Una semana más marcado por el sentimiento de un absoluto inmerecido. Sí, en efecto, el hombre que se considera privilegiado es capaz de atacar su vida como si de un lienzo en blanco se tratara. Fabrica para ello sutiles efectos de modulación del color sobre la base de una cuidada yuxtaposición de los tonos, operando en realidad una ruptura de cualquier referencia a figuraciones externas o meramente convencionales. Se adentra entonces en el territorio de un puro expresionismo informal. Trabaja la luz disgregada convertida en color aglomerado y disecciona también el color liso, atravesándolo con haces imaginarios trazados de gis. Ese hombre ve aparecérsele la representación como contorsionada a través de unas variaciones infinitesimales de "tonos rotos". Y se deja llevar por los contornos... un nuevo propósito diagramático reinyectándose en la configuración visual convencional para transformarla, deformándola, en una novedosa creación pictórica. Un ocaso matizado de albero y gris, una mirada policromada, una caricia de albayalde: el bullicio de la expresividad adunado con la efervescencia incorpórea de lo táctil. Ella y yo extasiados frente a los óleos de André Masson en el Museo Reina Sofía, tratando de adivinar sus intenciones "mitocríticas" atravesadas por la Pulsión, la Naturaleza y la filosofía Zen. Las resonancias de las crípticas reflexiones de Gilles Deleuze sobre la pintura de Bacon en mi cabeza, las profundidades del esquizoanálisis teorizado por Félix Guattari en el horizonte de nuestros intereses, la belleza plagada de angustia en algunas obras para órgano del genial compositor alemán Max Reger (1873-1916: su idolatría de Brahms merecería un estudio por sí mismo) acariciando nuestra sensibilidad musical... todo nos sumerge en un placentero estado crepuscular en cuyo espacio psíquico danzamos al ritmo de unos misteriosos arcos de deslumbrante luminosidad cromática: PUSH IT PAINTING:

Stanley Kubrick: Eyes Wide Shut. Para muchos la última obra fallida del maestro Kubrick. Conclusión: muchos apenas si tienen idea de lo que hablan o no han llegado a utilizar las claves correctas para la lectura, no sólo cinematográfica (va mucho más allá), de esta sublime obra maestra. Basada en la inmortal novela de Arthur Schnitzler (autor, por cierto, predilecto de Freud), cuyo título "Relato soñado" ya comienza a mostrarnos desde qué coordenadas hemos de abordar la comprensión de la cinta, la adaptación efectuada por Kubrick traslada el escenario vienés de principios del XX a un mundo más actual y quizá para nosotros espectadores mucho más reconocible a nivel manifiesto, lo que no modifica en absoluto el planteamiento de base común en ambas creaciones: la exploración sombría y turbulenta de la fantasía anudada a las pulsiones que encuentran en ella un terreno abonado para su realización imaginaria.

Alice (hermosísima Nicole Kidman) es una mujer felizmente casada con el doctor William (guapo y atildado Tom Cruise) que en un momento de sinceridad desafiante confiesa a su pareja el deseo con que hace muchos años fantaseó a partir de una mirada cruzada con un desconocido. En ese instante y durante toda aquella noche se vio asaltada por un erotismo exacerbado capaz de cuestionar a nivel de su propio deseo toda la estabilidad representada por su vida familiar. Lo que verdaderamente le está transmitiendo a un perplejo Cruise es que existen parcelas pertenecientes a su deseo más íntimo que él no puede de ninguna manera imaginar, así que mucho menos colmar. Es decir, abre para su marido el abismo que supone el cuestionamiento de su propia identidad como hombre capaz de satisfacer por completo el deseo de una Mujer. Digamos que la Kidman le lanza este espeluznante interrogante a su esposo: ¿crees en serio que el deseo puede satisfacerse completamente y sin fisuras dentro de la realidad que tomamos por única y definitiva? A partir de ese momento el doctor William emprende un sombrío descenso a los infiernos de sus auténticos temores, que son los mismos deseos que en la caldera de su inconsciente pugnan por salir y expresarse. Con la hipótesis de que sí, en efecto, el deseo es susceptible de colmarse de un modo pleno y total se adentra casi como por casualidad en un mundo de perversión donde el erotismo hedonista deja paso cada vez más a un más allá del principio del placer, es decir, el ominoso territorio de la pulsión de muerte operando a través de una repetición obsesiva que finalizará en la comisión de un supuesto asesinato. La maestría de Kubrick en este punto es fantástica pues reviste el último trayecto existencial de los personajes con los ropajes de una investigación criminal que desemboca en ambos casos en la misma renuncia autoconsciente al conocimiento total del fenómeno. Las máscaras desaparecen entonces y la hórrida angustia experimentada por los dos cónyuges al explicitar unos deseos desconocidos por ellos mismos hasta ese instante (el sueño de monstruosa promiscuidad de Kidman o el voyeurismo perverso de Cruise) concluye en la aceptación dolorosa de una realidad inconsciente, imaginaria, fantasmática, pero al fin y al cabo real y determinante para las acciones de ambos y, sobre todo, con la decisión de mantener a raya ese mundo oscuro que de expresarse abiertamente les llevaría inexorablemente hacia la destrucción de su matrimonio y hasta de sí mismos. Por eso la realidad de la vigilia no es todo lo real y asimismo la realidad también se haya en el mismo núcleo del sueño. La coda no puede ser más apropiada: a partir de ahora será obligado cerrar los ojos de par en par. Cine tenso, profundo, enigmático y vibrante bajo un formalismo frío de obsesiva perfección. La esencia de Kubrick destilada en sabiduría incuestionable. Excelsa.

Y ya os dejo una semana más, en esta ocasión con la explícita recomendación de las "Notas Literarias" del gran pensador y músico Adorno (podréis adquirir poco a poco su obra completa en la edición Akal), la música convulsiva y poderosa del enorme Ozzy Osbourne en su rescatado No More Tears y finalizando con un documental maravilloso, humano, profundamente conmovedor, emocionante llamado "Balseros" de los españoles Carles Bosch y Josep María Doménech. Les deseamos lo mejor para el día de los Oscar. El rey ha retornado y nos hemos quedado tristes porque la saga ha concluido. Grande, épica, hermosa, El Retorno del Rey ha cerrado un círculo mitológico inimitable y nos ha dejado la certeza de que los grandes acontecimientos nos transforman de tal modo que la realidad, que es producto de nuestra construcción emocional, jamás podrá seguir siendo la misma. No importa si la actitud globalizada es más o menos munificente, si la venalidad política reina sobre la urbe anestesiada, porque el color de los sentimientos edificando la evanescente figura del Destino es siempre el salacot simbólico con el que recomenzar cada día nuestro propio relato heroico.

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Fecha de publicación: 2004-02-24 11:38:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1136 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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