Los sucios mecanismos del poder petrolífero
Stephen Gaghan ha creado una de las mejores y más complejas películas del año en su análisis sobre la geopolítica mundial, la corrupción y el poder por el dominio de combustibles fósiles.
‘Syriana’, de entrada, no es una película complaciente ni con la actual situación geopolítica del mundo ni con sus aspiraciones de denuncia sobre la corrupción e intrigas de poder que se propugnan en la encarnizada lucha de Estados Unidos por el control de los últimos recursos petrolíferos. Una pugna donde el dominio del oro negro evidencia la realidad que se esconde bajo las incestuosas relaciones entre el Estado, una CIA en decadencia moral sin freno, el sector jurídico y, sobre todo, las multinacionales que adquieren mayor poder fusionándose. Ni siquiera cuando detrás de su producción se encuentra Jeff Skoll (creador de eBay y adalid de varias campañas de acción social) apoyado por asociaciones ecologistas como la National Resources Defense, que aspira a la adopción para una nueva política energética, ni la supuesta tendenciosidad ideológica de George Clooney por dar una imagen que atacara a la administración de George W. Bush con fines electorales que beneficiaran a un supuesto regreso al poder por parte de los demócratas como garantía de lavado del sistema yanqui son óbice para poner en duda lo temerario de la propuesta.
La película de Stephen Gaghan sirve como mimesis de la realidad que nos rodea, arriesgando en su apuesta por destapar conspiraciones e intereses económicos que mueven el mundo petrolífero, antojándose éstos demasiado reales como para resultar una ficción tendenciosa acerca de las monarquías petroleras corruptas, los amorales trabajos de los servicios secretos y la crítica a la implacable perseverancia estadounidense por dominar los yacimientos más importantes del Golfo Pérsico, sea cual sea el precio. Pero lo cierto es que, echándole un vistazo a la actualidad, no se puede deja pasar la ambición por el incremento de la productividad del capitalismo norteamericano y de los flujos financieros mundiales, en los que George Bush tiene, además de un problema con Irak, una grave situación con el unilateralismo de su política exterior. Tampoco en el terreno geopolítico, donde lejos de que los gases de ‘efecto invernadero’ generados por los hidrocarburos dañen a la atmósfera y planteen un grave riesgo climático, la pugna de los yacimientos de petróleo productivo condensados en Oriente Medio constituye una política policéntrica que desatiende la gravedad de la creciente pobreza global.
‘Syriana’, aparte de su genérica definición de ‘suspense geopolítico’, se muestra como manifiesto admonitorio de la avanzada consumición de las reservas petrolíferas mundiales, suceso que pone en peligro el modelo de desarrollo de los países industrializados como Estados Unidos, que posee el 25% de las reservas mundiales en una economía basada fundamentalmente en el petróleo, por lo que deberá modificar la correlación de fuerzas internacionales. Para frenar este problema, el bizantino Bush recicla una ancestral iniciativa del Departamento de Estado que apoya los intereses de los corruptos y farragosos consorcios económicos multinacionales. Los objetivos, desde ese punto de vista, están claros: Turquía, Israel, Arabia Saudita, Palestina, Irán, Siria, Líbano… responden a esos intereses geopolíticos norteamericanos e internacionales, no sin un destacado influjo exógeno y abre una pluralidad de conflictos reales y disuasivos que se presentan en varios escenarios con guerras de diversa índole; comerciales, fiscales, económicas, tecnológicas, de patentes, religiosas...
Por todo ello, no importa si ‘Syriana’ es un término creado por los norteamericanos para designar genérica e interesadamente a todas esas naciones entre Marruecos y Pakistán a las que se ve como pozos de extracción o si en realidad, pertenece al nombre histórico del proyecto para la construcción de la Gran Siria, que reúne alrededor de ese país al Líbano, Palestina y Transjordania. ‘Syriana’ es una película contracorriente y reflexiva que impone la necesidad de posicionamiento intelectual por parte del espectador, ya que Gaghan pone al público frente a un problema real que se constituye en los intereses multinacionales de doble moral, los abusos del capitalismo, la lucha de poderes mediante la absorbente globalización (donde el petróleo se erige como catalizador de toda la codicia), fanatismos religiosos o una denuncia directa a Estados Unidos y su política intervencionista para mantener sus privilegios dentro de la esfera geopolítica actual.
Cine comprometido
Tras el atentado en el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos se sumió en un silencio mediático e intelectual sin parangón. El miedo a opinar y el riesgo por la crítica negativa ha sido hasta entonces un elemento que se ha dejado notar en el Hollywood más contestatario y crítico con la actual administración Bush. Por eso, en la esfera cultural estadounidense, se empiezan a dar raras excepciones de levantamiento de voces contrarias al totalitarismo político republicano. ‘Section Eight’, productora fundada por Steven Soderbergh y George Clooney es un ejemplo de este movimiento. Películas como ‘Good night & good luck’, ‘Jarhead’, ‘Lord of War’, ‘El jardinero fiel’ y esta ‘Syriana’ podrían ser paradigmas de filmes que suscitan un debate abierto sin necesidad de convertir su temática en mero espectáculo, pero evitando configurarse, a su vez, en un evento minoritario y exclusivo para salir airosos en su fin de polemizar sobre situaciones que parecían veladas para el público estadounidense, oponiéndose o refutando lo establecido.
Para ello, Gaghan, en complicidad con Clooney y Soderbergh, propone con sunueva película una rehabilitación de un período tan ideológicamente sedicioso como lo fuera la década de los 70 y sus ‘thrillers políticos’ y acusatorios de la mano de Alan J. Pakula, John Frankenheimer, Sydney Pollack o en su rama europea Costa-Gavras, en un contexto donde lo importante es advertir sobre los riesgos de la globalización y el pernicioso papel que desempeñan los intereses americanos apoyados en su aparato político, militar y sus servicios especiales. En este orbe de incentivos económicos, ‘Syriana’ aborda el juego de poderes establecido alrededor de la producción de petróleo en Oriente Medio.
La acción arranca en Teherán, con la venta de dos misiles Stinger por parte de Bob Barnes, un agente de la CIA que ejecuta sus misiones en Oriente Medio sin ningún problema de conciencia. A través de un fulgurante montaje, la historia se subtextualiza en varios frentes que tomarán la médula espinal de una cinta coral y compleja en su narrativa poliforme; un joven analista energético, Matt Damon, sufre una terrible pérdida que trastorna su familia y repercute en una ambición profesional sin límites al asesorar a Nasir, príncipe heredero de un emirato, que con su consejo predice la consunción de yacimientos petrolíferos con una democratización ideológica de las instituciones en contra su hermano menor, el príncipe Mesha, que aspira al lujo sin complicaciones de un Emir a punto de fallecer.
Por otra parte, dos abogados con dos conceptos de la corrupción diferenciados; el veterano, que manipula tratos económicos que beneficien a su bolsillo y a su país, y el novato, contratado por el Departamento de Justicia para supervisar la transparencia de la fusión de dos emporios petroleros de Texas de los que uno es acusado de estratagemas ilegales. Y, por último, en el reverso de la moneda, la que corresponde a dos obreros inmigrantes que son despedidos de las instalaciones petroleras del emirato por esta fusión que acarreará la desilusión de ambos jóvenes que acabarán formando parte de un grupo extremista islámico. Siempre volviendo a Barnes y su tortuoso viaje a la verdad de una profesión que niega su trabajo, consistente en asesinar objetivos impuestos por la CIA en su depravada lucha e investigación.
En su valiente composición de simultáneo fraccionamiento narrativo, Gaghan aporta una película difícil, de estructura hipertextual, que establece su narración argumental elíptica y algo confusa como signo de la compleja tensión que se da en la crisis internacional del petróleo y el dominio del mercado por parte del más fuerte, siguiendo un tono armonizador de todos sus hilos argumentales que acaban por converger en una construcción de significación común. Para ello, el guionista de ‘Traffic’ (a la que, por su forma de narración, se ha comparado constantemente), muestra un dominio del ritmo apabullante, apoyado en el frenético y espléndido montaje de Tim Squyres, que potencia su dinamismo con una constante inquietud en la cámara de Gaghan. Cabe subrayar, además, el destacado papel todos y cada uno de los intérpretes que componen el estupendo el elenco del filme (George Clooney, Jeffrey Wright, Matt Damon, Christopher Plummer, Alexander Siddig o Chris Cooper).
Trascendente en su capacidad de denuncia, ‘Syriana’ es una incendiaria y comprometida película que incita a una reflexión social y política participativa a través de su expositiva trama, que transita entre Estados Unidos, el Golfo Pérsico, Dubai, Beirut, Teherán… y donde el realismo impregna cada lugar y situación, multiplicando los idiomas (árabe, farsi o urdu) según imponga el desarrollo de la cinta. Cine conspiratorio y de complot donde palpita la acción, los diálogos políticos, económicos y geopolíticos que no dan tregua a un espectador que no tiene más remedio que introducirse y reflexionar acerca de esta delación sobre la insondable putrefacción moral de la soberanía energética trasnacional.
Basada libremente en la novela ‘See no evil: the true story of a ground soldier in the CIA’s war against terrorism’, de Robert Baer, ex agente de la CIA, ‘Syriana’ pone en la palestra no sólo la carcoma ética de los responsables políticos, abogados, hombres de negocio y agentes de inteligencia en su rastrera guerra por la potestad del petróleo, sino que, en el camino, Gaghgan fusila a la CIA, reflejándola como una organización criminal que manipula y atenta a gran escala y deja entrever que el próximo objetivo de Estados Unidos en esta sucia pugna por dominar el oro negro es una hipotética (y factible) invasión de Irán. Si bien hay ciertas partes imprecisas del relato (como aquéllas que tienen lugar con Barnes en un Beirut bajo control del Hezbollah o el hecho de eludir el conflicto ‘palestino-israelí’ en la trama), ‘Syriana’, con su densidad narrativa como eje funcional, es una cinta valiente que pretende, con contundencia, destapar el hipócrita intervencionismo norteamericano cuestionando la validez de todas sus bases éticas y económicas.
Cuando, a largo plazo, el petróleo desaparezca y el inevitable declive del gas natural o el carbón tampoco sean una opción duradera, Occidente deberá plantearse la imposición de unas exigencias en la que las apariencias solo sirvan para salvaguardar un estilo de vida que se asienta en la globalización. ‘Syriana’ deja claro que la corrupción es el alma de un capitalismo poco menos que asentado en su dependencia de los combustibles fósiles, pero también que existe el riesgo de un radicalismo musulmán que emerge de la miseria, la humillación y la avidez de rebelión ante la displicencia de una sociedad actual acostumbrada a cerrar los ojos ante los problemas internacionales que generan problemas comunes.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2006

 
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Review ´Syriana´
Fecha de publicación: 2007-11-19 01:11:27, por Miguel Á. Refoyo   (visto: 2841 veces)   (a 8 personas les ha parecido interesante)
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