Bailando con ‘japos’

 

Edward Zwick propone una fastuosa y envanecida cinta épica y lírica como vehículo  de lucimiento de un Tom Cruise que vuelve a demostrar que es un espléndido actor.

 

Las historias épicas de samuráis creadas para el cine por el maestro Akira Kurosawa tienen en la cofradía artística ‘Los 7 Samurais’, ‘Throne of blood’, ‘Hidden Fortress’ y ‘Ran’ un imprescindible catálogo de este género de películas de acción del autor japonés. Tal vez resultan tan fascinantes porque ninguna cae en la occidentalización y mantienen en sus historias de este ancestral guerrero nipón unos códigos cifrados mediante símbolos procedentes del Nô y el Kabuki. Como el espectador de Occidente no es ‘nihon-jin’, sino un simple ‘gai- jin’, Kurosawa definió para la galería del público extranjero a sus samuráis con la típica expresión de ‘bárbaros’. Descripción de una época, de su gente, de las estrategias de la batalla, de la lucha individual y de los conceptos de ‘Bushido’ ‘El último Samurai’, megaproducción dirigida por el pretencioso autoconfeso heredero de David Lean Edward Zwick, recoge todos estos elementos para componer una obra manifiestamente ambiciosa que pretende llevar a los altares a Tom Cruise, convertido por méritos propios en una de las estrellas más carismáticas de las dos últimas décadas. 

 

Conocidos por su valentía sin límite y su estricto código de honor, los samuráis eran los distinguidos soldados del Japón feudal. En un escenario de fantasía, el samurai poseía un coraje y un honor al servicio de un señor, general, u otro líder. La historia de ‘El último Samurai’ narra la decadencia y resurgimiento del capitán del Séptimo de caballería Nathan Algren, que es contratado por el Emperador de Japón para entrenar al primer ejército del país en el arte de la guerra moderna. Cuando el máximo mandatario trata de aniquilar a los antiguos guerreros Samuráis Imperiales preparando unas normas de gobierno occidentales más amistosas comercialmente, Algren será influenciado cuando caiga en manos de los Samuráis. Bajo su fascinación ante su cultura y su lucha, el joven militar americano se situará en una peligrosa postura que divide su corazón entre dos épocas y dos mundos. Esta fábula histórica, que busca en todo momento el máximo apogeo épico y lírico mediante sus virtuosas e imponentes imágenes, comienza mostrando a un héroe que ha reemplazo su valor y logros por un pragmatismo escondido bajo el alcoholismo del perdedor. El honor ha desaparecido tras el exterminio de los indios junto a la ribera del río Washita a manos de su ejército. El encuentro con el mundo oriental y el escrupuloso código del honor en la batalla ejercerá sobre él una redención que supone el encuentro de su propia paz interior y de la felicidad perdida.

 

Escondido bajo estos mecanismos metafóricos y representativos de historia épica y legendaria, ‘El último Samurai’ es una nueva revisitación a la (a veces) fétida finalidad puramente yanqui por exponer una americanización del héroe que se encuentra a sí mismo gracias a la pérdida de la autoconfianza y de la moral. Ése argumento perfectamente expuesto por Sam Fuller en ‘Yuma’ tiene como punto de partida, envuelta en una narración desolada, la historia del fondo de un personaje desarraigado, la de un hombre que se mueve entre las diferentes trincheras buscando inútilmente un lugar para integrarse. Por eso, ‘Bailando con lobos’, de Kevin Costner, es la referencia más aludida cuando se plantea un análisis sobre la última cinta de Zwick, ya que encuentran muchos puntos en común devenidos de la idealización del héroe que descubre el amor y el sentido de vivir en una comunidad que le es ajena, pero que le acoge con los brazos abiertos. Como en aquélla, ‘El último Samurai’ también gira en torno a la imposición de la cultura occidental que infecta, como un virus, a una cultura milenaria como es la japonesa (y que en el filme de Costner era la india), visto en la ‘digitalizada’ entrada en el Japón Imperial o en la espléndida batalla final. Si ‘Bailando...’ era una oda a la naturaleza y la sencillez vital, en ésta se busca una comparación entre el sofisticado y amoral belicismo de las modernas armas y técnicas del ejército americano en contraposición con la ancestral lucha de unos guerreros abocados a su desaparición. Una directriz aprovechada en su endeble guión para arremeter de forma evidente y crítica contra el colonialismo americano. Haciendo ver con ejemplos como la repulsión hacia el intocable Custer el conato de subrayar cómo los americanos han acorralado y condenado tanto a los indios de su país como al Japón tradicional (y en extensión a los habitantes de Irak en la actualidad).

 

Pero lo que podría haber sido una obra de trascendentes intenciones épicas, no es más que una demostración de grandilocuencia visual manifestada en su filmografía por su pretencioso director en películas de estas mismas características  como  son ‘Tiempos de Gloria’ y sobre todo ‘Leyendas de pasión’. Presente en cada plano, la intención de Zwick no reside en contar una historia. Es lo de menos. Lo que importa en ‘El último Samurai’ es procurar ser lo más espectacular posible y deslumbrar con sus estudiados movimientos de cámara. Para ello cuenta con la incomparable ayuda del gran y veterano fotógrafo John Toll. Película descompensada, con grandes momentos de verdadero cine bélico (las secuencias de guerra son lo mejor de la película), rica en la reconstrucción histórica del periodo en que se sitúa, el poderío de esta obra reside en un Tom Cruise que no desaprovecha la oportunidad para erigirse en el pilar sobre el que se levanta todo este aparatoso espectáculo. Presente en cada uno de sus planos, Cruise está enorme dando vida a Algren, demostrando que además de una estrella que es capaz de producirse superproducciones de este tipo para lucimiento propio, es un gran actor. Un elogio también extensible al magnífico Ken Watanabe.

 

‘El último samurai’ es una película tan eficaz como deficiente en su frescura dramática y en sus ideas temáticas que pretenden, en alguna subtrama, idiotizar la inteligencia del espectador. Como ejemplo, el perfecto inglés del que hace gala el líder Samurai Katsumoto en una región perdida en el Japón más ancestral sin justificación alguna. Divertimento enérgico, perfectamente diseñado e intensamente interpretado, el último intento de Zwick por construir un logrado ‘blockbuster’ de tintes épicos no resulta del todo convincente debido a unos designios que, lamentablemente, se quedan en la mera superficialidad gracias a su voz en off que sobra por lo elemental de lo narrado, a su convencionalidad y a su transitoria vacuidad evolutiva que descompensa una superproducción para el gran público y que es vendida como gran película aspirante a muchos Oscar.      

 

Miguel Á. Refoyo © 2004

 

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EL ÚLTIMO SAMURAI
Fecha de publicación: 2004-02-05 18:54:00, por Miguel A. Refoyo   (visto: 2409 veces)   (a 7 personas les ha parecido interesante)
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