Mucho se había hablado de esta gala de la XXIV edición de los Premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, es decir, de los Goya de siempre. Primero porque la renovación ha llegado de la mano sabia de Álex de la Iglesia, aportando una dignidad y coherencia que no tenía en un pasado cercano. Después, en su escaparate televisivo, por una retransmisión con ausencia de publicidad comercial durante su emisión. El año 2009 ha sido un año de alegrías para el cine patrio y ayer era una noche para celebrarlo. Por todo lo alto. A diferencia de otros años, la gala de anoche se distanció positivamente de sus antecesoras. No porque fuera la más destacada de los últimos tiempos, que lo fue, pero dentro de unos parámetros de discreción y recato mucho menos eufóricos de que como lo han ido determinando en diversos medios nacionales. Sí, la ceremonia estuvo bien, pero faltó ese destello de diversión y talento que hace falta para que estos saraos se conviertan realmente en espectáculo. Fue una conmemoración muy moderada y aséptica, con algunos momentos de ingenio, agradecimientos muy emotivos y con mucho ritmo. Según lo trazado. Sin embargo, a la gala de ayer le faltó humor, desparpajo, como si su progreso estuviera sometido a un guión muy férreo. Hay que agradecer, aún así, el esfuerzo. A poco que se intente mejorar, la imagen de estos premios alcanza un nivel de ventaja respecto a sus anteriores. En ningún tramo de la velada dio la sensación, como en casi todas sus precedentes, de que se estaba haciendo ridículo o se llegaba a la vergüenza ajena. Por fortuna, todo se desarrolló con corrección, sin necesidad de contaminar el espíritu del cine con polémicas, ni acerca de la política sobre el futuro del cine o (y aquí estuvo el factor que determinó el éxito de la noche), ni hubo quejas plañideras sobre la piratería o el P2P en cada discurso de agradecimiento, algo que se había normalizado hasta el día de ayer.

Los astros se conjugaron para ofrecer la mejor cara de todos. La elección de Andreu Buenafuente parecía la ideal para este resurgimiento del ‘show´. No estuvo mal. Pero se echó en falta algo más de improvisación, de relax, por mucho que se quitara la corbata y sacara unas palomitas. El humorista catalán arrancó titubeante e inseguro. Suerte que rápidamente se inició uno de esos ‘clips´ bien montados que funcionan a la perfección. Varios componentes de la gran familia del cine español se prestaron a que este vídeo impusiera lo mejor del arranque de la fiesta. Después, Buenafuente comenzó un ‘speech´ sobre los nominados y sus películas. De entre lo acertado en sus gracias estuvo decir que no había visto las 210 partes anteriores de ‘Celda´, ese diálogo absurdo en inglés dedicado a Penélope Cruz (acompañada, como sorpresa y presentación en sociedad de su novio, el no menos rutilante Javier Bardem) recitando célebres títulos y estrofas de canciones conocidas por todos. También descolocó esa frase final a Alejandro Amenábar ("estás un poco amarillo, por cierto") o se iluminó con algo de humor jugando con una siempre horrorosa Ángeles González-Sinde, al decir que no oyera la palabra "bajar" por temor a represalias o ese antediluviano chiste sobre Loles León y Jeremy Irons. Después, un numerito de efectos especiales y agua. Llamó la atención una cosa. No hay publicidad. No hay anuncios. Esto se ha acabado en la tele pública. Sin embargo, ese plano del perro "Pancho" como imagen del patrocinador de la gala, Loterías y Apuestas del Estado, decía todo lo contrario. Una mera anécdota.

 Paz Vega, con un divismo "total" y un peinado que rozaba lo improcedente, comenzó el reparto de premios. La pugna entre las dos películas favoritas era muy clara. ‘Ágora´ debía ir ganando los premios técnicos, acumulando Goyas según iban nombrando los primeros ganadores de la noche para, posteriormente, ir haciendo justicia a ‘Celda 211´ y convertirla en la gran triunfadora de la noche. Y así fue. Muy previsible en este sentido. Chris Reynolds y Félix Bergés fueron los encargados de recoger el premio a los mejores efectos especiales. Primer traspié de la retransmisión; Reynolds soltó su discurso en inglés y el telespectador no instruido en idioma anglosajón seguro que echó en falta la traducción simultánea que en estos casos siempre viene bien. Lo siguiente: un remedo de función de Broadway por parte de Secun de la Rosa y Javier Godino en un alto de ‘locure´ musical para entregar el Goya a la mejor canción a Guille Milkyway, por el tema central de la película ‘Yo, también´. Su discurso, dejando muy bien a la Academia, al cine español y al Palacio de Congresos de Madrid al agradecer el galardón a sus padres en "sitio muy cutre" como ése. Nos quedamos sin ver, por segundo año consecutivo, a Roque Baños recoger otro Goya. El ganador. Otra vez el de siempre: Alberto Iglesias, que no debe tener espacio en su casa para tanto Goya. Este año, una de las preocupaciones del público televidente (supongo que en menor medida para los invitados que acudieron ‘in situ´) era qué hacer cuando la ganas de orinar se convirtieran en una necesidad perentoria. Una de las excusas fue recurrir a una socorrida frase en plan apotegma de lucidez de algunos de los genios de nuestro cine (Buñuel, Azcona, Fernán-Gómez, Borau...) a lo largo de la noche, seguidas de una pequeña relación a modo de resumen de los que iban ganando premios. Buena jugada.

Xavi Giménez, en estos tiempos de adelantos tecnológicos respecto al mundo fotográfico, se acordó de los viejos zorros de laboratorio cuando alzó su premio a la mejor fotografía por ‘Ágora´, película que repetiría en los departamentos de mejor dirección artística, mejor maquillaje y peluquería, mejor diseño de vestuario, mejor dirección de producción y mejor guión original. Hubo un momento en que la cinta de Amenábar parecía que iba a ser la que arrasase. Y con una constante; debido a su equipo internacional, muchos de los premiados seguían agradeciendo en inglés, en italiano... y todo esto sin traducción simultánea. Por lo que cuando ‘Ágora´ empezó a dejar de llevarse premios, los agradecimientos volvieron a ser en castellano. Y todo se reasentó a una fiesta más española, más de aquí, más nuestra. Enrique Villén, salió a la platea maquillado cono un extraterrestre mezcla entre caracono y cíclope para conceder el premio al mejor maquillaje y Buenafuente contó con la complicidad de Santiago Segura y Daniel Monzón para otro ‘sketch´ con una cámara y un poco de gracia floja para que todo no siguiera por el camino de la circunspección. A estas alturas uno de los premios más aplaudidos fue el que Penélope Cruz entregaba Raúl Arévalo por ‘Gordos´ como mejor actor de reparto. Todos los presentadores de los premios parecían estar amenazados a la hora de entregar su correspondiente premio. Hubo contrastes, sobre todo en las parejas que salieron a presentar. Desde esa estupenda lozanía y belleza de Amaia Salamanca y Juan Diego Botto, la veterana esplendidez de José Coronado y Aitana Sánchez Gijón, la más insulsa Belén Rueda y Eduardo Noriega, la más extraña Goya Toledo y Juan Diego o la más estrafalaria Mario Casas y Marisa Paredes, que dieron el primer Goya a ‘Celda 211´ con sorpresa incluida: Alberto Amman convertido en mejor actor revelación.

Llegó el momento de Pocoyó, que es definido como el presentador elegido por los internautas. Como aparición efímera hubiera estado bien. Más si se hubiera limitado a leer los premios dedicados a la animación. Pero la cosa se alargó más de la cuenta. Buenafuente siguió un poco el juego, el muñeco cabezón dio algunos saltos y así hasta que salió Manuela Velasco a leer los premiados. Largometraje: ‘Planet 51´, un premio obvio que fue agradecido con insistencia al Ministro de Industria (único borrón en el peloteo gubernamental). El corto nominado al Oscar ‘La Dama y la Muerte´ producido por Antonio Banderas ganó y el hermano de éste agradeció, entre otros, a Caja Granada (la otra mácula institucionalista de la noche). Uno de los primeros momentos de entrañable emoción fue cuando Marta Etura vio recompensado por su trabajo como actriz secundaria en ‘Celda 211´. Su discurso de agradecimiento estuvo marcado por la emotividad con la que recordó a sus padres y a Luis Tosar, su compañero sentimental. Las cámaras que enfocaron las butacas captaron más de una lágrima en el seguimiento de la alegría de esta actriz llena de talento. Un reconocimiento que iba encauzando al filme ‘Celda 211´ hacia la senda del triunfo. Los mismos presentadores (Goya Toledo y Juan Diego) aprovecharon para unir dos gremios "tan unidos" como son el de actriz de reparto y dirección de producción y así aprovechar tiempo y presentadores para que José Luis Escolar se deshiciera en elogios a Amenábar, acompañado de su joven y apuesto novio luciendo resplandeciente en unos premios que, en unos años, podrían llevar su nombre.

Una de las cosas que se agradeció dentro de la retransmisión fue la discreción con la que se trató televisivamente a la pareja de moda del cine español. Tanto Penélope Cruz como Javier Bardem no robaron el protagonismo a nadie. En el recuerdo queda el sonrojante vasallaje y servilismo de adulación a Benicio del Toro el año pasado, cuando había mejores actores nominados a la categoría que finalmente ganó el actor puertorriqueño. Fue el momento en que al resplandeciente Presidente de la Academia, un pletórico Álex de la Iglesia, le tocó el turno de su antológico discurso. Las comparaciones con los quejumbrosos e intrascendentes discursos de la anterior poseedora del cargo, siempre con la adulación a los altos mandos del gobierno, la aburrida letanía en contra de la piratería y su falta de carisma, son odiosas. Así que lo obviaré. De la Iglesia leyó, o mejor dicho, recitó, un brillante alegato sobre la profesión del cine, sobre la humildad que tiene que tener el gremio aludiendo a los ombligos, sobre la dificultad de que una película española permanezca una sola semana en cartel. El director de ‘El día de la Bestia´ dio una lección de oratoria, de humildad a la hora de reivindicar un enfoque sobre problemas y anhelos de nuestro cine. Sin entrar en lloros, ruegos o victimismos de ningún tipo. No sería la última sorpresa que daría un Presidente modélico entregado a la causa.

 Lo que se echaba de menos en la noche era humor, algo de exhalación o habilidad recurrente que levantara el ánimo del personal. Eso, mejor que el absurdo ridículo que hicieron Fele Martínez y Judith Diakhate (que está como un pan de buena) como agradecimiento en voz de Mateo Gil por su corto ‘Dime que yo´. Al parecer, un retribución muy necesaria para potenciar su carrera como director de cine. Se mentiría y faltaría a la verdad si se dijera que no hubo extravagantes circunstancias grotescas. Santi Millán dio entrada a María Isabel, ganadora de un premio vía ‘sms´ encargada de presentar el Goya a ‘Garbo, el hombre que salvó el mundo´ como mejor documental. Y lo hizo no sin antes soltar esa pregunta tan arraigada a nuestra vena más cateta: "¿puedo saludar?". Dicho y hecho. Lo siguiente, el ‘In memorian´ con el recuerdo especial a José Luis López Vázquez y Javier Bardem dándole a su amigo Luis Tosar (con imitación incluida) un más que merecido premio por su papel de Malamadre en ‘Celda 211´. Tosar no se olvidó del novelista Francisco Pérez Gandul y de agradecer en su gallego natal a familiares y amigos. El momento más emotivo de la noche fue, sin lugar a dudas, el Goya Honorífico a toda una carrera a Antonio Mercero, aquejado de la enfermedad de Alzheimer que no pudo desplazarse al auditorio a por su premio. El agradecimiento vino de parte de sus hijos, que dejaron a la platea con los ojos humedecidos para pasar a un vídeo en el que Álex de la Iglesia, visiblemente emocionado, entregaba en su domicilio el Goya a uno de los grandes maestros del cine español.

Para entonces la gala necesitaba un revulsivo. No fue a Buenafuente y a Eduardo Blanco haciendo imitaciones de argentinos para darle el Goya a ‘El secreto de tus ojos´. Ni que Julio Fernández volviera a subir a por enésima vez a por un premio dejando fuera al responsable del trabajo laureado (por lo menos esta vez no se quejó de la piratería), en esta ocasión Danny Boyle o parte del equipo de ‘Slumdog Millionaire´. La cosa se puso un poco caliente con Ana Belén salió a enseñar pezones a una edad muy considerable. Su vestido vaporoso restó protagonismo al esperpéntico estilismo de Óscar Jaenada para darle el Goya a la mejor actriz revelación a una intérprete que lleva más de dos décadas dedicada al cine: Soledad Villamil. En el apartado de guión, Amenábar se llevó a casa su enésimo galardón y, por fin, el gran Jorge Guerricaechevarría, junto a Daniel Monzón, se llevaban el de mejor guión adaptado. La cosa se enfiló con un ‘fake trailer´ muy divertido a costa de ‘Celda 211´ con presentación de Segura, que suele funcionar con su habitual vis cómica. La actriz del año, Lola Dueñas por ‘Yo, también´ que dijo no saber si Rachel Weisz había asistido a la gala para decirle "Wellcome" haciendo apología de la ‘Deep Spain´.

La frase de Berlanga en pantalla, la mejor; "Hay obras maestras que lo son por el monumental aburrimiento que provocan´. La noche, en su recta final, necesitaba un punto de giro para no decaer, como en años anteriores, en el ostracismo reiterativo. Y fue cuando entró, como una brisa de frescura y talento, la mejor presentadora que ha tenido (y tendrá) esta ceremonia. Rosa María Sardá, humorista capaz de levantar, ella sola, el final de fiesta de los Goya, apareció ante el aplauso de todos. Entregó el de mejor director a Daniel Monzón, que no se olvidó de agradecer al público, a su equipo y los figurantes de Zamora y Salamanca el premio. Fue entonces cuando llegó la gran sorpresa de la noche. Como una estrella internacional (que es lo que es) Pedro Almodóvar aparecía por el fondo del escenario. Álex de la Iglesia había conseguido que el director, agraviado con la Academia desde hace años, abandonara su resentimiento y acudiera, con todos los honores, a entregar el premio más importante de la noche. "Tenéis un presidente muy pesado que ha insistido hasta la saciedad", reconocía ante un público puesto en pie. Después de un largo sermón muy ‘almodovariano´, la película de la noche fue, cumpliendo con las apuestas, ‘Celda 211´. Era el reconocimiento de lo que el público ya había premiado en taquilla; que un filme de género, un ‘thriller´ frenético puede ser una apuesta rentable para un cine español que necesita de valientes películas como la ganadora de esta edición para revolucionar el panorama de cine nacional. Son cambios necesarios para nuestra cinematografía. Este año, bajo una retransmisión sin publicidad y una gala que supera con creces las infaustas extravagancias pasadas (pero con la cuenta pendiente de mejorar -y mucho-) se ha llegado a los 4.656.000 espectadores, obteniendo un 26,4% de cuota de pantalla. La de ayer fue la ceremonia de los Goya más vista de la historia. Todo un exitazo. Pero el hecho de que haya superado las desventuras y errores de los últimos años, de que la ramplonería haya sido subsanada con cierta destreza, la mejora no debe detenerse porque hay muchas cosas que optimizar y corregir. Sólo esperemos que el cine español vuelva a repetir en 2010 los éxitos de este año y que en la ceremonia de la cosecha que está por venir se convierta en la consolidación de la buena salud de nuestro cine. Un objetivo muy difícil, sí. Pero no imposible.

LO MEJOR - Que ganara ‘Celda 211´. Una tangible nueva vía de escape al ostracismo temático del cine español. La cinta de Monzón es el mejor ejemplo de disyuntiva versátil y atrevida. - La coherencia de un Álex de la Iglesia que ha sabido dignificar la Academia y los Goyas con su madurez y oratoria llena de verdades como puños. - El vídeo de entrega Goya a Mercero. Entrañable y emocionante a partes iguales. El discurso de sus hijos dejó una frase para la historia: "lo único bueno del Alzheimer es que puedes ver ‘Cantando bajo la lluvia como si fuera la primera vez". - ¡Peeeeeedrooooo! - Rosa María Sardá. La eterna presentadora. Genial, resolutiva. Añorada. - La retransmisión ‘on-line´, por segundo año consecutivo, del talentoso Chico Santamano, volcando todo tipo de comentarios ingeniosos acerca de la gala. Se está convirtiendo en algo imprescindible en este tipo de restransmisiones. - La elegancia de Penélope Cruz y la cautela de Javier Bardem en su primera aparición pública en un acto de este calibre en España. Y que no se nos olvide Maribel Verdú, siempre deslumbrante. - ¿Pancho?

 LO PEOR - La trascendencia y seriedad con la cual se ha abordado la ceremonia. Los presentadores muy circunspectos y sin una línea para la improvisación y carente de sentido del humor. Y en este tipo de ceremonias, eso es algo básico. Aunque es cierto que cuando los ‘gags´ no tienen calidad y los chistes son malos, mejor así. - El vestido, a medio camino entre cebolla y alcaucil a capas de Ángeles González-Sinde, siempre llamando la atención. En este apartado, también eran de cárcel o sonoros WTF los de Natalia Verbeke, Pilar Castro, Fanny Gautier, Ouka Lele u Óscar Jaenada. - El peinado de Paz Vega. - El rostro hipertrofiado por tanta operación de Andrés Pajares, que tiene cara de velocidad y de sorpresa estúpida constante. - Que no se siga la bonita tradición de Hollywood que dicta que el ganador del año pasado en las categorías principales entregue el testigo a los premiados de este año. - Que TVE acallara a esos manifestantes del exterior con protestas, abucheos y pitidos de multitud de movimientos sociales contra diversidad de injusticias; desde plaformas Anti-SGAE, ex empleados de RTVE, militantes de causas antiabortistas... No, espera, ahora que lo pienso, es normal que el oportunismo fuera ninguneado como la descompostura que supone.

fuente: http://refoworld.blogspot.com/2010/02/xxiv-premios-goya-la-fiesta-mas-exitosa.html

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XXIV Premios Goya: la fiesta más exitosa del cine español
Fecha de publicación: 2010-03-04 11:03:49, por Miguel Angel Refoyo   (visto: 2011 veces)   (a 8 personas les ha parecido interesante)
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