El riego es sin lugar a dudas uno de los aspectos más importantes del cultivo del bonsai, hasta el punto de que el trabajo de años puede perderse con su descuido. Conseguir una buena ramificación fina es algo que requiere de muchísimas horas de trabajo y dedicación a lo largo de bastantes temporadas, perderla totalmente a causa de un mal riego puede ser cosa de semanas o incluso días. Es evidente pues que merece la pena dedicar algún tiempo a considerar este tema.

Autor: Sergio Yagüe


El agua

Lo mejor es utilizar agua, pura y simplemente agua. Y ahí radica la dificultad del asunto: encontrar agua que sea sólo eso, agua. Todo el agua que nos rodea contiene una cierta cantidad de sales y demás elementos disueltos que algunos, y en determinadas concentraciones, son beneficiosos para la planta pero la mayoría no.
Interesa utilizar aguas con un contenido en sustancias disueltas lo más bajo posible idealmente cero, aunque esto nunca se de, ni tan siquiera en el agua destilada como ya veremos.
¿Por qué utilizar este tipo de aguas? Pues sencillamente por las especiales condiciones en viven los bonsais. En primer lugar un bonsai debe crecer en el espacio bastante limitado de la maceta y en segundo lugar los procesos naturales que ayudan a renovar / limpiar el suelo en plena naturaleza en la maceta no tienen lugar. En la maceta el exceso de sales y desechos se acumula hasta que uno cambia la tierra, por este motivo se debe evitar en lo posible precisamente que lleguen a acumularse. Se trata de un principio válido para cualquier tipo de planta que viva en una maceta, pero sobretodo para aquellas como los bonsais que vivan en macetas particularmente pequeñas.

En resumidas cuentas: cuanto menor sea el contenido en sales disueltas del agua menor será la cantidad que quede como residuo en el sustrato, y puesto que a fin de cuentas los elementos nutritivos que necesita el árbol ya se los proporcionamos con el abono tampoco resulta de vital importancia que el agua contenga “nutrientes”. Hay que tener siempre en mente que cualquier planta en una maceta vive en un ambiente totalmente controlado con las ventajas e inconvenientes que ello conlleva.

Una forma de conocer el contenido en sales del agua utilizada es midiendo la conductividad de ésta. A mayor conductividad mayor contenido en sales y por lo tanto peor es el agua. Existen aparatos portátiles del tamaño de un bolígrafo un tanto rechoncho que nos proporcionan una lectura sobre la conductividad bastante precisa por el simple método de sumergir un extremo en un recipiente con agua y esperar unos segundos. Las lecturas suelen venir en la unidad Partes Por Millón (ppm).
Como referencia se podría decir que una conductividad de alrededor de 100ppm o menos indica un agua realmente buena para regar, sobre las 150ppm el agua es buena, entre 150 y 200ppm el agua empieza a ser regular y por encima de 250ppm mejor no utilizarla. Podemos hacernos una idea de la calidad del agua corriente que tenemos en muchas de nuestras ciudades con solo decir que conductividades de hasta 2500ppm no son nada raras.
Otra forma de saber si el agua empleada es aceptable consiste en fijarse en la propia planta. Si el agua no es la adecuada el árbol enseguida dará muestras de debilidad; las hojas amarillearán y se caerán. Pero mucho antes de eso surgirán otros síntomas: El primero es la presencia de musgo. Un musgo verde y sano es un claro indicativo de una buena calidad del agua, si éste amarillea, adquiere textura acartonada o aparece recubierto por una costra blanquecina sabremos que el agua no es buena y que seguramente acabará afectando al árbol. Otro síntoma de un exceso de sales aparecerá en la propia maceta que acabará con los bordes recubiertos de esa misma costra blanquecina (que no es otra cosa que un depósito de sales minerales) e incluso las patas si somos lo suficientemente descuidados como para permitir que el agua forme un charquito semi permanente bajo la maceta.

¿Qué agua utilizar entonces? Pues así de entrada el agua corriente queda descartada de inmediato casi en la mayoría de casos. En zonas rurales es otra historia, por supuesto. Se debería comprobar en cada caso.
Un punto importante es que no basta con recoger agua corriente en un recipiente y dejarla reposar para que se evapore el cloro. Este es el menor de nuestros problemas pues se trata de un elemento volátil que permanece poco tiempo en el agua. Con esto no solo no ganamos nada (las sales permanecen), sino que además empeoramos aun más la calidad del agua ya que parte de ésta se evapora junto al cloro provocando que la densidad de sales se incremente: Queda la misma cantidad de sales disueltas en menos agua.

En teoría el agua ideal para regar es el agua de lluvia. Pero desgraciadamente eso es en sólo en teoría. La gran actividad industrial que rodea la mayor parte de los núcleos urbanos hace la atmósfera sobre nuestras ciudades contenga un buen número de sustancias contaminantes que son arrastradas por la lluvia, llegando a producirse en casos extremos el fenómeno de la lluvia ácida. En situaciones normales lo que acaba sucediendo es que el agua caída durante los primeros 15 o 20 minutos literalmente “limpia” la atmósfera sobre nuestras ciudades arrastrando consigo los contaminantes por lo que no es nada recomendable recogerla para regar. En zonas más alejadas de grandes núcleos urbanos los cielos suelen estar más limpios y el agua de lluvia es entonces sumamente adecuada, el problema ahora es que en la zona en cuestión quizá no llueva lo suficiente como para acumular el agua necesaria para todos nuestros bonsais.

El agua de pozos, manantiales y ríos puede ser adecuada dependiendo de su contenido en sales y / o contaminación.

El agua mineral embotellada puede ser una solución, a ser posible que sea de baja mineralización, pero tiene el inconveniente de que hay que transportarla y si el número de bonsais es elevado resulta impracticable.

El agua destilada debe ser descartada. En principio el proceso de destilación comúnmente empleado elimina la mayor parte de las sales disueltas en el agua como por ejemplo la cal, lo cual es bueno para nosotros ( y para nuestros electrodomésticos ), pero a costa de sustituirla por sodio lo cual resulta nefasto para la planta.

Otra posible solución es emplear filtros de osmosis inversa. Este tipo de filtros elimina alrededor del 90% de los elementos disueltos en el agua sin añadir nada en el proceso resultando un agua realmente buena. Por ejemplo si el agua corriente de que se dispone ronda los 1500ppm, tras pasarla por el filtro quedaría en unos 150ppm lo que resulta plenamente satisfactorio para regar. Los inconvenientes, alguno debería tener, son el precio relativamente elevado de este tipo de filtros y el hecho de que desperdicie una cierta cantidad de agua en el proceso de filtrado.

¿Cuándo regar?

Básicamente cuando notemos la superficie de la tierra seca. Si se han utilizado capas de tierra con granos de grosores crecientes cuanto más profundo en el tiesto se encuentren, para cuando la superficie (granos de menor grosor) está seca, las capas inferiores(granos más gruesos) también lo están: la tierra se seca uniformemente. Si por el contrario se ha utilizado el mismo grosor de grano en todo el tiesto para cuando la superficie está seca en las capas inferiores todavía hay humedad: Si se espera para regar las raíces mas superficiales pueden secarse y morir, si no se espera se corre el riesgo de que las raíces más profundas se pudran. El periodo entre riegos, tomando como referencia el secado de la superficie de la tierra, depende mucho de la época del año, de la situación del árbol y del tipo de árbol en cuestión.
Pudiendo oscilar entre varias veces al día durante el verano para plantas situadas a pleno sol, hasta una vez por semana o menos durante el invierno.
No se puede dar un patrón fijo, cada uno deberá observar sus árboles y decidir cuando es el momento oportuno, pero es importante no descuidarse puesto que un bonsai plantado en una maceta pequeña y situado a pleno sol de verano en una zona de clima cálido puede llegar a morir únicamente con saltarnos el riego de un día. Igualmente un bonsai que pase el invierno a la intemperie en una zona montañosa puede quedar completamente cubierto de nieve durante semanas sin que necesite mayores cuidados.

Algunos puntos a tener en cuenta son, por ejemplo:

- No es conveniente regar durante una helada ya que se corre el riesgo de dañar las raíces o incluso el mismo tiesto.

- Suele ser mejor regar menos pero con mayor frecuencia (algunos maestros japoneses riegan unas siete u ocho veces al día)

- No conviene regar de noche, en ese momento la planta tampoco necesita el agua y además estamos facilitando la vida a los hongos.

- No conviene dejar que el agua se encharque bajo la maceta ya que se favorece la podredumbre de raíces, además de resultar poco estético y atraer mosquitos.

- Al regar hay que asegurarse de que el agua empapa totalmente la tierra.

- Respetar las necesidades de cada árbol: Por ejemplo, no requiere la misma cantidad de agua un Arce que un Junípero.

- El mito de que no se debe regar a pleno sol es solo eso, un mito. En ese momento es cuando la planta necesita una mayor cantidad de agua y se le debe proporcionar. No será el agua quien queme las hojas, sino el Sol si la planta anda escasa de ésta.

- Es mas fácil conseguir que la planta se recupere de los efectos de la falta de agua que del exceso.


La vida real

En los puntos anteriores se comentan las cosas tal y como deberían ser en un mundo utópico, la vida real suele ser distinta.

En ocasiones uno debe hacer concesiones, aunque no demasiadas en este caso si se quiere conservar el bonsai, en cuanto a la calidad del agua y aceptar una peor calidad a cambio de tener que trasplantar más a menudo.

No todos podemos disponer de un jardín espacioso, muchos aficionados debemos conformarnos con terrazas o azoteas y en este caso hay que tener en cuenta el factor “vecino de abajo”. Si bien lo ideal es que el agua que escurre de la maceta durante el riego circule libremente y no se acumule, quizá nuestro inefable vecino de abajo sea de distinta opinión. En este caso se debe evitar que el agua gotee hasta él. La solución de poner una bandeja bajo la maceta puede ser aceptable siempre que nos aseguremos que ésta se encuentra un tanto elevada por ejemplo sobre tacos de madera para que nunca toque el agua acumulada. Un bonsai situado en una maceta semi sumergida en un charquito casi permanentemente tiene pocas esperanzas de vida a largo plazo. En cualquier caso un poco de imaginación siempre es bienvenida.

No todos, salvo los profesionales, disponemos del tiempo necesario para regar nuestros árboles 4 veces al día así que hay salvar el obstáculo de alguna forma. En muchas ocasiones un bonsai puede aguantar con un riego diario en verano, aun a pleno sol, dependiendo del tamaño de la maceta y la especie en cuestión. No saldrá musgo pero el árbol sobrevivirá, que a fin de cuentas es lo que interesa. El aficionado deberá ser consecuente y cultivar especies que se adapten a sus posibilidades de riego. En todo caso se encuentran a la venta toda una serie de sistemas de riego automático más o menos complejos que afortunadamente nos simplifican mucho la vida.

fuente: http://www.portalbonsai.com/narticulo.asp?id=10&pag=7

 


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El riego del bonsái
Fecha de publicación: 2005-07-29 12:39:20, por admin   (visto: 4982 veces)   (a 9 personas les ha parecido interesante)
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