Corrosivo retrato sobre la estupidez Los hermanos Coen regresan a la comedia con su peculiar y mortífera visión de un ser humano actual absorbido por la idiotez, la ambición y la violencia en otra gran muestra de cine misantrópico que fagocita un estilo propio. Si a principios de año, el cine de los hermanos Coen revivió el anhelado universo de referencias cinéfilas con ‘No es un país para viejos´, filme que supuso su reconciliación con su estilo hiperreal y abruptamente complejo y la fertilidad compositiva de un ideal de cine que se iba echando de menos, ‘Quemar después de leer´ devuelve también el mejor cine de estos inquietos consanguíneos a las fronteras de la comedia que les caracteriza. Aquella que se muestra como exposición casi antropológica sobre la imbecilidad que anida en el hombre moderno, haciendo una crítica sardónica sobre la sociedad americana, donde, como viendo siendo habitual, se subraya la ambición, los miedos y la violencia. Es el regreso a su aplaudida misantropía. La vuelta a la gangrenosa perspectiva que tienen los hermanos Coen de Estados Unidos y sus defectos a través de los inconfundibles ‘losers´ sumidos en la mediocridad que aspiran a ocupar un estatus social o profesional mucho mayor que el que tienen.

‘Quemar después de leer´ se presenta como una comedia negra y coral, con personajes que chocan entre ellos por azar de un destino o bien por los desarreglos con la que actúan en sus diferentes y apáticas vidas. Un analista de la CIA es despedido por su adicción al alcohol. Su mujer le engaña con un agente del tesoro mujeriego y fracasado. Con ansias de venganza, decide verter sus conocimientos de la agencia secreta en unas memorias que acaban, por accidente, en manos de dos empleados del gimnasio Hardbodies. Comienza así un enredo de chantajes, extorsión, infidelidades y sucesos que van enrevesándose hacia una tragedia que resulta hilarante. Si en su anterior y ‘oscarizada´ película adaptaban la novela homónima de Cormac McCarthy, desarrollada en un contexto de rudeza extemporánea, situando esta áspera fábula en la Norteamérica rural, sucia y fronteriza, aquí la novela del almirante Stansfield Turner ‘Burn before reading: Presidents, CIA directors, and secret intelligence´ es una mera excusa para retratar la avaricia, la vanidad y la gilipollez de unos individuos obstinados, que no difieren al paradigma de los Coen, con la habilidad de vulnerar la cotidianidad y verse envueltos en una pesadilla de violencia e intereses ajenos donde el destino tiene la última palabra.

Como ya sucediera en películas como ‘Sangre Fácil´, ‘Fargo´, ‘El Gran Lebowski´ o la citada ‘No es un país para viejos´, la narratividad que deviene de la causa y el efecto de las situaciones van enredando la madeja hasta límites insospechados, como suele ocurrir en casi todas las historias con el sello ‘Coen´. La cinta responde, en su inicio, a un género concreto, sin embargo, acaba por derivar hacia unos propósitos más caleidoscópicos que beben constantemente de la amalgama referencial, fagocitando sus propias costumbres, donde la superficie cómica difiere de los vastos parajes de su anterior obra, pero manteniendo una alusiva melancolía y pesimismo que domina sobre la puesta en escena con la ascética fotografía urbanita de Emmanuel Lubezki, que suplanta aquí al gran Roger Deakins, eterno colaborador de los Coen a lo largo de su filmografía. Todo en ‘Quemar después de leer´ se utiliza como subterfugio de dobles intenciones; una comedia que acaba por proponer una película de espionaje e historias cruzadas de adulterios, un objeto aparentemente utltrasecreto que es manejado por gente de a pie como valiosa información y que no es más que un ‘McGuffin´ que no interesa a nadie (aquí, ni siquiera a los rusos) y que desencadena una serie de catastróficos incidentes y la imprevisibilidad de los acontecimientos, al igual que aquella alfombra meada en ‘El Gran Lebowski´. Los Coen manejan a la perfección los mecanismos narrativos. Saben inviertir las expectativas que genera la acción para transformarla, de comedia a ‘thriller´, de cinta coral a caricatura social donde reflejar las miserias de los fracasados irresponsables que representan la clase media alta norteamericana.

Además de la lógica cinefilia y la readaptación de los modelos clásicos, se sigue perpetuando un calculado engranaje de puntual precisión dentro del guión, donde juega un papel fundamental las simetrías y los contrastes, interconectando sátira y tragedia, dando como resultado todos los enfrentamientos y choques fortuitos de una frenética (a veces excesiva) comedia enloquecida. Llega un momento en que todo se vuelve arbitrario, complicándose de forma antiépica gracias a factores ocasionales y a las reacciones inesperadas de los personajes. De este modo, son ellos los que van urdiendo la esperpéntica trama, mediante su grotesca sordidez materialista. Por eso, desde ese relativismo licencioso, se resuelven de forma pragmática todo el trazado narrativo, por muy delirante y surreal que éste pueda parecer. En ‘Quemar después de leer´ la idiotez parece transmitirse a todos los involucrados en la historia creando un sistema de equívocos, dejando en entredicho a la C.I.A., personificados en un agente y un alto cargo sumidos en la más profunda impericia, incapaces de investigar o reflexionar sobre los motivos que van hilvanando el enredo, riéndose, de paso, del miedo, de la conspiración y la paranoia que envuelve al pensamiento yanqui actualmente. Es, por tanto, ése enemigo invisible el responsable de tanta estupidez. ‘Quemar después de leer´ es una comedia en la que las suposiciones y las realidades no se corresponden, respondiendo a un guión que busca el absurdo con absoluta cognición de llegar a conclusiones mucho más preclaras de las que en un principio podrían darse. Los Coen sumen la función en el disparate y en la desmitificación de todos y cada uno de los elementos utilizados. El resultado es un ritmo constante y frenético, un ir y venir de acciones a cual más incoherente que produce una inagotable sensación de progresión.

En su nueva historia coral de enredos, tanta frivolidad, irracionalidad y delirio no podría alcanzar un altísimo nivel como el exhibido si no fuera por el mecanismo que sustenta todo el arsenal cómico, asentado en un reparto que, dentro del histrionismo, se luce con una capacidad interpretativa indiscutible; así John Malkovich se desmelena como vengativo analista de la CIA, George Clooney da una pátina de esplendor a un paranoico agente federal capaz de construir manualmente su gran secreto: una máquina de placer sexual casera. También la gélida frialdad de una extraordinaria Tilda Swinton o las reacciones de empanado del gran J.K. Simmons ante los argumentos de David Rasche. Pero la gran baza del mérito se la llevan tres actores muy diferentes entre sí; Frances McDorman sutiliza la candidez absurda de esa mujer obligada a la superficialidad que desea una operación de cirugía para atraer hombres, Brad Pitt, simbolizando con grandeza la simpleza estólida de un monitor de gimnasio adicto al chicle y al iPod, el único que se toma en serio la trama de espionaje, así como el veterano Richard Jenkins, dando vida a un profesor de gimnasio enamorado de su empleada que se ve salpicado por la mierda generada por un grupo de seres ignorantes que ocultan bajo su apariencia una estupidez que va más allá de la inocencia y se convierte en la mala hostia. Sería erróneo definir esta inclasificable película como un filme "menor" dentro de la carrera de los Coen, ya que ‘Quemar después de leer´, además de previsible ‘cult movie´ futura, es al enésima demostración de la magnificación de esa subversiva versatilidad que possen unos hermanos dispuestos a no dejar de sorprender.

MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO´  

fuente: http://refoworld.blogspot.com/2008/10/corrosivo-retrato-sobre-la-estupidez.html

 

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Quemar después de leer
Fecha de publicación: 2008-12-29 12:12:38, por admin   (visto: 1532 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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