Comenzamos una serie de pelotazos críticos acerca de toda una serie de películas a las que consideramos de elevada o elevadísima calidad. Los géneros son diversos y variados, menos seguramente que las preferencias del potencial espectador. Confiemos en que a nadie logremos dejar indiferente. La apuesta es totalmente subjetiva (lo normal en estas lides) y los desacuerdos están servidos. Comenzamos con los diez primeros filmolitos esperando que exploten en miles de reproductores generando una onda cinéfila de lo más saludable.

 

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford de Andrew Dominik (2007). El director australiano ofrece una disección tan arriesgada como certera acerca de la angustia, el miedo, la paranoia y la fragilidad de la identidad a través de su excelente y crepuscular western. Tres horas de metraje despliegan eficazmente una tragedia de largo alcance y amargo resabio. ¿Cómo puede vivir y experimentarse uno en su identidad y en su memoria, en las ideas y emociones que le habitan, si cada palabra que emite o cada pensamiento que inventa se aparece al fin como íntimamente conexionada, entrelazada con (y por tanto creada a partir de) otro ser humano convertido en objeto de fagocitación psicológica y existencial? Casey Affleck y Brad Pitt sustentan por lo demás toda la poderosa estructura narrativa sobre los hombros de unas interpretaciones gigantes. Excepcional.

La noche de los gigantes de Robert Mulligan (1969). Gregory Peck se enfrenta a un indio psicópata (nada que ver con un psicópata que hace el indio) que le persigue a través de espacios abiertos que poco a poco se convierten en peligrosas trampas claustrofóbicas. Algo forzada al final pero igualmente inquietante. Buena.

Déjame entrar de Tomas Alfredson (2009). Si alguien pensaba que no podía hacerse nada nuevo respecto al mundo vampírico he de decirle con toda sinceridad que se equivoca. Es preciso aproximarse sin prejuicios a esta nueva joya venida del frío. Se trata de una verdadera historia de amor y horror donde los helados y desolados paisajes enmarcan conflictos y soledades más profundas. ¿Puede resolverse una secuencia de puro terror con sobriedad y fuerza poética ? He aquí la respuesta. Y para más señas: lo opuesto a esa cursi e insoportable vacuidad llamada "Crepúsculo".

Al otro lado de Fatih Akin (2007) Un film admirable, profundo, complejo, conmovedor e inteligentísimo a la hora de plantear numerosas cuestiones acerca de la identidad, las motivaciones, los cambios, las pérdidas, el dolor, la transformación existencial y la muerte. Un rompecabezas perfectamente ensamblado que nos lleva desde Alemania a Turquía en un camino de ida y vuelta para una serie de personajes que se hallan inicialmente marcados, unos por la fatalidad y otros por la posibilidad de pasar al otro lado de un muro construido con los ladrillos del miedo y la incomprensión. Cuenta además con el impagable trabajo de la veterana Hanna Schygulla que, junto a otro de los protagonistas, Baki Davrak, es capaz de componer una escena sencillamente prodigiosa, un momento inolvidable donde la tristeza más profunda encuentra un inesperado alivio mediante dos respuestas apropiadas y un ofrecimiento de ayuda. También el plano final se queda grabado en la retina por su innegable fuerza poética. Muy recomendable.

Lo importante es amar de Andrzej Zulawski (1974). Zulawski nos regala una cinta de un romanticismo profundo, doliente y desgarrado, una maravillosa película de culto para disfrutar de/con una Romy Schneider impagable, supurando sufrimiento por todos sus poros y haciéndonos encoger el corazón hasta lo más profundo de nuestra resistencia. Excelentemente secundada por Fabio Testi y Jacques Dutronc, la Schneider, una mujer marcada por la tragedia personal, nos da una lección interpretativa inolvidable. Esta película respira vida, un prodigioso milagro al que asistimos atónitos contemplando la forma en que el enigmático espíritu que anima las imágenes-movimiento se materializa en emoción pura.

Herencia del viento de Stanley Kramer (1960). El director Stanley Kramer, uno de los grandes, nos regala este verdadero tesoro para disfrutar (¡y de qué forma!) con unas interpretaciones monumentales a cargo de dos figuras míticas: Gene Kelly y Spencer Tracy, sin olvidarnos por supuesto del gran papel realizado por Fredrich March. Una película donde se debaten con profundidad, densidad y complejidad temas de una actualidad rabiosa tales como la lucha del pensamiento crítico y libre, basado en las evidencias fácticas e hipótesis científicas, contra los fundamentalismos religiosos asentados en libros sagrados y doctrinas supuestamente intocables. El marco elegido para escenificar el combate es la contraposición entre las escrituras bíblicas interpretadas de modo literal y la teoría evolucionista representada por las ideas de Charles Darwin. Las diferentes posiciones quedarán perfectamente expuestas con las necesarias dosis de contradicción y ambigüedad moral y existencial que recorrerán las venas de todos y cada uno de los personajes. Un deleite para la inteligencia. Una Obra Maestra.

Vencedores o Vencidos de Stanley Kramer (1961). Más Staney Kramer, más Spencer Tracy, más inteligencia, sensibilidad, potencia cinematográfica, resultados soberbios e irrepetibles comparables a "Herencia del Viento". Kramer insiste en meter el dedo en la llaga y hurgar en la herida abierta, filmando una película estremecedora que además se erige como terrible testimonio imborrable sobre una de las mayores monstruosidades perpetradas por el siempre sobrevalorado género humano. Es complicado, casi imposible, poder hacer poesía después de Auschwitz, pero es factible y necesario continuar alimentando la memoria sobre una historia que ejemplifica y demuestra que el hombre puede alcanzar cimas de inimaginable horror. El ángel de la Historia mira hacia atrás y sólo ve ruinas. No dejemos que el tiempo nos haga olvidar lo que sucedió porque entonces correremos el riesgo incuestionable de que algún día pueda volver a repetirse. Esta película ha de ser considerada como bien cultural de la Humanidad, de obligado visionado, de la misma forma que "Shoah" de Claude Lanzmann (acaba de editarse en DVD). Grande y Necesaria.

Banderas de nuestros padres de Clint Eastwood (2006). Seguida de la memorable "Cartas desde Iwo Jima", ambas cintas completan un díptico contundente, profundo, duro e impactante sobre una de las batallas más cruentas de la Segunda Guerra Mundial. Eastwood disecciona este episodio con pulso firme y poniendo en tela de juicio visiones complacientes de la contienda, construcciones imaginarias sobre la heroicidad y falsos ideales que suelen servir de soporte para las mayores atrocidades perpetradas por (fuera y dentro de) los bandos enfrentados. Antibelicista y profundamente humana, la lectura de Eastwood aporta una mirada sabia y lúcida sobre lo que no deja de repetirse una y otra vez en el atroz escenario de nuestro distópico mundo.

El Intercambio de Clint Eastwood (2008). Una obra extraordinaria de este grandísimo cineasta que nos sumerge de lleno en una multiplicidad de temas de incandescente actualidad, aun estando basada en una historia real ocurrida en los años 20 del siglo pasado. Eastwood rueda con una maestría incomparable, mezclando géneros y regalándonos todo un recital de contención y sobriedad, con un uso de la cámara prodigioso y un ritmo in crescendo que culminará con un final abierto, esperanzador y memorable. Si alguien quiere aprender de verdad y ver cómo se filma una ejecución aportando máximo dramatismo sin caer en estridencias u omisiones, he aquí una oportunidad inmejorable para asistir a una de las mejores secuencias que ha rodado el maestro. Película dura, densa, intensa, oscura y luminosa a la vez, nos presenta la odisea personal de una mujer atrapada en una red de corrupción que terminará alcanzando a las altas instancias de la policía de Los Ángeles. Todo respira verdad en esta cinta modélica que encumbra definitivamente a Eastwood (si es que no lo estaba ya) como uno de los autores cinematográficos más importantes de toda la historia del cine.

El arca rusa Aleksandr Sokurov (2002). Sin duda un hito en la historia del cine. No es sólo que se trate de una obra de arte magnífica en su concepción sino que además lo es en su realización, un único plano-secuencia de 90 minutos dentro del museo Hermitage de San Petersburgo, rodada en un solo día con una "steadicam" (ignoro cómo logró aguantar el operador durante tanto tiempo) especialmente diseñada para el magno evento. Ese paseo ensoñado no es un ejercicio autocomplaciente de añoranza melancólica, al contrario, se sumerge en el pasado para constatar la pérdida irrecuperable de todo un paisaje cultural sobre el que no se emite ningún juicio moral. Por eso es tan hermosa y tan grande. Una verdadera obra de arte.

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FILMOLITOS (I)
Fecha de publicación: 2009-11-01 05:11:18, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1072 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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