Chicago años 30; regodeo estético y anacrónico Mann pierde la oportunidad de tributar un fresco histórico sobre los pilares con los que se fraguan los mitos populares para dotar a su nuevo filme de un enfoque hagiográfico que se entorpece con sus ínfulas por renovar visualmente el medio. Como en otros estupendos trabajos como ‘Heat´, ‘El dilema´, ‘Ali´ o ‘Collateral´ , a Michael Mann le interesa exhibir su talento. Eso es algo que ha demostrado de sobra en anteriores cintas, convirtiendo esta faceta en una de las características que han hecho de Mann un profesional del medio y uno de los realizadores más respetados del cine actual. Y vuelve a las andadas con ‘Enemigos Públicos´, proponiendo otro manifiesto a medio camino entre los elementos clásicos del cine de género, el modernismo, la experimentación en la geografía narrativa y su revolucionaria y ‘kamikaze´ visión de las nuevas tecnologías aplicadas a una nueva plasticidad digital en imagen. En esta ocasión lo hace adaptando una especie de ‘biopic´ en torno a la controvertida figura de John Herbert Dillinger y su carrera delictiva en sus últimos años como uno de los muchos iconos de la cultura popular de Estados Unidos, reconstruyendo con el acostumbrado detallismo los archivos del FBI pormenorizados en un ensayo de Bryan Burrough sobre la oleada criminal del Chicago de los años 30.

Mann toma para ello la idealización del mito, desde su fuga de la cárcel de Indiana en 1934 y sus posteriores meses de actos delictivos en una época donde las figuras más populares eran criminales del calado de "Babyface" Nelson o "Pretty Boy" Floyd hasta el final de Dillinger a la salida del cine Biograph Theater de Chicago. Mann ha preferido desciende a los condicionamientos del héroe legendario, mitificando su personaje dentro de un contexto de violencia y acción, salpicado de cierto romanticismo edulcorado con la inserción a calzador del elemento femenino de la trama, Billie Frechette (Marion Cotillard, actriz que actúa mejor con los ojos con la voz), una humilde empleada de un guardarropa de la que el famoso ladrón cae rendido. Se trata de un retrato menos vehemente de lo que se podría esperar, en su función de acercamiento a una figura icónica, distanciado de la épica con un gusto destacable por la reconstrucción de un tiempo pasado. Sin el firme propósito de desarticular realidad y ficción, Mann encubre su filme bajo un tono místico de la figura de Dillinger con el rostro de un Johnny Depp que se esfuerza por salir de los cánones ridiculizados de su Jack Sparrow, en un reajuste de la imposible divinidad de actores como Paul Muni, James Cagney, Humprey Bogart o Edward G. Robinson. ‘Enemigos Públicos´ se inscribe así en esa genealogía puramente estadounidense del gángster enclavado en el cine negro que propugna sus hazañas y está revestido de un halo de romanticismo melancólico y oscuro.

Con estos elementos Mann podría haber tejido un rotundo fresco histórico sobre las leyendas y los pilares con los que se fraguan los mitos populares, definido en el auge y caída de un bandido que ha marcado con sus tropelías la Historia del Crimen Americano. Muy lejos de lograrlo, ‘Enemigos Públicos´ se apega en exceso al flanco de pretensión realista e incuestionable. Su enfoque hagiográfico hacia la figura de Dillinger hace que se relegue cualquier analogía entre la actualidad y los años 30, cuando la situación económica de la época representada en pantalla se hubiera podido equiparar a la actualidad, dejando de lado una profundización sutil a la situación que sucedió al crack del 29, la gran depresión, sin denotar en ningún momento ni aludir de forma alguna a la situación económica del país. Para Michael Mann y sus co-guionistas Ronan Bennett y Ann Biderman es más importante esa risible historia de amor entre Dillinger y Frechette, trufada de convencionalismos, vacua hasta el aburrimiento y condensada en secuencias que hacen sonrojar por lo acicalado y superficial de sus diálogos que subrayar la crisis moral de una sociedad agonizante, olvidando con ello la superficie existencialista de sus antihéroes al margen de la ley.

En ‘Enemigos Públicos´ tampoco destaca una dialéctica de antagonismos entre los personajes de Dillinger y su inquebrantable perseguidor Melvin Purvis (Christian Bale haciendo el mismo papel de siempre), definida desde una simplicidad formularia entre el villano con el que el espectador debería identificarse y el hombre de ley antipático y arrogante que, como en el cine de Mann, lleva su profesión más allá y por encima de su vida privada. Poco más en ése sentido. Un ejemplo de ello sería la poca definición que tiene un personaje como J. Edgar Hoover (Billy Crudup), al que se despacha con un par de secuencias sin mucha enjundia, pero que, en realidad, es el verdadero símbolo de la burocracia gris de los altos mandatos que hicieron que el pueblo viera a Dillinger como un símbolo de los deseos populares por burlar la ley e ir a contracorriente, traspasando los límites legales. Así, se destaca, por el contrario, la admiración de la prensa y el populacho por un hombre de mal que tardaba exactamente cien segundos en robar un banco, siempre dejando el dinero de los clientes por una absurda ideología altruista. O se prefiere tiranizar con frialdad el retrato hostil de Purvis. Todo ello encuentra un equilibrio bastante ajustado en la dinámica con la que Mann dota la atmósfera del filme, donde la muerte parece acechar en cada esquina capacitando un vehículo de acción, drama e historicismo. Eso sí, no hay que negarle al director de ‘El último Mohicano´ la pericia que tiene a la hora de componer coreografías de violencia y acción, desde una perspectiva cinéfila e innovadora.

Uno de los puntos más polémicos y debatibles que se subrayan de ‘Enemigos Públicos´ es, precisamente, la cualidad de Mann que le ha granjeado su contrastada profesionalidad, imponiendo una sorprendente evolución con medios revolucionarios en cuanto a técnica se refiere. Pero seamos sinceros, ésta vez el tiro le ha salido por la culata. No sólo porque la avidez de experimentación de formatos por parte de Dante Spinotti se queda en un mero amago de riesgo, haciendo que la F23 con la que se ha rodado parte de la película desluzca sus intenciones de exposición formal, en muchas ocasiones con el pobre aspecto una Handycam HD casera, dejando momentos descompensados de grano (movimientos sin obturación, por ejemplo), que descoloca al espectador por un simple exhibicionismo estético en su persistente búsqueda de las texturas hiperrealistas. Tampoco ayuda tanta cámara en mano y movimiento con la pretensión de un ‘cinema verité´, en busca de una fiel captación la década de los 30, siendo el resultado un regodeo estético anacrónico.

Más allá de vanguardias autorales y modernismo en cuanto a texturas, Mann sigue demostrando que es capaz, cuando la técnica y sus jugadas no están de por medio, de crear una atmósfera apabullante. De ahí que el diseño de sonido esté por encima muchas veces de la imagen, como en esos espectaculares tiroteos con metralletas, que devuelven la realidad de aquellos procelosos tiempos, coreografiados formalmente con la frecuente brillantez de un director dotado con maestría para la acción, pero que proclama esta vez su vena más irregular en un filme que, más allá de su historia convencional, no logra evitar la apariencia de cliché. Por mucho que se pueda ponderar la extraordinaria reconstrucción de la época. Podría decirse que ‘Enemigos Públicos´ es la cinta de Mann más atípica e inusual, pero no es así. Es curioso que Mann finalice el filme con la visualización en un cine de ‘El Enemigo Público Número Uno´, de W.S. Van Dyke y George Cukor protagonizada por Clark Gable y Myrna Loy, pues es el instante en que uno echa de menos aquél cine clásico de ‘gángsters´ en toda su esplendidez y ve que una cinta como ‘Enemigos públicos´ no es más que una excusa para intentar revivir un espíritu inalcanzable que Mann no logra, dejando a la vista la irregularidad del conjunto.

‘Enemigos Públicos´ ambiciona en todo momento acercarse a los límites del gran ‘thriller´ contemporáneo que bebe de los clásicos en su intención de evocar la esfera crepuscular de un mito y revoca su estilo y narrativa a la concepción más genuina del género. Una meta que se le queda en el camino a un Michael Mann mucho más presuntuoso que nunca, por mucho que no tenga ningún tipo de problema en mantener el interés del espectador.

Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009

fuente original: http://refoworld.blogspot.com/2009/08/review-enemigos-publicos-public-enemies.html

 

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Enemigos Públicos (Public Enemies)
Fecha de publicación: 2009-09-02 01:09:30, por Miguel Angel Refoyo   (visto: 1804 veces)   (a 8 personas les ha parecido interesante)
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Enemigos Públicos (Public Enemies)

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