Joseph Conrad fabuló una oscura travesía hacia el Infierno creado por el hombre, un tenebroso viaje a las entrañas de la crueldad humana que fue magistralmente llevado al celuloide por el gran Francis Ford Coppola, firmando de esta manera la autoría de una de las obras maestras de la historia del cine: "Apocalypse Now" (1979).

 

   Este subyugante periplo transversal alrededor de esa locura de manufactura colectiva llamada "guerra", supone una inmersión directa y sin concesiones en las tinieblas del alma humana, que inexorablemente remite a nuestro fondo común, una semilla maléfica que habita en todos nosotros y que a todos subrepticiamente enlaza constituyendo una especie de "comunidad del horror". Tanto la lectura del libro de Conrad como la contemplación de la cinta de Coppola sin duda constituyen una experiencia maravillosa, irrepetible, subyugante, tenebrosa... cualquier epíteto se quedaría muy corto para describirla puesto que se trata de una aproximación a cuestiones eternas sobre la condición humana que resulta pletórica de ideas y sugerencias, con transparente aliento mítico, capaz de dialogar/interaccionar con determinadas construcciones arquetípicas que subsisten desde la noche de los tiempos habitando nuestro inconsciente colectivo.

 

   La nueva versión del film de Coppola cuenta con 50 minutos más de metraje pero con la misma fuerza hipnótica que su predecesora, al adentrarse Apocalypse Now Redux, mediante una dirección prodigiosa y un guión que es pura artesanía narrativa, en la locura de la confrontación bélica para ofrecer como resultado del inconmensurable esfuerzo compositivo un simbolismo fuerte y enigmático, de múltiples lecturas y matices, con una carga filosófica precisa y sugerente, de ningún modo retórica, que termina por reflexionar con hondura y profundidad acerca de la Voluntad de Poder y el Sentido de la Existencia.

 

   El viaje del capitán Willard es un viaje exterior e interior hacia las entrañas de/del Sí mismo, un camino sin retorno al lugar tenebroso donde toma forma la lógica del horror llevada hasta sus últimas consecuencias deductivas, que paradójicamente entronca con la pura pulsión de muerte: la racionalidad máxima del horror se asienta sobre la obediencia instintiva al Poder del Padre.

 

   Tal concepción va tomando forma a medida que la patrullera, metáfora del agonizante hogar que habrá de abandonarse finalmente para completar el caliginoso trayecto, se adentra poco a poco en la jungla de la desesperación, lo cual provoca una desaparición progresiva de cualquier referente a una realidad sólida o estable, convertida cada vez más en nebulosa materia onírica donde el calor asfixiante se cierne sobre los aprisionados espíritus y el miedo a los desconocido se va apoderando de la otrora certeza de victoria, para poco a poco comenzar a divisar en el negro horizonte el auténtico "corazón de las tinieblas".

   Allí espera la auténtica clave de la historia, el coronel Kurtz, que es y será para siempre Brando, puesto que sin su eximia interpretación todo el complejo edificio estructural de la película se hubiera venido abajo. Se trata un ser oscuro y enigmático, una especie de poeta del infierno, repudiado por los mismos monstruos que le crearon, sentenciado a muerte por la infernal maquinaria bélica que le formó, un "loco" que ha decidido concluir lógicamente los axiomas de la muerte que le fueron inculcados por las piezas de un juego macabro e indescifrable que ya no comprende, un lúcido y opaco asesino presa de su propia deformidad moral.

   A partir del encuentro entre Willard y Kurtz, las ramificaciones e implicaciones existenciales se tornan más densas y complejas, adquiriendo todo el conjunto un tono excesivo de Odisea Final, con un desenlace deslumbrante, infernal, lúcido, ambivalente y deliberadamente simbólico.

 

   Cierra así Coppola una obra mítica que mantiene intacta su desmesurada pulsión dramática, proponiendo de nuevo, y es que los clásicos siempre resultan ser los más actuales, una mirada profunda no simplificadora capaz de transverberar todos los artificios de la existencia humana con el dolor casi insoportable de la lucidez máxima. Una oportunidad que ningún buen aficionado al efímero arte de la imagen-movimiento debería perder. Imprescindible.

 

 

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Apocalypse Now Redux: en las Tinieblas del Corazón.
Fecha de publicación: 2002-11-24 15:48:00, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1724 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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Apocalypse Now Redux: en las Tinieblas del Corazón.

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