Puede afirmarse que, en efecto, la película de Paul Thomas Anderson es una obra maestra en varios sentidos, aunque no en todos, lo que no le resta ni un ápice de interés y calidad, de la que rebosa en cada toma, en cada plano, en algunas de las escenas mejor filmadas de los últimos tiempos. El Oscar a mejor director debió ser para él. No así el de mejor película, que fue a parar con total justicia a manos de los geniales hermanos Coen.

 

Esta monstruosa épica de tintes trágicos (o tragedia con tintes épicos), tan negra como el petróleo que Daniel Plainview extrae sin cesar de las profundidades de la tierra (o averno), asienta sus mejores valores en dos pilares fundamentales. Uno. La portentosa dirección de un realizador en posesión de un talento ilimitado y apabullante. Un tipo capaz de filmar esa obra maestra indiscutible llamada "Magnolia" y regalarnos ahora ésta con una dirección mucho más sobria preñada de innovación y clasicismo a partes iguales. Se le han visto similitudes con el mejor Kubrick de 2001 y es cierto que tanto en las secuencias iniciales como también dentro del desenlace en la bolera se pueden rastrear algunas conexiones interesantes. Pero Thomas Anderson tiene voz propia, una personalidad auténtica que recorre todas sus películas y las impregna hasta el punto de ofrecer siempre unos resultados más que buenos, extraordinarios. Un prodigio que ya está haciendo historia. Dos. Un enorme e inabarcable Daniel Day-Lewis en una de las mejores composiciones de toda su carrera artística. El suyo es un personaje que resume a modo de símbolo toda una ép(i/o)ca marcada por el advenimiento de cierta dialéctica negativa constitutiva de la modernidad. El drenaje de extensos territorios en busca del oro negro tiene su equivalencia en el vaciamiento sin paliativos de un alma retorcida y laberíntica, anegada de odio por todo y por todos, impelida obsesivamente hacia una acumulación de capital sin fin último más allá del puro engrosamiento del Yo, convertido así en burdo guiñol sustitutivo de Dios aquí en la Tierra. Porque de Dios también se habla en la película de un modo brutal y árido, contraponiendo la furia de Daniel a la superstición utilitarista y resentida de un predicador (muy grande también Paul Dano al que pudimos ver en "Little Miss Sunshine"), falso profeta, tan corroído por el cáncer de la ambición como el interior sombrío de Plainview. Esos enfrentamientos darán como resultado secuencias impagables, tensionadas hasta el límite, y nos arrojarán a la cara un desenlace excesivo y violento donde, efectivamente tal y como reza el título de la cinta, habrá sangre. Una sangre que mana directamente de la eclosión de un nuevo poder capaz de convertir al mundo, y con él a todos sus habitantes, en meros objetos de explotación y consumo. O también: La pesadilla en que deviene el prometido y fantasmagórico sueño americano.

 

La visión así ofrecida sobre el alma humana es ácida y pesimista (la vida como absurda tragicomedia llena de "ruido y de furia", aspecto especialmente remarcado por el contraste entre los graves acordes iniciales y los mucho más desenfadados y sarcásticos del final), como no podía ser de otra manera si además nos ayudamos para entenderla de una mirada retrospectiva a nuestro pasado más reciente.

 

Esperamos y deseamos que la edición especial para el coleccionista introduzca mucho más metraje que pueda complementar adecuadamente el enorme salto temporal que tiene lugar hacia la recta final de la película. Daniel, ya digo, está soberbio en todos y cada uno de sus gestos, movimientos, réplicas, verbalizaciones, miradas, silencios (el silencio pocas veces fue tan elocuente como en algunas escenas de esta maravilla), ofreciendo al espectador uno de esos monumentos a la interpretación que tardan mucho tiempo en abandonar nuestra retina para permitirnos comenzar a valorar otros trabajos. Dejará huella profunda y los cineastas del presente y del futuro no tendrán más remedio que revisitar el trabajo de Paul Thomas para estudiar con detenimiento cómo es que pudo filmarse una colosal historia (o Historia) de una manera tan perfecta con la sola ayuda del talento, la sensibilidad y la inteligencia visionarios de un director llamado a convertirse en imprescindible referente del mejor cine actual. No es una obra maestra, no es  redonda, pero la dirección, su potencia estilística, su aliento simbólico, gran parte de sus aportes dramáticos y sin duda la brillantísima interpretación de todos sus actores no presentan fisuras.

 

Calificación global: Muy Buena.

Lo mejor: la impecable dirección, la contundencia dramática del conjunto y la fabulosa interpretación del gran Daniel Day-Lewis.

Lo peor: la abrupta discontinuidad temporal cuando el filme se encamina hacia su presentido desenlace.

)( parentesys.es )( La cultura al alcance de todos )

THERE WILL BE BLOOD de Paul Thomas Anderson
Fecha de publicacin: 2008-07-22 07:07:46, por Adrin Martnez Buleo   (visto: 2288 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
Fuente:

Fotos de este contenido: si quieres añadir fotos, pulsa el botón Fotos

    
    


© parentesys.es - Todos los Derechos Reservados

THERE WILL BE BLOOD de Paul Thomas Anderson

Comparte este contenido con todos tus amigos.



 Portada  :: Sección Cine  incluye estas Crticas de Cine en tu web ActricesActores

   Cine en Google  :: Buscador de Cine      Creación de páginas web de Cine

Opiniones sobre el artículo

Las opiniones que aquí se escriban deben hacer un uso cívico y respetuoso de la libertad de expresión. El administrador de parentesys.es se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios que no lo cumplan, o que no aporten información útil sobre el contenido arriba publicado.


 No hay opiniones. S el primero en escribir sobre este artculo.

Escribe tu comentario

Tu nombre: [obligatorio]

Título: [obligatorio]

Tu sitio web: (escríbelo con http://) [opcional]

Tu email: (lo mantendremos privado) [obligatorio]

Contenido: [obligatorio]

Código de seguridad anti-spam:*