertirán en monstruosas compañeras de camino, y del que únicamente podrá evadirse espiritualmente mediante la eterna y constitutiva condición de artista que le acompaña. Porque esta hermosa y desgarradora película es uno de los cantos más austeros, comprometidos e incondicionales que puedan realizarse al poder redentor y humanizador del arte como único y último asidero, cuando el infierno por fin se ha hecho aquí en la Tierra, para no caer definitivamente en las garras de la aniquilación total. Qué gran momento, qué lirismo trágico y renovador el de esa perfecta ejecución al piano mientras el oficial nazi comprende que más allá de su visceral e irracional odio racista, esa belleza que está percibiendo le une de algún modo extraño a ese ser al que, a pesar de continuar despreciando, ya no puede seguir catalogando de infrahumano. Poderosa, emocionante e inolvidable historia la que nos ha regalado este singular cineasta que firma hasta el momento su obra indiscutiblemente más perfecta. Sin duda alguna, una auténtica OBRA MAESTRA.

Michael Powell y Emeric Pressburger: Las zapatillas rojas. Este revalorizado tandem de directores nos presenta esta producción de 1948 realmente interesante, con el atractivo añadido de poder disfrutar de una tragedia fatalista espejeada en su desdoblamiento literario y enmarcada en coreografías musicales de alta calidad técnica. Si bien los actores no son cosa del otro mundo, son de éste, realizan su trabajo con la suficiente competencia como para mantener la atención elevada en todo momento, ejerciendo una labor preparatoria del gran espectáculo representado y que da título a la cinta, así como una suavización de las situaciones previsibles que, aun siéndolo, se integran perfectamente en un doloroso desenlace, que no por más lógico resulta menos brutal. El embrujo enigmático y mortal de la danza cristalizado en las perversas zapatillas rojas tiene el poder de disparar nuestra imaginación más metafórica. El conjunto se ve con agrado y se disfruta con creciente satisfacción (he de confesar que en esta segunda ocasión la cinta me ha convencido mucho más que durante mi primer visionado). Interesante.

Carlos Balagué: Mal de amores. Lástima que una historia planteada como una aproximación al lado más oscuro y posesivo del amor, presumiblemente tachonado con los subterfugios de la traición, se convierta casi desde su inicio en un esperpento infumable exento de cualquier interés o calidad, con un trabajo actoral superfluo y desagradable para el sufrido espectador, que verá acrecentar progresivamente su furia en directa proporción a las ridículas interpretaciones de Ángela Molina y Juanjo Puigcorbé, absolutamente desaprovechados y fuera de lugar. El autodoblaje provoca sonrojo. Muy mala.

Christophe Gans: El pacto de los lobos. Película de corte fantástico pensada y realizada como un puro y vacuo ejercicio de estilo ambientado la Francia del siglo XVIII, época y lugar que servirán de marco para un enfrentamiento "kung-fu-ciano" (nada que ver con Confucio), muy matricial, entre los valedores de las luces de la razón y las fuerzas oscurantistas ancladas en preceptos más medievalistas. Lo que en teoría es un buen material conceptual queda transformado en banal espectáculo de saltadores de pértiga y desemboca en un bochornoso desenlace capaz de hacer saltar las lágrimas de pura indignación: así es de insultante para inteligencia y buen gusto. Lo único rescatable es el encantador y rijoso culo de Monica Bellucci. Patética, patética, que diría el gran Chapi.

Clint Eastwood: El jinete pálido. Veo por n-sima vez este extraordinario western de uno de los más grandes realizadores contemporáneos y el resultado es de nuevo magnífico. Una obra que puede contemplarse como precursora en ciertos aspectos, preparatoria en otros, de la que sin duda es y será siempre su obra maestra, el clásico "Sin Perdón". En esta ocasión el maestro Eastwood nos regala una historia violenta y extrañamente apocalíptica centrada en la fantasmagórica aparición de un pistolero solitario que se convertirá en brazo ejecutor de una justicia casi bíblica. Su hieratismo, la cuidada estética, el análisis de las subterráneas corrientes de emocionalidad incontenible, la crueldad manifestada en secuencias memorables, todo ello hacen de este filme un western opaco y crepuscular a la altura de las mejores creaciones del género. Grande, muy grande Clint. Buena.

Vittorio de Sica: Dos mujeres. Año 1943. Roma es un infierno bajo los continuos bombardeos de los aliados. Cesira y su hija deciden huir hacia Santa Eufemia, un pueblecito agreste donde esperan hallar un reducto de paz. Este es el punto de partida de esta conmovedora y magistral historia dirigida por el gran De Sica y excelentemente protagonizada por una prodigiosa Sophia Loren. El amor aparecerá en forma de idealidad imposible en el corazón de un jovencísimo Jean Paul Belmondo, mientras se nos muestra una crónica veraz, impregnada de una dureza realista y sombría, de una época y sus atemorizadas gentes, hombre y mujeres que ejercieron la cobardía, la colaboración con el horror, la delación o el heroísmo según el carácter individual y las presiones ambientales de diferente signo. Un estudio sobre la maternidad y la iniciación al lado más oscuro de la vida a través del dolor máximo experimentado en lo más íntimo del ser. Muy Buena.

Wong Kar-Wai: Deseando amar (In the Mood for Love). Si un director se propone el reto de lograr una obra que conjugue magistralmente delicadeza, belleza, lirismo, poesía, refinamiento y un análisis portentoso de las emociones más sublimes, ¿qué podría obtener como resultado si tal cosa consiguiera? Exactamente el título que nos ocupa. Realizando un despliegue de virtuosismo fílmico tras la cámara, este singular realizador chino nos regala una de esas joyas que surgen en el firmamento cinematográfico muy de tarde en tarde, adentrándose con elegancia y exquisitez infinitas hacia el fondo mismo de una relación marcada por el adulterio, el dolor, el deseo enlazado al temblor de la carne y la inexorable efracción de la memoria cuando está es puesta en la perspectiva del tiránico devenir. Es imposible rodar un final más hermoso, que cuente con una carga poética tan depurada y perfecta, ofreciendo una definitiva apertura al enigma de la vida, el Tiempo y la materia de que están construidos tanto sueños como recuerdos. Una maravilla deslumbrante donde es posible apreciar la sensibilidad extrema de un cineasta con un dominio expresivo y narrativo casi mágico. En esta segunda ocasión, la primera fue afortunadamente en la sala oscura, levité 15 centímetros por encima de mi última marca. Obra Maestra.

 

Ya me voy deseándoos a todos y a todas, mis amadísimos culturetas, una Noche Buena plena de buen rollo familiar, regalos múltiples, confesiones inconfesables, abrazos sinceros, besos con lengua, y amor, mucho, muchísimo Amor. Tal vez la lectura de una poesía de Luis Cernuda para culminar la velada, o un párrafo del Apocalipsis de San Juan, o un pequeño fragmento de "La Metamorfosis" de Franz Kafka o quizá una selección de "La presencia del mito" de Leslez Kolakowsi puedan haceros concluir una reunión inolvidable. Que la maldición del Papa (no él sino éste) no sea con vosotros / ni con tu Espíritu. / Podéis ir al Pub.



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Con la redención en los talones
Fecha de publicación: 2002-12-24 10:22:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1697 veces)   (a 7 personas les ha parecido interesante)
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