No es esta la primera ocasión en que nos atrevemos a desafiar la opinión mayoritaria respecto a la estimación cualitativa de una obra cinematográfica y/o literaria, una manifestación artística al fin y al cabo. Para nuestro asombro la ceguera crítica parece haberse impuesto por doquier y continúa valorizando lo que a nuestro juicio no es más que corriente producto de consumo de masas (o masivo producto de consumo corriente o corriente consumo de masa productiva, valga la redundancia). Así las cosas, se trata ahora de que revisemos y analicemos las positivas opiniones que han sido vertidas acerca de un producto presentado y vendido como la comedia del año. En que se trata de un producto no tenemos nada que objetar pues estamos completamente de acuerdo. Ahora bien, que se trate de una buena comedia eso ya es un asunto muy diferente. Tan diferente que pongo en tela de juicio su valor cómico y aseguro que su calidad cinematográfica es más que discutible. Y es que una vez más la historia se repite. Cada año de los últimos parece de obligado cumplimiento un precepto marco para ciertas nominaciones de la academia hollywoodiense: se precisa entre las candidatas mayores una especie de invitada menor con prestigio bajo la fórmula tan manida de "comedia-de-bajo-presupuesto-con-acusado-marchamo-independiente-y-que-al-menos-sea-tan-amable-como-divertida". A veces ocurre el milagro (véase la magnífica y agridulce comedia "Entre copas" de Alexander Payne) y se cuela a través del forzado filtro alguna que otra maravilla, pero lo habitual suele ser lo contrario, es decir, que pase por tal una película menor en el peor sentido del término (véase la del año pasado y la que ahora nos ocupa). Son estos últimos productos inflados a través de calculadas operaciones mercadotécnicas, planos, huecos y totalmente risibles (dan risa pero no la provocan). ¿No es algo más que sintomático y rebasa la pura casualidad el hecho de que ambas cintas hayan logrado idéntico premio (mejor guión original) compitiendo con películas infinitamente superiores en ese y otros aspectos? ¿Decisión ya tomada y dirigida por el chantre oficial? Una vez más nos quedamos con la sensación, entre irritación y sorpresa, de que algo raro ha ocurrido para que volvieran a tomarnos el pelo de una manera tan flagrante.

Pero centrémonos en el ejemplo concreto que ha suscitado nuestro airado comentario. Para ello extraigo como botón muestral lo que simboliza a mi entender, dentro del despropósito general que recorre el metraje, el colmo de la pretenciosidad inane: una ecoescena (escena con ecografía incluida) desprovista de cualquier atisbo de gracia en que se pretende descalificar una apreciación acertada (una adolescente procuraría un infierno educativo para la criatura en cuestión) mediante el uso fraudulento (se asume implícitamente la incapacidad cuidadora de la púber) de una engreída crítica rebosante de soberbia y orgullo herido. Idéntica fórmula se vuelve a repetir casi al final de la película, cuando la niña está a punto de parir (será porque la asociación parir-parida funciona, quien sabe). En ambos casos el efecto cómico es neutro y ofrece un resultado de cuestionable sandunga. Autocomplacencia, vamos.

Si continuamos escarbando y desconchando la pusilánime máscara de este fraude, nos encontramos con diálogos impelidos a parecer inteligentes, inteligencia empujada a parecer superficialmente trascendente, artificio medido metamorfoseado en calculada espontaneidad, espontaneidad forzada oculta tras una fachada de aparente desparpajo...

Lo que viene a significar que prácticamente en ningún momento se nos da a conocer o se nos transmite la sensación de estar asistiendo a un verdadero proceso de desarrollo evolutivo desde una perspectiva original y creativa. Prueba de ello es el cambio de intenciones de la progenitora cuando decide finalmente tener a su hijo y entregarlo en adopción a una pareja demandante, que resulta particularmente inverosímil, cuando no grotesco. Al menos acierta al disolver un matrimonio de correcta concentración política constituido por la cursi-que-parece-estúpida-pero-revela-algo-de-madurez-y-buenos-sentimientos, y el otrora-rebelde-y-ahora-acomodado-progre-en-plena-crisis-de-responsabilidad-personal, otorgando el preciado obsequio biológico a la recién conmovida separada con telepáticas dotes para la comunicación prenatal.

El fuliginoso corolario dicta su lógica y se nos impone con la nívea evidencia de las verdades incontestables. Una cosa es el humor sutil e inteligente, y otra muy distinta la frase ocurrente dentro de un contexto propicio para dar el salto indicado por un guión mal trabajado y peor resuelto, construido a partir de tópicos para la mayor gloria difusora de los gustos musicales de quien lo escribió, lo cual no es en absoluto criticable siempre y cuando no pase por supuesto filme de culto. Para eso están los recopilatorios o las sesiones entre amigos.

De lo que no hay duda es de la capacidad interpretativa de la joven Ellen Page. Ella sí, y no la tal Diablo Cody (¿podemos imaginar el sarcasmo generalizado si alguien se nos presenta con ese nombrecito? Eso sí tendría gracia; obviamente se trata de un pseudónimo, el de Brook Busey-Hunt), promete grandes cosas cuando consiga papeles de mayor enjundia y densidad, tal y como ya le sucediera con la perversa vengadora dentro de la estimable "Hard candy". La diabólica originalidad de Cody llega hasta hacer un guiño al espectador avezado colocando el atuendo de caperucita al comienzo de la cinta. ¡Qué conexión tan inteligente! -dicho con ironía- ¡Qué vacua brillantez! -sin ella.

Y para concluir corroborando con pruebas a pie de calle la mayor parte de las afirmaciones vertidas hasta este punto, nada mejor que las declaraciones de sus dos máximas protagonistas en un par de asertos que no tienen desperdicio:

-) Ellen Page dice: "Es ridículo que me hayan nominado al Oscar. Es muy halagador... pero es ridículo". Esto demuestra dos cosas. La primera que la actriz es inteligente. La segunda que estamos completamente de acuerdo con su apreciación.

-) Diablo Cody confiesa: "Tardé muy poco en escribirlo (el guión)... un mes, dos como mucho. Nunca antes había escrito un guión pero una película dura dos horas así que creí que no debería llevar mucho escribir uno". Esto demuestra varias cosas. La primera que la guionista debería ver más cine puesto que existen cientos de películas que no duran dos horas (unas más y otras menos). La segunda su desacertada conexión establecida entre la duración del filme y el tiempo de elaboración del guión: una película de larga duración puede conllevar la realización de un guión en tiempo récord y otra más corta uno más dilatado en el tiempo. Que haya correlacionado en su particular caso no equivale a establecer una ley universal. La tercera y última que en algo tiene razón. Un guión como el suyo lleva poco tiempo hacerlo, y  seguramente tardó demasiado.

Así que sintetizando, resumiendo y concentrando todo lo dicho hasta el momento:

a) Sin expectativas: Mediocre normalidad.

b) Con expectativas: Absolutamente decepcionante y perfectamente olvidable.

Sólo la comparación de esta obrita menor -porque menor y poco destacable es también la dirección de Jason Reitman (hijo de Ivan)-, con las poderosas cintas que entraron en dura competición por los preciados galardones (este año sí gano la mejor) puede de facto provocarnos un ataque de risa. La diosa de la maternidad no se merecía esto.

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EL DIABLO SE VISTE DE BROMA
Fecha de publicación: 2008-03-17 09:03:14, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1937 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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