cartel Spider
El sombrío mundo de la esquizofrenia, de la sensación de irrealidad, de vivencia en mundo paralelo y de la condición de mero espectador ante la representación teatral del mundo son el punto de partida de esta tormentosa ‘Spider’.


Partiendo de esta dura enfermedad mental, la nueva película de David Cronenberg, muy cercana a los conceptos vitales de su obra maestra ‘Inseparables’, se centra en los miedos de un ser acomplejado, un marginal psíquico que vive en un mundo de caos emocional que complica con su trastorno un enigmático caos, confundiendo percepción objetiva e invención.

Desde una perspectiva triste y lóbrega, tal vez demasiado fría, se narra el tortuoso descenso a los infiernos de la locura de Dennis Cleg, un esquizofrénico débil y atormentado por un sentimiento de culpa ante el recuerdo del asesinato de su madre a manos de su padre y una prostituta de barrio.
Dado de alta en el manicomio y alojado en un hospicio de tránsito en el East End londinense, Cleg volverá a su pasado para enfrentarse a la verdad de su propia paranoia.

Con este desapacible comienzo, ‘Spider’ trata con brío y dureza una obsesión enfermiza, la disfunción de un personaje ambiguo y frágil que vive angustiado con síntomas de un tortuoso complejo de Edipo confuso, en el que el odio y el miedo se mezclan con su propia y privativa realidad.
La fragilidad del personaje creado por Patrick McGrath se concentra pues en el desvarío de una percepción de desdoblamiento exterior en las mujeres que amenazan su quebradizo mundo, simbolizando en esa sostenida tela de araña que representa la película, los miedos y la inconsistencia de su mente. Un laberinto que representa una vida rota por el sentimiento de culpa en un tiempo fragmentado por la búsqueda de un atroz suceso.

Cronenberg abandona así su sempiterna obsesión por lo orgánico y la ‘Nueva Carne’ pero sin desligarse de la característica metamorfosis que adoptan sus enfermizos e inquietantes personajes. ‘Spider’ es un perturbador puzzle de fantasmas del pasado que siguen aterrorizando en el presente donde la memoria enferma de los propios errores conciben un cenagoso y oscuro mundo imaginario donde la realidad alternativa sirve para ocultar terribles secretos.
Un puzzle representado en un cristal fraccionado, semejante a la tela de un arácnido, al que le falta una pieza, un recuerdo que se encubre la clave de la demencia y que es necesario para asumir la propia alineación.

fotograma Spider
Narrada desde una turbulenta perspectiva en primera persona, la dualidad de Cleg/Spider nos ofrece uno de los más angustiosos ejercicios sobre una mentalidad aturdida, cercenada por la alteración de una memoria incomprendida.
A través de los ojos del niño-adulto asistimos a una extraña insubordinación edípica donde el elemento maternal adopta el rostro de cualquier amenaza. La ambigüedad con la que el cineasta canadiense altera los tiempos en la historia confluye en una agobiante y nebulosa fantasía de irrealidad y enfermedad, uno de los rasgos distintivos de la obra de este creador.

Dejándose llevar por un fondo existencial lleno de dudas que adoptan un protagonismo definido por la debilidad mental, en ‘Spider’ la turbiedad y la metáfora materna de la araña y sus huevos se vincula a un problema de identidad, en donde el miedo y la locura confunden pasado y presente.
Bajo una estética de depauperada de tonos ocres y marrones que imponen un ambiente sórdido y triste, mísero y sucio, Cronenberg va tejiendo uno de sus filmes más inaccesibles, sobre la existencia perdida en un mundo desequilibrante y amenazador en el que su contexto mugriento y desidealizado no es más que la representación de una vida alineada en la locura provocada por la culpa no reconocida.

En estos dominios de repulsa y amargura, acompañado por la indispensable y tétrica música creada por Howard Shore, brilla con luz propia el talento y la difícil composición de un Ralph Fiennes que logra su mejor y más portentosa interpretación en un personaje abrupto al cual dota de austeridad y introspección que se contrapone con la magnífica creación de unos Miranda Richardson y Gabriel Byrne deliciosamente repulsivos.

‘Spider’ es, en todo caso, otro paso adelante, otra extraña y críptica aportación a una de las carreras más personales e incómodas del cine contemporáneo.


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SPIDER - Crudo descenso a los infiernos de la enajenación mental
Fecha de publicación: 2002-11-19 09:32:00, por Miguel Á. Refoyo   (visto: 1944 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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