Cartel de Segunda Piel

 

 

No hay mayor peligro para la función heterosexual de un varón que su perturbación por la homosexualidad latente”.

[ Sigmund Freud ]

 

El realizador Gerardo Vera, en directa colaboración con la actual ministra de cultura (González-Sinde), nos ofrecen una arriesgada obra con resultados muy notables, sensiblemente superiores a los inicialmente previstos, pues el tema abordado invita a caer en las redes tejidas con tópicos y soluciones sentimentales muy frecuentadas, demasiado por desgracia, y esto por la carga de angustia e incomprensión, a veces incluso de intolerancia, que su exposición suele conllevar.

 

Pues bien, en esta oportunidad el hábil guión, perfectamente dosificado en parcelas de emoción e introspección crecientes, abandona cualquier atisbo de abordaje perfunctorio o apresurado y pone sobre el tapete imaginario la vida de un hombre dividido y atormentado, escindido en su sexualidad y profundamente disociado en su identidad, que mantiene una vida “normal” de familia feliz con mujer e hijo, y otra secreta compartiendo pasión y cama con su amante homosexual, maravillosamente interpretado por un entregado y esforzado Javier Bardem. El personaje al que da vida un excelente Jordi Mollá se nos aparece al principio de la cinta, y tras contemplar la doble dinámica de su existencia cotidiana, como un perfecto manipulador, un puro egoísta en busca de su propia satisfacción que se olvida en todo momento de las experiencias emocionales que suscita tanto en su amante como en su núcleo familiar. No podemos evitar sentir aversión hacia él, más cuando le hemos visto casi enfurecerse frente a las lógicas demandas de atención de su mujer (perfecta Ariadna Gil), o tratar despectivamente a su pareja masculina cuando ésta le reclama una abierta sinceridad respecto a la visibilidad de su relación. Pero todo ello está filmado con el punto de hermetismo exacto, sin aspavientos, dando las claves justas para que vayamos entrando en el doliente mundo de ese hombre patético al que poco a poco vamos conociendo en sus más íntimas debilidades, hasta que todo el casillo de naipes en que consiste su vida y tras el que se creía a salvo, oculto tras una máscara que le permite jugar a ser el observador externo de sus propios engaños, como si fuera algo en realidad ajeno a sus verdaderos sentimientos, se derrumba ante su atónita mirada y pone al descubierto toda la miseria de su existencia, desvelando una acusada perplejidad que le paraliza y le impide tomar ahora decisiones importantes respecto al camino que realmente desea seguir, con vanos intentos por afirmar una heterosexualidad fingida, para finalmente acabar sumido en un abismo de dolor e impotencia donde poder mirar de frente el vacío que ha inundado su alma, hasta el punto de sentirse completamente perdido cuando todos los simulacros se han caído y lo único que se le demanda es que sea él mismo: desmantelado ya todo aquello de sí mismo que realmente odiaba y con lo que había llegado a construir su identidad socialmente aceptada, en un tramposo equilibrio apuntalado en la vía de escape homosexual, tampoco consigue que aflore su supuesto verdadero ser, porque su auténtico carácter es también y fundamentalmente esa coraza artificial que ha construido a lo largo de los años con tantas renuncias y sacrificios. El pozo de la revelación torsiona su espíritu atribulado y, como en una banda de Moebius, sólo ofrece el tránsito sobre una superficie con ilusión de profundidad. En una escena de una emoción verdadera e incontrolable, accedemos a ese infausto insight previo a la inevitable tragedia. La pérdida dará paso a la aceptación y a un cierto consuelo  amistoso entre aquellos que fueron objeto de un amor estructuralmente imposible.

 

Segunda piel, Javier Bardem, Jordi Mollá

 

Un drama, en fin, sobrio y potente, magníficamente interpretado por unos actores que se visten, nunca mejor dicho, con las conflictivas pieles de sus complejos personajes, y que logra sortear con éxito la impostura de los roles consiguiendo transmitir emoción y reflexión mediante un veraz equilibrio, acertadamente proporcionado, entre la indagación más intimista y las nefastas consecuencias que arrastra una subjetividad quebrada.

Autor: Adrián Martínez Buleo

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SEGUNDA PIEL de Gerardo Vera
Fecha de publicación: 2010-05-14 03:05:05, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 3931 veces)   (a 8 personas les ha parecido interesante)
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