Última entrega de vuestro adorado Rincón antes de comenzar unas bien merecidas vacaciones "para-sí". Esta aseveración algo enigmática me lleva curiosamente a pensar sobre el tema de los referentes imaginarios y simbólicos con los que tratamos una y otra vez de solventar el eterno e irresoluble problema del acceso a lo Real.
Hay algo profundamente perturbador en el arte fotográfico cuando es capaz de adentrarse en ese terreno tan resbaladizo y peligroso. Hablo entonces de la exposición del fotógrafo Andrés Serrano en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Su arte se nutre de claras referencias pictóricas, concretamente religiosas y específicamente barrocas. La retrospectiva nos acerca a sus emblemáticas series: La Morgue, Fluidos, Nómadas, Ku Klux Klan, América. Especialmente la primera me provoca una angustia oscura que hace que me precipite hacia la superficie en busca de aire más limpio. Por un momento la imagen ha dejado caer el vestido de lo simbólico y lo imaginario ha rozado la "Cosa". Su tacto es pútrido y viscoso. Es necesario huir.
Paso acto seguido a la retrospectiva dedicada a Sylvia Plachy titulada "De Reojo". Se trata de una especial poética visual que concentra en sus relámpagos visuales una extraña materia de realidad, o quizá no tan extraña puesto de lo que se trata aquí es de capturar el flujo de la vida mediante la captación de inusuales, habitualmente inadvertidos, retazos de realidad cotidiana. Miro y miro y mis particulares obsesiones me llevan una vez más a no dejar de atender a la importancia de la Memoria interpretada como la presencia real de lo inevitablemente Ausente. Por eso ejercitamos mejor la nostalgia con relación a nuestro pasado. La Nostalgia nos hace añorar algo que fue pero que definitivamente ha desaparecido porque no existe huella del Objeto. La pérdida se ve como inevitable, proceso del Tiempo, y por eso se hace más soportable.
La Memoria, que sin embargo se hace presente porque las huellas de lo que fue siguen aquí-y-ahora, es mucho más dolorosa para nosotros. Esto es así porque las marcas nos dicen que lo que fue podría haber seguido siendo de alguna manera, que en realidad es culpa nuestra, de la cadena de decisiones sucesivas que hemos ido tomando a lo largo del tiempo, el que la pérdida se haya consumado. La pérdida aquí se ve como condicionada, proceso del Hombre, y por eso se hace menos soportable. Nueva conexión. A mi mente acuden imágenes rodadas por quien sin duda es un de los más grandes cineastas en activo cuando el desafío demanda materializar en imágenes y sonidos el anhelo por aquello esfumado que jamás retornará al tiempo actual, "Nubes pasajeras" del maestro Aki Kaurismäki y una triste canción colocando banda sonora al vacío abisal de la existencia. Qué maravilla. Otra alianza más. ¿Por qué ahora las teclas de mis recuerdos son pulsadas por las mágicas notas de Mikis Theodorakis? ¿Qué extrañas asociaciones ocurren a través de millones de conexiones neuronales para engendrar inertes acontecimientos de sentido que son animados gracias a su constante interacción virtual?
Mi intención casi involuntaria es la de ofreceros a continuación un breve comentario sobre las profundidades escondidas en "Zorba el Griego". No he de ceder a mi tentación y pospondré tal evento para el retorno. Así que, sin más dilación, porque no quiero alargarme en exceso, retomemos todas esas últimas coordenadas reales, simbólicas e imaginarias, agitémoslas y preparemos el último cóctel cultureta, el de la Liga española de fútbol que acaba de finalizar con el tremendo éxito que ha supuesto para el Real Madrid la conquista de su trigésimo título de campeón inapelable.
¿Cómo es posible que haya sucedido? ¿Acaso el destino estaba especialmente vencido de parte madridista en esta ocasión? Conviene aquí especialmente la aseveración lacaniana según la cual "una carta siempre llega a su destino". Sólo el asombro que produce verse al final de una serie causal contingente le lleva a uno a interrogarse acerca de la existencia, de la posibilidad de existencia de una supuesta trayectoria cuyo resultado final culminaría en nosotros. Pero en realidad nos convertimos en destinatarios del acontecimiento especial cuando éste nos sucede, y a la inversa, no nos sucede porque seamos sus destinatarios especiales; de esta manera todo acontecimiento significativo siempre llega ineluctablemente a su destino.
Así ha sucedido precisamente a lo largo y ancho de esta emocionante liga de fútbol 2006-2007 a la que podemos calificar como mínimo de inolvidable. Cabría entonces preguntarnos si un equipo tan grande como sin duda lo es el Real Madrid ha sido particularmente favorecido por los designios divinos. La respuesta, como podréis adivinar fácilmente, depende de la perspectiva de visión adoptada. Desde un punto de vista circular y teleológico no tenemos más remedio que responder con un rotundo SÍ. La carta del éxito llega a su destino blanco porque el equipo merengue era su destinatario previo dentro del circuito enigmático diseñado por los dioses (politeísmo pagano) o Dios (monoteísmo sagrado) a secas, tanto da. Pero si la carta del triunfo siempre llega a su destino, y el destinatario se reconoce como elegido de los dioses o de Dios precisamente porque le ha llegado, entonces podemos desmontar la argumentación teleológica y apostar por una interpretación del fenómeno de carácter mucho más estructuralista. Claro que alguien podría pararse a pensar y hacerse/nos las siguientes observaciones:
Una. ¿Existe forma humana de comprender cómo puede ocurrir una sincronía tan improbable como la sucedida durante los mágicos/enigmáticos segundos de la penúltima jornada de Liga?
Dos. ¿Existe explicación lógica para las sucesivas remontadas llevada a cabo por los blancos en los tramos finales de partidos absolutamente decisivos para la suerte final del campeonato?
Tres. ¿Puede darse toda una constelación de fuerzas más o menos inconscientes operando en la sombra y determinando la fortuita dirección que haya de tomar la balanza del éxito o el fracaso?
Cuestiones todas ellas de complicada, por no decir imposible, resolución. Tal vez sólo exista un equipo en que sí nos sea dado detectar un cierto malditismo arrastrado sobre todo a partir de su última y ya lejana doble gran conquista interestelar: el inefable Atlético de Madrid, que cuenta con la inmensa fortuna y el impagable privilegio de contar entre sus seguidores y socios con una persona tan sabia, divertida, bondadosa e inteligente como lo es mi leal y querido amigo Antonio Fernández, siendo además un profundo conocedor de todos los secretos estratégicos y tácticos del arte futbolístico. Pues bien, él mismo estaría de acuerdo en criticar una serie de decisiones de muy difícil digestión funcional y mucho más atendiendo a los resultados finales obtenidos por el conjunto atlético. Por cierto, su pronóstico sobre el resultado (incluido el marcador) final de la contienda fue completamente exacto.
¿Realmente puede asumirse una actitud masoquista, contraproducente a todas luces, con el fin de perjudicar de forma palmaria y directa a un rival identificado con el propio Ideal Simbólico? ¿Es acaso una forma desesperada y suicida el tratar de desalojar, mediante un desplazamiento imposible, del lugar simbólico del Poder al ocupante ocasional que, sin embargo, es siempre visualizado como el Mismo? Posiblemente, porque más allá de las previsibles y nefastas consecuencias reales para el implicado lo peor son las consecuencias imaginarias que seguirá padeciendo por largo tiempo y sin esperanza alguna de cura. Nos encontraríamos así enfrentados con una actitud ciertamente reveladora a la que cabría calificar de "repliegue defensivo". Algo así como una escisión fetichista respecto al objeto de rivalidad continua, el Real Madrid, un reducto más que necesario para afrontar las horas bajas del propio equipo. Porque, ¿no es cierto que frente a la debacle madridista de los últimos años, cuando arreciaban las críticas desde todos los frentes imaginables, el Atlético decidió someter su cautelosa opinión a una sospechosa cuarentena con objeto de preservar (en algún enigmático sentido) intacta la reputación del enemigo? ¿No es tratado así el eterno rival como necesario fetiche sumamente útil para soportar una constante realidad reflectora de la propia incapacidad de logro? ¿No sería entonces de extrema urgencia habilitar un enfrentamiento directo contra los propios temores inhibidores de un conjunto lastrado por el peso de sus exigencias más profundas?
Sería también de gran interés indagar acerca del verdadero mensaje que el equipo colchonero ha ofrecido con su actitud de juego. Tanto para ellos como para cada uno de nosotros, efectivamente, "no hay metalenguaje", es decir, existe siempre un plus de sentido, reprimido, en el mensaje emitido con relación a un contenido que se desea significar. Y ese plus-de-significado retorna para informar de las verdaderas intenciones que se esconden tras la fachada inicial del mensaje emitido. ¿Qué es entonces arrojado a la cara del aficionado que asi(n/s)tió a un discurso de derrota voluntaria con el fin de perjudicar a un rival imaginario? Podríamos pensar también en una especie de "posición histérica" bien remarcada además por el aspecto trágico-teatral que asumen muchas de las manifestaciones derrotistas de dirigentes y futbolistas del club. Pero lo que importa realmente es que el equipo intenta inconscientemente adoptar un cierto papel de víctima, lo que sin duda le proporciona aquello que pretende negar a través de sus manifestaciones visibles: su interesada adaptación a una realidad victimizada a partir de la cual puede eludir responsabilidades y continuar chantajeando emocionalmente a gran parte de sus excelentes e incondicionales aficionados. El "histérico" se queja del abandono a que continuamente se ve sometido por parte del entorno cuando en realidad obtiene de él una serie de suculentos beneficios secundarios, no siendo el menor de ellos la huida de un éxito eternamente demorado. Resulta entonces tremendamente paradójico el hecho de que el equipo habitualmente tildado de "sufridor" apunte continuamente al logro de su Deseo (el triunfo definitivo) sin querer pagar ningún precio rotundo por ello (el sacrificio). Un mal no exclusivo dizque del equipo blanco y que éste ha sabido solucionar a lo largo de esta temporada. Es como si al Real Madrid en algún momento alguien le hubiera lanzado un señalamiento acerca de ese detalle en el que se articulaba todo su reciente discursividad de fracaso, como si le hubieran dicho: ¿Te das cuenta ahora? ¿Acaso no eres consciente de que precisamente eso resume a la perfección toda la línea de tu fracaso, y que a partir de ahora mismo no puedes dejar de actuar en consonancia con la verdad que te he mostrado?
Es muy posible que el punto ciego de inflexión se hallase en el memorable partido contra el Cíclope azulgrana, que finalizó con el resultado final de empate a tres goles. Una ceguera momentánea le fue provocada y ahí se produjo una torsión dentro del propio encuadre hermenéutico de fracaso con que el madridismo no dejaba de interpretar sus propios acontecimientos futbolísticos. Auguro, pues, que para el Atlético de Madrid, equipo grande como pocos, no existe más alternativa que la anteriormente citada: La transformación del punto de vista mediante una transgresión en la utilización de su esquema interpretativo, diríamos trascendental, de los hechos. Sólo desatando el nudo que constriñe la totalidad de su experiencia, analizando aquel sentido de los acontecimientos que da consistencia oculta a la globalidad sombría de lo que experimentan, podrán los jugadores (algunos de ellos tan notables como Fernando Torres) acceder a una nueva dimensión lógica que les permita afrontar con mayores garantías aquellos retos para los cuales no parecen por el momento especialmente diseñados. Porque en estos instantes, este club parece abocado a tener una cita continua y puntual con su propio pasado: frente a la posibilidad del éxito, del cambio mediante el sacrificio, ¿cómo traicionar un pasado oscuro cuya llamada es imposible desatender? ¿Cómo no estar a la altura de la propia leyenda por muy desastrosa que ésta pueda llegar a ser? Entre el riesgo de la Nada (al confrontarse con la Grandeza) y la certeza de la nada (asumiendo la imposibilidad de la Grandeza), ¿no es preferible acaso la confortable sensación de seguridad que reporta la ritualizada inercia cotidiana?
En cuanto al F. C. Barcelona... ¿Acaso no podemos pensar en una súbita interrupción del flujo "significante del balón" condensado, coagulado, en un goce Real a modo de síntoma? ¿Por qué no imaginar un tapón reductor del movimiento en la puerta misma de su particular aprisco? Tal vez su realidad simplemente haya sido un exceso anamórfico sólo visualizado en los intersticios de la galaxia blanca: la pura masa de una partícula acelerada más allá de su límite soportable y cuya sustancia necesariamente se disolverá en reposo. Todavía no han aprendido que dentro del contexto futbolístico el enunciado "soy el mejor" no conlleva necesariamente un acto performativo de éxito. Para tal fin es sin duda más recomendable la evocación de un suceso traumático (empate con el Madrid) para ser reintegrado en nuevas revelaciones simbólicas de carácter transformador, justo lo que el equipo posgaláctico dejo de hacer durante mucho tiempo. La máscara según la cual uno ocupa el lugar de "el mejor", que no siempre es el mejor lugar, ha de ser actuada con convicción para que dé eficazmente sus productos performativos. Eso el Madrid lo hace como nadie. El peligro es siempre llegar a convertirse en lo que uno finge ser con insistencia demoníaca... Y tampoco puede llegar a ser efectivo el recurso de la Culpa, entendida en este caso como útil parapeto para tratar de salvaguardar el vaciamiento de un orden simbólico-ideológico que en realidad carece de esencia porque ya está vacío en sí. Tal vez al Barcelona sólo pueda salvarle ahora un tratamiento hegeliano de urgencia: el concepto siempre se genera como resultado de su propio proceso de construcción. Eso que puede legitimar sus actuaciones desde cierto punto de vista, desde otro, el envés de aquello, constituirá la más seria amenaza para la consecución de sus fines. La puesta en escena teatral de una imbatibilidad fundamentada en oscuros orígenes rein(v/t)entados es tan sólo una apariencia que falla en la misma medida que tiene éxito, puesto que si bien oculta la inseguridad interior y real a la mirada escudriñadora de la Ideología Esencialista, no consigue sin embargo evitar el fracaso respecto a la propia mirada interior, enfrentada ahora a un Título perdido. La falacia, pues, está servida.
Llegó el Final. El Rincón os desea un verano repleto de experiencias enriquecedoras, excelentes lecturas y mejor cine. No desaprovechéis ninguna oportunidad para ser mejores, ejercer la crítica y azotar sin compasión cualquier tipo de mandato simbólico que se os presente como definitivamente perfecto. Y si no estáis seguros de lo que digo, bueno, dejaos entonces guiar y seducir por una dulce melodía, cuya evocación siempre nos regala la sabiduría de Luis Eduardo Aute dentro de una canción memorable: "...reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo, ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada... La Belleza".

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Fecha de publicación: 2007-06-21 05:06:04, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1065 veces)   (a 7 personas les ha parecido interesante)
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