‘Matrix Reloaded’ suple el peso argumental de su antecesora con un circo de pirotecnia visual que llega a resultar inesperadamente letárgico.

 

Matrix Reloaded
“Infantil y reiterativa” fueron los adjetivos con los que la crítica internacional de Cannes recibió esta esperadísima segunda parte de ‘Matrix’, filme enigmático, envolvente y fascinante que revolucionó la Ciencia Ficción y devolvió al concepto estético y futurista ‘cyberpunk’ el reconocimiento que merecía. Los críticos no estaban equivocados. A pesar de la mucha expectación que ‘Matrix Relodaded’ ha levantado con su estreno mundial, centrado sobre todo en un arsenal mediático y promocional sin precedentes, los Wachowski lo tenían muy difícil para estar a la altura y refrendar su inquietud creativa desplegada en la novedosa innovación de imágenes y tratamiento épico del género. Y, lamentablemente, no lo han conseguido.

A lo largo de dos horas y media, los Wachowski renuncian a su interesante discurso apocalíptico, a su idea de resurrección y multiplicidad de lecturas finales o a los planteamientos extraídos de las teorías futuristas de Delany, Moorcock, Aldiss o Ballard para pretender concebir una desconcertante y aparente original propuesta para abrir así nuevos caminos en un género ‘cyberpunk’ que continúa bebiendo de William Gibson y su novela ‘Neuromante’, la misma que servía como referencia principal de ‘Matrix’. La complejidad con la que estos nuevos genios del cine moderno hicieron que lo simple y gratuito se encaminara a la suma del pensamiento, las dudas y la proclividad estética que mueve al hombre moderno se transforma en ‘Matrix Reloaded’ en una historia que carece de interés, fundamentalmente por una súbita pretensión en la que los personajes protagonistas emplean superficiales soliloquios que no convencen ni siguen la pauta abierta en la original. Así, la interesante base futurista manejada de forma magistral en su antecesora, aquél manifiesto profético a medio camino entre la filosofía oriental y la religión, ha pasado a enflaquecer sus propósitos para quedar en una escuálida homilía llena de sermones con intención, pero desprovistos de la ineludible profundidad que se aguardaba. Claro ejemplo de ello es el momento en que Morpheus, sofista y obsesionado, recita las mismas palabras que Martin Luther King en uno de los muchos momentos de comedia no intencionada que tiene esta secuela. Se ha evaporado la implacable dogma de la liberación, aquélla que independiza al hombre de sí mimo.

La historia de esta segunda entrega muestra a un Neo mucho más poderoso y místico, conciente de su rol de ‘Elegido’. Trinity (Carrie-Anne Moss) y Morpheus (Fishburne) persisten en evitar que una horda de Centinelas enviados por la soberanía de Matrix para que descubran Zion (el último reducto de hombres libres) y acaben con ella. Para eludir la catástrofe, deberán salvaguardar a un misterioso hombre llamado The Keymaker, que les dará la clave para intentar evitar el desastre. En este nuevo viaje los Wachowski cometen varios errores que no hacen sino traicionar a su propia perspectiva genérica. Zión, la caterva platónica donde el mundo real lucha por sobrevivir, es una especie de reducto de Fraggle Rock donde después de las grotescas palabras de sus dirigentes todos bailan como si de una gran ‘rave bakaladera’ se tratara. El Oráculo desentraña su verdadera naturaleza dejando ver que lo expuesto en ‘Matrix’ era sólo el principio de un enrevesado puzzle del que muchas de sus piezas no terminan de encajar. Lo más reprochable, sin embargo es la cantidad de personajes intrascendentes que aparecen a lo largo del metraje. El agente Smith convertido en virus, la poca solvente Niobe, el fanático admirador de Neo, los Gemelos de la cuchilla de afeitar o la carnal Monica Belucci y su absurda secuencia deterioran un filme que retoma el fascinante mundo de la primera ‘Matrix’ cuando se presenta al inquietante Arquitecto (creador de Matrix y homenaje a K. Dick) con una notable e interesante conversación con Neo acerca de su condición, del destino, la elección y la esperanza del ser humano. Sólo entonces ‘Matrix Reloaded’ se acerca a su antecesora, cuando encuentra la unicidad del ‘hardcore’ combinando la profundidad argumental tristemente perdida en esta secuela con la acción y el espectáculo. Los Wachowski idean en su parte final la abrumante solidez cimentada en la trasgresión de sus designios, en la intención de contravenir cualquier aledaño antes inscrito en este mágico género. La pena es que llegue demasiado tarde, cuando los creadores de este fenómeno de masas han dejado que el discurso cibernético postmodernista se les transforme una simple excusa desvirtuada por la saturación digital de la imagen, en la cual la innovación es la retribución que recibe el espectador de una película que adolece de lo más importante: una buena historia. ‘Matrix Reloaded’ es un circo repleto de espectacularidad artificiosa, en el que las inacabables secuencias de lucha (muchas de ellas gratuitas y sin sentido) han sido perfeccionadas con un ‘bullet time’ más fastuoso y acabado con imposibles movimientos de cámara dentro del mismo plano. En el apartado interpretativo, más de lo mismo; todos cumplen su función a la perfección representando roles inalterables que no sonríen nunca y que se mueven bajo la oscura y siniestra atmósfera creada por una maravillosa fotografía de Bill Pope.

El mayor problema reside en un inesperado conformismo narrativo y estético que hace echar de menos su anterior desafío a las leyes de la filmación cinematográfica, quedando esta malograda tendencia en la virtuosidad con la que los Wachowski filman las ejemplares escenas de acción que se suceden, paradójicamente, como los ‘deja vú’ creados en el mundo virtual de Matrix. Es decir, suceden cuando se cambia algo. Lo mismo que han hecho estos portentos de la imagen que tienen aún que demostrar muchas cosas dentro del cine. Queda esperar a que en noviembre ‘Matrix Revolutions’ levante el vuelo y defina de una vez por todas las dudas que han quedado en el aire y poder despejar muchas de las preguntas sembradas en esta fallida secuela. Una puerta a la esperanza. Igual a la que elige Neo en el final de esta cinta. A pesar de la decepción de este nuevo juguete visual, habrá que darle una merecida oportunidad a una tercera parte que puede justificar la existencia de la trilogía o bien puede dejar patente lo que muchos se temían: que el universo Matrix es, tan sólo, una excusa para convertir una obra maestra en una máquina de hacer dinero.

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Matrix Reloaded: Estrepitosa y desilusionante decepción
Fecha de publicación: 2003-05-28 10:35:00, por Miguel Ángel Refoyo   (visto: 1388 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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