La profunda belleza de un amor muy diferente

 

Steven Shainberg aborda una difícil historia de amor basado en el sadomasoquismo y el entendimiento mutuo, donde sobresale una prodigiosa Maggie Gyllenhaal.

 

Para Marcel Proust la afectividad se desarrollaba en un mundo descompuesto y se manifestaba en una sociedad que por sí misma se degrada por sus vicios y por el manejo de una distorsionada voluntad ética. En su cuento ‘Un amor de Swan’, ubicado dentro de la obra maestra ‘En busca del tiempo perdido’, Proust narraba las vicisitudes amorosas entre Swann y Odette, una historia obsesión y dependencia. La obsesión de Swann es subversiva, aunque finalmente le lleve a elegir la caída en la sumisión y el vasallaje, canalizando su libertad hacia un afán de posesión total de Odette, elemento clave en la degradación de los dos personajes. Algo que conlleva a equipararlo inevitablemente a las proféticas palabras del libreto de Halevy y Meilhac en relación al texto de Mérimée o al tormento sentimental asimilado como el sadomasoquismo de tocador que tanto fascinaba al grandioso Marqués de Sade. Todo esto viene a cuento, ya que la servidumbre obscena y el amor entregado hasta sus máximas consecuencias es el pilar sobre el que se sostiene ‘Secretary’, una película tan apasionante como extraña que oculta en su enfermiza apariencia una de las más bellas historias de amor y necesidad de afecto de los últimos años. Estamos, además, ante uno de esos escasos títulos que subsanan el concepto de cine independiente y cuyo mayor logro radica en la sencillez y el estilo directo y explícito. El guionista Eric Cressida Wilson adapta esta pequeña joya cinematográfica de un relato corto de Mary Gaitskill publicada en el volumen de historias de la autora ‘Bad Behavior’. La historia de ‘Secretary’ no es ni mucho menos convencional. Se centra en la vida de Lee Holloway, una problemática y patosa joven que abandona el psiquiátrico para reinsertarse en la sociedad y aventurarse por primera vez en el mundo laboral. Encontrará su oportunidad como secretaria en el bufete de abogados de Edward Grey, un excéntrico y tímido letrado que disfruta humillando a sus empleadas. Pero, al contrario de lo que se pueda pensar, Lee accederá a todas las vejaciones y creará un atípico cuento de hadas infrecuentemente risueño y hermoso.

 

Históricamente, Aristóteles suplicó a Filis, una prostituta de mal vivir, que le utilizase como caballo y golpeara sus nalgas, una anécdota parafílica que sirve de ejemplo de rendición absoluta y sumisión incondicional. La naturaleza, lejos de tener un propósito, o ser ordenada o amable, trata con absoluta indiferencia los problemas de la humanidad. En este escabroso terreno, Steven Shainberg combina una fábula camuflada de insólita comedia romántica donde el humor es melancólico y cínico y el erotismo crea una extraña sugestión avocada a la idea de que el amor no siempre surge del modo en que se espera. Afirma Octavio Paz que el amor es subversivo, pero al mismo tiempo es caída y vuelo, elección y sumisión. Y en éste último término es donde se encuentra la clave de una película morbosa, provocativa, a veces insultantemente descarada como es ‘Secretary’. La degradación humana por medio del amor no es algo nuevo, pero sí resulta infrecuente encontrarse una teoría, a priori tan poco cinematográfica, llevada a una enternecedora historia de amor donde el castigo físico o la autolesión no son utilizados para sentir placer sexual, sino como metáfora de una salida real a la entropía emocional. Lee y el Sr. Grey son dos seres aislados que se encuentran, y juntos descubren la fuerza del amor indestructible, aunque sea cimentada en una relación que se sale de los cánones preestablecidos. Ambos guían al espectador en un viaje hacia el profundo y extraño mundo de la sexualidad humana. La relación enfermiza de estos dos personajes aparentemente patógenos y obsesionados con apegos al sexo bizarro y doloroso, no es más que la inconmensurable representación de una pareja que supera los complejos que establece la moral censora para unirse lentamente en una concordia sentimental perfecta. Una poderosa y única historia de amor que desgrana una valiente y ‘kamikaze’ teoría sobre cómo el sexo, el amor y el poder se interrelacionan en un mundo que mira mal todo aquello que se sale de lo común. No estamos ante el típico filme de guerra de los sexos, ni ante las injusticias de un entorno laboral, sino ante una de las historias de amor más conmovedoras del cine reciente. ‘Secretary’, en su fondo, no difiere mucho de la estructura de comedia romántica en la que la chica se enamora y pierde al chico para terminar recuperándolo. Un manifiesto, que aboga por la comprensión de estilos de vida que no son necesariamente productos de alguna imaginaria perversión, sino de la ambición de encontrar a alguien que comprenda nuestra forma de ser: la utópica ‘alma gemela’ del romanticismo.

 

‘Secretary’ reflexiona acerca de lo fácil que resulta que el placer y el dolor del castigo sexual y la zozobra amorosa se confundan, máxime cuando dos personas establecen una relación laboral cimentada en la práctica y la aceptación del poder. Aquí el sometimiento y la dependencia son un modo de paliar las cicatrices sentimentales. Los personajes de esta meticulosa cinta son solitarios y extraños que difieren de todo y de todos, siendo antagonistas de la sociedad que les rodea. Aunque se encuentran y son conscientes de su atracción, de su necesidad de afecto, también lo son de sus heridas morales y afectivas que esperan curar. Ella es tendente a la automutilación como salida del dolor existencial que la atormenta debido a los problemas de una disfuncional familia suburbana y él, un educado y obsesivo abogado con abuso de poder, se deja llevar por la propensión a la punición y humillación que confiere su potestad, tal vez producto de su retraimiento social y sentimental. Sin embargo, lo que podría asumirse como una alegoría antifeminista y ultrarreaccionaria, queda disuelta por la actitud de Shainberg a la hora de llevar el relato a una escena sobria y teatral, en todo momento buscando un sincero acercamiento a los sentimientos de los protagonistas y evitando recrearse en la provocación vacía ni el trato ofensivo hacia sus personajes. Eso sí, sin dejar de mostrar los postulados del sadomasoquismo como si de un texto de Ionesco se tratara, para acreditar que el amor consiste en reconocer aquello que nos distingue del resto del mundo, aquello que nos hace felices, aunque haya que rechazar los cánones preestablecidos. Y es que ‘Secretary’ es una película de diferencias, ya no sólo por ridiculizar el sistema capitalista de la relación ‘empleada-jefe’ o darle su buena dosis de crítica a la familia americana o a los medios de comunicación (algo muy habitual en la actual comedia negra), sino por abarcar temas tan difíciles de profundizar como la pasión, la sexualidad y la intimidad, explorando a su vez el delicado equilibrio entre el dolor y la curación, el dominio y la entrega, personificado en una mezcla de atracción y lujuria en clave de sadomasoquismo bajo la cual Shainberg adivina una diferente manifestación del amor verdadero que se hace aún más turbadora con la música del siempre genial Angelo Baladamenti.

 

Mención aparte merecen los dos protagonistas de esta obra de culto. Los juegos de faltas y correctivos, de humillaciones y escarmientos (en el fondo muestras de amor sincero), son representados con absoluta taumaturgia por un recuperado James Spader, muy habituado a este tipo de películas extrañas y sexuales (como ‘Crash’, de Cronenberg), que consigue de forma hábil rescatar un personaje degradante hasta llegar a humanizarlo mediante una comedida actuación y, sobre todo, por la joven Maggie Gyllenhaal. Y es que si alguien merece todos los elogios y adjetivos positivos de la cinta es esta prodigiosa revelación que compone un personaje oscuro e indefinible con un besdordante talento y destreza, mostrándose frágil, pero sin convertirse en víctima. Posiblemente, la mejor interpretación femenina de esta temporada.     

 

En ‘Secretary’, lo que para muchos resulta desagradable e intolerable, señal de hipocresía e intransigencia, es en realidad una muestra de belleza sensible en estado puro de dos personas que edifican, poco a poco, una personal y casi perfecta felicidad. Todo ello recogido en ese aparente final simbólico donde la pobre y sufrida Lee se aferra a la mesa del despacho de su amado Jefe, no como un ejemplo de sometimiento, sino como esperanza del amor, reclamando su derecho a la extraña felicidad que siempre ha buscado y que tiene su cúlmen en un inolvidable ‘happy end’ con ésa mirada cómplice, metafísica y cínica, sugiriéndole al espectador que se puede ser feliz y conseguir la normalidad ampliada en el campo de la diferencia. Una oda a la divergencia con el mundo que estandariza y ‘custumiza’ en una homogeneización normalizadora e intransigente que es sinónimo de convencialismo. Toda una pieza de culto de nuestros días.   

 

Miguel Á. Refoyo © 2004

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Secretary
Fecha de publicación: 2004-07-30 10:19:00, por Miguel Á. Refoyo   (visto: 3201 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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Flor Sarabia
Difiero publicada el (30/10/2009 00:10:07)

Difiero de tu crítica en cuanto a que resulta desagradable e intolerante por ¿hipocresia?... a mí me parecio intolerante en cuanto a la lentitud del desarrollo de la psique de los personajes. A mi forma de ver el único atisbo valiente y original al sadomasoquismo (correspondiente a cada personaje) es cuando él la deja esperándolo en el escritorio y ella lo espera en una misma posición. Sin embargo cae en lo fantasioso, ridículo y exasperante, al extenderlo demasiado tiempo y a límites empalagosos y sobre todo caer en la vacuidad de hacer acto de presencia los medios de comunicación como para acentuar lo grave de la situación... clásico cine gringo recurriendo al truco barato de lo obvio (nalgadas, sexo humillante). Lo único rescatable son las actuaciones de ambos. Es mi opinión.

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