LA SILLA de Julio D. Wallovits (2006)

El tándem compuesto por Gual y Wallovits sorprendió a propios extraños con la magnífica “Smooking room”, una mordaz crítica dirigida contra los mecanismos de poder y dominación dentro del mundo laboral. Tras el éxito, decidieron ir por separado con desigual fortuna, pero sin renunciar ambos a un cine lleno de provocación y riesgo. No obstante, ha sido Julio D. Wallovits quien más lejos ha llegado en ese camino tan difícil con la potente, enigmática, surreal y profundamente kafkiana “La silla”, todo un ensayo filosófico-visual acerca del vacío, el marasmo existencial y la pérdida total de sentido a que el hombre posmoderno se ve irremediablemente abocado dentro de una sociedad ferozmente consumista donde los objetos acaban poseyéndolo todo, incluida la propia vida del ciudadano, cada vez más convertido en mero receptor de mensajes publicitarios que excitan su deseo de poseer la quimera de la completa felicidad. Una tecnología omnipresente que enmascara su vacío, una laboriosidad compulsiva actuando como velo de un miedo y una inseguridad corrosivas, un hombre desorientado en busca de un objeto que pueda redimirle de su fracaso. Tal vez una silla… o un iPhone o… etc.

 

EL INOCENTE de Luchino Visconti (1976)

No hay duda de que Visconti ha sido y continúa siendo considerado como uno de los más personales directores de la historia del Séptimo Arte. Habiendo firmado un clásico incontestable como "El gatopardo", el gran autor quiso regalarnos una despedida no menos fascinante adaptando la novela homónima de Gabriele D'Annunzio titulada “El inocente”, una trágica historia de amor, muerte y decadencia magistralmente interpretada por el actor Giancarlo Giannini en el papel de aristócrata lúcido y hedonista cuyo pragmatismo existencial le llevará a enfrentar dilemas morales de muy difícil solución. Buenísima.

 

MIENTRAS DUERMES de Jaume Balagueró (2011)

Este señor director es un maestro. No lo digo solo por esta película, cuyo solo resultado avalaría por sí mismo tal aseveración, sino por una trayectoria que nos ha dejado joyas como “Los sin nombre” o “Darkness”. Pero esta última es más, es lo mejor que ha rodado hasta el momento, es la culminación hasta el momento de una particular y original mirada sobre el género, que entretiene y asusta, tensiona y sorprende, pero sin rendirse a la trillada gramática del terror para de alguna manera subvertirla, instilando en su atmósfera una inaplazable reflexión sobre el Mal, sin sermonear, sin moralizar, pero con un oscuro poso ético que nos turba e interpela como espectadores que sufren de identificaciones contradictorias, algo absolutamente perceptible en el encuentro con el personaje magistralmente interpretado por un gigante llamado Luis Tosar, sin duda uno de los mejores y más complejos de su carrera. No os la perdáis.

 

EL ÁRBOL DE LA VIDA de Terrence Malick (2011)

Tan denostada como idolatrada a partes iguales por crítica y público, la última y magna obra del esquivo Terrence Malick no defrauda respecto a lo que se espera de un cineasta con fama de críptico e inabordable, si bien el filosófico poema visual que compone a lo largo de su amplio metraje (y me da también que los cortes han sido muchos y en ocasiones excesivos) es mucho más accesible de lo inicialmente esperado, con una poderosa historia cincelada sobre la materia de la creación y estrechamente relacionada con las grandes cuestiones de la existencia, componiendo la reflexión a base de trazos imaginarios entreverados con voces en off lapidarias que tratan de ofrecer –lo que logran en algunos momentos pero no en todos– un abordaje poliédrico y apasionante al origen del hombre, su cultura asentada en la mitológica figura del Padre Creador, los fundamentos de su espiritualidad y el enigma continuo de su situación en el Universo, al menos en el conocido. Se echa de menos, ya digo, más metraje para ciertas partes del relato, un anudamiento más compacto y un mayor flujo narrativo hacia el final de la cinta. Esto precisamente hace que para mí no se convierta automáticamente en la Obra Maestra indiscutible que muchos suscribieron tras su victoria en Cannes, bien que, y aun siendo sensiblemente inferior a la monumental “La delgada línea roja”, se trate sin duda de una grandísima película que se transforma de inmediato en imprescindible para todos aquellos que aman el cine por su capacidad inagotable de generar nuevos sentimientos vinculados a la emoción y el intelecto a través del poder formal de sus imágenes y la audacia inquisitiva de su contenido. Muy Buena.

 

JONÁS, QUE CUMPLIRÁ 25 EN EL AÑO 2000 de Alain Tanner (1976)

¿Una revisión algo trasnochada? Puede que a simple vista así lo parezca. Pero no lo es tanto si atendemos, y nos atenemos, a la actual situación crítica por la que el mundo globalizado está atravesando desde hace años, y que no tiene visos de abandonarnos de aquí en breve. Alguien dijo que si hablabas mucho de Mayo del 68 es seguro que no estuviste allí. Los protagonistas de esta película sí estuvieron, y entre todos componen una galería de personajes muy atractiva, con sus debates, conflictos, paradojas, cárceles ideológicas y utopías desdeñadas o estreñidas que nos hablan de toda una generación vociferante, supuestamente rebelde, que buscó arena de playa bajo los adoquines para acabar dando el pelotazo en la reconstrucción de las calles, y de paso urbanizar el barrio desde la concejalía de turno. O dicho de otra forma: cambiarlo todo para que todo permanezca más o menos igual, sobre todo en lo tocante a beneficios, prebendas, sinecuras e influencias. Y de aquellas purificadoras lluvias ahora… Usted mismo.

 

LEGIÓN de Scott Charles Stewart (2010)

No, no se trata de la secuela de la abominable “Centurión” de Neil Marshall. Casi diría que es todavía peor. Atención: ¿alguien desea contemplar a dos arcángeles en plan Terminator destrozando un local mientras se disputan la confianza de su Jefe? Algo tan peregrino no se justifica ni calzando el subproducto en la famosa serie B, cajón de-sastre para algunas películas que jamás debieron ver la luz, para permanecer eterna y merecidamente en los oscuros sótanos del olvido. Ahora Dios parece haberse cansado de “tanta gilipollez”, lo cual no nos extraña en absoluto, y decide cortar por lo sano y lo enfermo, y poner a la humanidad en un nuevo cero absoluto, tal vez para intentar un nuevo experimento evolutivo. Pero claro, existe una última y doble esperanza para la agotada humanidad: la inquebrantable fe de San Miguel en el género humano, en su capacidad de amar al prójimo por encima de lo racional o recomendable, y la posibilidad de un nuevo redentor que salvará al mundo, guiándole por la senda del Bien. En fin, con tales premisas poco puede hacerse si uno decide tomarlas solamente como pretextos argumentales para desplegar un sonrojante espectáculo de acción, sin plantearse siquiera la posibilidad de una conversación medianamente interesante acerca de la culpa, la redención, la moral o la propia naturaleza de Dios y la realidad que está a punto de desaparecer. El paupérrimo guión se limita a pertrechar a los asediados (nueva variación de zombis asaltando establecimientos), entre cuyos eximios integrantes se cuenta el rebelde Miguel (¿qué ha sido de ti Paul Bettany?), y obligarles a interaccionar sin demasiado sentido dramático en pos de una supervivencia que, como era previsible, solo alcanzará a la sagrada familia: la Madre descarriada que finalmente acepta la anunciación y el destino que se le impone, el Padre amante abnegado que acogerá al hijo como suyo, y el propio Hijo elegido del que nada más se nos cuenta, sin apelar siquiera a la tan socorrida profecía de ancestral arraigo. Todo se desmorona como un desequilibrado castillo de ángeles y finalmente el cielo se abre para el espectador cuando el ansiado final da paso a los créditos autorales. Momento en el que conviene abandonar a toda prisa la sala oscura o sepultar la película bajo una legión de apocalípticos improperios. ¡¡Arredro vayas, engendro!!

 

LA MUJER DE NEGRO de James Watkins (2012)

No, no vamos a ponernos a bailar el guaguancó cubano por haber disfrutado de esta película, pero sí al menos vamos a reconocerle su mérito, que lo tiene, y no poco, evitando voluntariamente desprender las mefíticas emanaciones habitualmente emitidas por cualquier producción encasillada en esto que viene denominándose género de terror. Producto de la legendaria y remozada compañía Hammer, ésta es una cinta con una preciosa y perfecta factura que no olvida la vocación de serie B que la anima, y lejos de la truculencia y los borbotones ketchup apuesta por la tensión gótica, la atmósfera malsana, los tradicionales fantasmas y el respeto por esos protagonistas aquejados de una melancolía incurable. Todo es consabido, previsible, pero funciona perfectamente erigiéndose además en escalón de crecimiento para un Daniel “Potter” Radcliffe que borda su papel joven viudo presa de un destino trágico. Cuidado con los sustos…

 

INTOCABLE de Eric Toledano y Olivier Nakache (2012)

Uno de los fenómenos de la temporada lo es más por motivos sociológicos, supongo, que estrictamente cinematográficos, porque evidentemente esta es una película típica, prototípica, insípida y absolutamente previsible dentro de los márgenes marcados por lo políticamente correcto y deseable. Ya se lo pueden imaginar ustedes: suavizado entente entre un concepto de aburguesamiento cultural pautado por altas dosis de riqueza económica y la irrupción de la buena naturaleza indómita encarnada en la figura del pobre pero honrado, el inculto pero libre, el marginado que sin embargo mantiene la llama de la esperanza con posibilidades de adaptación a poco que el sistema le ofrezca las adecuadas oportunidades para lograrla. Un arquetipo se beneficiará del otro, contagiándose por un lado el rico y hacendado tetrapléjico (factor empático que rebaja la animadversión inicial que pudiera experimentar el espectador hacia su opulenta forma de vida) con algo de la espontaneidad liberadora que le aporta su cuidador pobre, y por otro, adquiriendo el cada vez más hacendoso “buen salvaje” una pizca de la culta sensibilidad que atesora su refinado patrón. Así las cosas, el desarmado público puede experimentar la unión de los contrarios de un modo aséptico y funcional, sin conflicto, a lo cual ayuda  de manera harto eficiente pasar de puntillas sobre la propia situación real, material, de cada uno de los protagonistas, que no aparece conversada siquiera de soslayo. El producto manufacturado se envuelve en gracietas facilonas de esas capaces de agradar a todo tipo de público, incomprensibles deslices moralizantes de esos que sancionan la transgresión a través de cauces conocidos y previstos, y de una estupenda Banda Sonora reproductora de la misma mezcla de opuestos que la historia trata de ejemplificar en cada planto, a veces con burdos y molestos subrayados. Vaticino, pues, un pronto remake hollywoodiense (¿Dustin Hoffman y Will Smith?), aunque lo tendrán muy difícil para superar los resultados: es su misma fórmula trillada con un leve toque de distinción francés.

 

THE ARTIST de Michel Hazanavicius (2011)

La gran triunfadora en la pasada gala de entrega de los premios que la Academia de Hollywood otorga anualmente a sus elegidos fue sin duda esta película, rodada en blanco y negro y cuya máxima peculiaridad consistía en ser muda, emulando aquellos lejanos orígenes del séptimo Arte. Amable, previsible, excelentemente rodada, con unos actores en estado de gracia –especialmente un fabuloso Jean Dujardin–, y con una cuidada puesta en escena, todo eso es cierto, pero la cinta aumenta su valor por elementos algo más, digamos, metacinematográficos, que nos remiten a la propia naturaleza del Cine como necesaria dialéctica entre Arte (la imagen-movimiento dentro de una narrativa y sintaxis particulares) y la Técnica (los avances tecnológicos que aperturan nuevas posibilidades fílmicas), interacción perfectamente ejemplificada mediante la irrupción del sonoro y la debacle que ello supuso para no pocas estrellas del momento acostumbradas a una forma de trabajar que se vería desde ese instante seriamente trastocada. No se trata sin embargo de un irrelevante ejercicio de nostalgia dirigido contra la tiranía de lo joven y lo nuevo (aunque ciertamente esta crítica es detectable y se localiza muy bien), sino que más bien aboga por una aceptación creativa de lo irreversible que trae el nuevo tiempo, para lo cual también es importante conocer, valorar y respetar las formas pasadas, ya que de otra forma tal vez nos veamos condenados a repetir aquello que ya hemos dado por absolutamente superado. Magnífica resulta la secuencia en que el protagonista es asaltado por un sueño angustioso en que de repente cobra conciencia de su mudez, percibiendo el sonido procedente del entorno y su imposibilidad de hacer que su voz se oiga, constatando así la irreversibilidad de una transformación que conscientemente se está negando a aceptar. The Artist, pues, funciona perfectamente en diferentes planos de lectura, desde lo puramente melodramático hasta el mismo ensayo sobre los orígenes del cine, casi sin pretenderlo, sin hacer ruido, a través de un elocuente silencio que se deja oír en la bonancible esperanza que se adivina en sus aparentemente inocuas imágenes, como una voz a la par callada y relevante dentro de la atronadora, tridimensional y cacofónica gritería circundante. Muy buena.

 

CHRONICLE de Josh Trank (2012)

Interesante debut en la dirección de Josh Trank con esta película de superhéroes no especialmente al uso, deliberadamente alejado de los cánones del subgénero, si es que por tal puede considerarse el conformado por esa legión de personajes que se debaten (no todos, es cierto) entre sus propios conflictos y los de sus colegas de misión a la hora de salvar al Mundo o a parte de su mundo o a cierto submundo más o menos local. Sea como fuere, la cinta de Trank se aproxima más al “Monstruoso” de Matt Reeves en su artificioso realismo narrativo que a otras propuestas tal vez menos disruptivas, apropiándose con acierto de la visión sombría del superhéroe pero sin alardes y colocando en el centro de la historia a tres adolescentes asaltados de pronto por un poder descomunal que, paradójicamente, acabará constituyéndose en un inevitable y fatalista destino trágico. Desde luego, una cinta que comienza con una referencia al pesimista Schopenahuer puesta en boca de uno de los futuros chicos voladores no puede augurar una excesiva dulzura en su planteamiento y desarrollo, si bien el último plano sí denota una “voluntad de representación” ligada a una posible continuidad. Lo mejor sin duda es un estupendo  y por momentos dicapriano Dane DeHaan en la piel de un joven tímido, marginado, inteligente e impopular, con graves problemas familiares, cuyo recién adquirido poder le hará desatar una furia incontrolable alimentada desde su propia frustración existencial. La responsabilidad que efectivamente conlleva la adquisición de un gran poder, viene a decirnos Trank, solo es operativa y puede crecer en esa medida cuando se asienta sobre bases emocionales estables, es decir, más allá de la decisión consciente de ejercerla. Spiderman lo tuvo más fácil.

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FILMOLITOS (XIV)
Fecha de publicación: 2012-05-02 04:05:18, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1118 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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