Todos los buenos aficionados al séptimo arte (u octavo, vaya usted a saber) hemos de felicitarnos por/con la nueva entrega sobre las aventuras y desventuras del hombre murciélago que el realizador estadounidense Christopher Nolan ha sabido reinventar con impactante poderío visual y creciente densidad dramática. Vale, de acuerdo, concedido. Tal vez "El caballero oscuro" no resulte esa obra maestra total que algunos han llegado incluso a comparar -tal vez cegados por un exceso de entusiasmo- con "El Padrino II" de Ford Coppola, pero se trata no obstante, de una película realmente notable, rodada con una precisión narrativa milimétrica y que hilvana con sumo acierto y en un metraje de ritmo in crescendo, electrizante, siempre trepidante, poderosas secuencias de acción (atención al vuelo nocturno del humanizado quiróptero) con referencias existenciales de profundo calado moral e importantes implicaciones sociales y políticas. El complejo artificio, lejos de resentirse debido al profuso engranaje, funciona increíblemente bien al disimular con acierto sus costuras y haciendo que las dos horas y media que dura la película transcurran sin casi darnos cuenta para acabar soltándonos en el cenit de una tormenta emocional que acaba electrificando el recuerdo de sus oscuras y poderosas imágenes. Porque la cinta de Nolan es una reflexión amarga y bastante pesimista acerca de numerosos temas profundamente engastados unos en otros, ofreciendo como resultado una visión poliédrica y nada simplista acerca de las máscaras personales y sociales que nos empeñamos en utilizar para construir nuestro particular y tranquilizador orden simbólico que suele servirnos de sostén ideológico y personal a todos y cada uno de nosotros. Huyendo de cualquier tipo de maniqueísmo barato o simplificación reductora, surge poderosa una figura que encarna un tipo de maldad instalada más allá de cualquier forma de justificación racionalizadora, el Joker, un anarquista en pugna por el alma de una ciudad (una cualquiera de nuestras corruptas megaciudades podría ser Gotham) podrida en su pestilente cimentación ética, o dicho de otro modo, penetrada por una ideología de la justicia y del bien que no tiene más remedio que asentarse sobre las cloacas de la economía global y el crimen organizado. El Joker (sentando cátedra el malogrado Heath Ledger) se encarga de quitar máscaras morales para desarticular progresivamente las mentiras de tales conformaciones (ficciones) simbólicas, provocando la destrucción indiscriminada y sembrando un caos exterior que tendrá su reflejo en la desestructuración interior de los otros dos protagonistas de la sombría historia: un Batman (correcto Christian Bale, siempre tras la estela del Joker) transfigurado al final en ese caballero oscuro antiheroico que viene a ocupar en realidad el silencio del Joker, y sobre todo Harvey Dent "Dos Caras" (excelente Aaron Eckhart) arrojado sin piedad a una oscura y devastadora luminosidad procurada por la lucidez extrema (¿locura? Según el Joker es como la gravedad, basta un empujoncito para caer). El acto del hombre murciélago es el de tantos sacrificios simbólicos destinados a salvaguardar aquello que el Joker adivinó hace tiempo y a lo que indudablemente el orden social ha de cerrar los ojos si quiere seguir sobreviviendo: el vacío del gran Otro, del orden simbólico asentado en ficciones éticas y morales fabricadas para que la maquinaria continúe funcionando. Al final el hombre murciélago anula su doblez para identificarse definitivamente con una máscara para construir un yo-personaje que le permita seguir ejerciendo de amenazante policía nocturno.

La película obviamente no agota aquí sus múltiples lecturas y por eso resulta tan fascinante para un amplio espectro de público e intereses. Pero es evidente que debe gran parte de su fuerza y de la fascinación que genera a la riqueza psicológica de su tratamiento, el del protagonista alado, cuya conversión en el personaje justiciero sirve de base imprescindible para entender la dinámica puesta en juego en su enfrentamiento con el perverso y bufonesco rival.

En "Batman Begins" veíamos cómo en un principio el ego de Batman era el que proyectaba todo la maldad interior sobre su propia Sombra, negándose a aceptar los aspectos más oscuros e inquietantes de su propia personalidad. Al llegar a aceptarse de un modo íntegro e integrador, es justamente cuando Bruce Wayne puede dejar de luchar por mantener la forzada máscara de la bondad y asumir la identidad del mito, de Batman, símbolo integrador del lado rechazado que a su vez alberga una incesante y temible energía positiva.  De esta manera Batman se salva como hombre y reconduce el mal arquetípico hacia zonas de productividad y laboriosidad social. La suya entonces ha dejado de ser una conducta moral, de condena del mal y que, por tanto, sucumbe a él, para pasar a convertirse en una actitud de búsqueda de justicia social capaz de canalizar la venganza en secuencias con resultados adaptativos. Batman adquiere súbitamente la consciencia de que es imposible combatir el mal si con esta lucha lo único que se pretende en realidad es no enfrentarse contra los propios demonios personales. Al haber efectuado un proceso de crecimiento personal, interior, de individuación madurativa, la inicial caída de su sistema defensivo más egocéntrico se transforma, reestructurándose, en una integración total con sus aspectos más oscuros. Es capaz ahora de ver cara a cara la verdad sobre sí mismo y sortear de ese modo la determinación inconsciente del mal, abandonando definitivamente la máscara de su miedo real. Batman actúa en cierto sentido como el doctor Jekyll tratando de imponer una máscara sobre su "otra" personalidad pero sin perder la referencia controladora sobre esa parte oscura que ha sabido asumir y canalizar hacia un fin positivo y socialmente deseable. Batman, como todos y cada uno de nosotros, acaba siendo aquello que hace: decide hacer el bien y se torna bondadoso y altruista. Pero el peligro nunca descansa, ya que una identificación levemente intensa o excedida en el tiempo con su lado oscuro haría tambalearse peligrosamente su tan costoso como eficaz equilibrio neurótico. Batman logra una especial síntesis irracional entre las tendencias opuestas que antes desgajaban su personalidad de un modo autodestructivo. Y es precisamente de la escucha del lado femenino de su propia alma desde donde parte la reconciliación aparentemente imposible de su aspecto más luminiscente y su lado más tenebroso; es la figura de una mujer quien de hecho provoca que Batman tome consciencia de esa tensión insoportable en el campo de batalla de su propio y atormentado espíritu. La de Wayne es, pues, una psicología laberíntica, un territorio mental repleto de oscuros recovecos y miedos exacerbados. Él dice en un momento muy significativo: "como símbolo puedo ser incorruptible, puedo ser inmortal". Un símbolo que será "algo primario, algo aterrador". ¿Cuál es su verdadero Yo? El viaje es desde un yo fragmentado, roto, disperso y descentrado hasta la frágil construcción de un Yo más fuerte y apegado a un centro de personalidad más sólido, pero no por ello menos inestable. El Joker conoce perfectamente todo este laberinto de espejos y enmascaramientos, de distorsiones y defensas, y lo utilizará para desencadenar el proceso inverso, un desequilibrio desestabilizador, colocando el héroe al borde del abismo representado por sus propios mecanismos de ocultamiento.

Convengamos entonces en reconocer que la arriesgada propuesta de Nolan ha sido capaz de aunar el gran espectáculo del cine comercial con la intensidad dramática de una tragedia griega, sin olvidar la profunda alegoría (a)moral que se respira al final de todo el relato. Se trata, en resumen, de una gran epopeya existencial sobre la generación tortuosa de una particular mitología de la barbarie y la justicia, y de la manera siempre en falta, conllevando necesariamente un oscuro resto inaprehensible, defectuosa a la postre, en que se produce su violento (des)ajuste sobre una realidad refractaria a toda representación reduccionista. Acompáñense las suculentas imágenes de la película con los no menos suculentos temas de una BSO lúgubre, poderosa, radical e innovadora compuesta para la ocasión por Hans Zimmer y James Newton Howard (un auténtico monumento a la oscuridad), y obtendrán ustedes una perturbadora mezcla cinematográfica perfectamente articulada, provocadoramente subversiva y absolutamente demoledora.

En un doble mortal sin red, o con una red minúscula, me atrevo a adelantar las estatuillas a que debería estar nominada este año en la entrega de los Oscar: Mejor película, director, actor de reparto, guión, banda sonora y efectos especiales.

¿Y esa cara?

)( parentesys.es )( La cultura al alcance de todos )

EL CABALLERO OSCURO de Christopher Nolan.
Fecha de publicación: 2008-11-18 08:11:21, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 2839 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
Fuente:

Fotos de este contenido: si quieres añadir fotos, pulsa el botón Fotos

    
    


© parentesys.es - Todos los Derechos Reservados

EL CABALLERO OSCURO de Christopher Nolan.

Comparte este contenido con todos tus amigos.



 Portada  :: Sección Cine  incluye estas Críticas de Cine en tu web ActricesActores

   Cine en Google  :: Buscador de Cine      Creación de páginas web de Cine

Opiniones sobre el artículo

Las opiniones que aquí se escriban deben hacer un uso cívico y respetuoso de la libertad de expresión. El administrador de parentesys.es se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios que no lo cumplan, o que no aporten información útil sobre el contenido arriba publicado.


 No hay opiniones. Sé el primero en escribir sobre este artículo.

Escribe tu comentario

Tu nombre: [obligatorio]

Título: [obligatorio]

Tu sitio web: (escríbelo con http://) [opcional]

Tu email: (lo mantendremos privado) [obligatorio]

Contenido: [obligatorio]

Código de seguridad anti-spam:*