El peso del alma o cómo sobrevivir a la muerte

 

El director de ‘Amores Perros’ desestructura una historia sobre la muerte, la expiación, la búsqueda del perdón y la venganza.

 

Alejandro González Iñárritu saltó a la fama hace tres años con la portentosa y universal ‘Amores perros’, un espectacular drama que dio la vuelta al mundo con su imborrable manifiesto que encubría cualquier mínimo error en la incorruptibilidad de una historia coral llena de simbolismos y lecturas. Un éxito sin precedentes en el cine mexicano que prometía el salto a Hollywood de su director y del guionista Guillermo Arriaga. Su debut en una cinta yanqui es ‘21 Gramos’, con la que ‘Amores Perros tiene varios puntos en común. Ambas narran tres historias entrecruzadas, tres vidas marcadas por el dolor, la necesidad de afecto y la ausencia de felicidad. Si en su ‘opera prima’ eran seis personajes que sufrían una peligrosa transformación, escalofriante metamorfosis que genera en el ser humano el dolor y la aflicción de una fragilidad encontrada en unas vidas impregnadas de un pesimismo hallado en el trágico destino del fatal accidente automovilístico que les une.

 

En su nueva película, Iñárritu explora las aciagas vidas de tres personas que entretejen sus vidas precisamente por otro accidente que cambiará sus destinos de forma imprevista, llevándoles a conocer el rostro más amargo y doloroso del amor, el infierno de la venganza y una falsa promesa de la redención. ‘21 Gramos’ se centra en la vida de Paul, un profesor de matemáticas que espera un transplante mientras ve cómo su matrimonio parece destinado al fracaso, Jack, un ex convicto reformado gracias a su impostada fe religiosa y Cristina, una mujer felizmente casada que ve su vida arruinada con el accidente mortal de su marido y sus hijas, hecho que la sumirá en una espiral de autodestrucción y drogas. Partiendo de estas premisas, este accidente unirá los destinos de los tres protagonistas, implicados todos ellos en un laberinto donde la muerte abrirá nuevas perspectivas de vida, pero en una constante espera de otra muerte, de un nuevo final. Un ciclo de muerte que se va transmutando continuada e ineluctablemente.

 

Un drama de ferocidad cinematográfica capaz de transformar un guión en exceso ‘telefílmico’ y sin aparente atractivo en una obra de genial narración desestructurada, en el que el buen pulso del montaje y una dinámica de planificación acomodada al estilo del realizador que ya dejó patente en ‘Amores Perros’ ensalzan un trabajo imperfecto pero virtuoso, previsible pero fascinante. Aunque no todo resulta gratificante en esta sólida muestra de experimentación dramática. Con ésa eludible y a veces forzada cisura cronológica del tiempo, Iñárritu aísla los momentos más importantes en las vidas de sus caracteres, abusando del dramatismo que cimienta la historia en escenas donde los actores provocan una emoción de desbordado frenesí dramático. Tal vez la estrategia de deconstruir no sea más que un artificio para envolver un guión en el fondo bastante convencional en sus propósitos argumentales. Pero lo cierto es que el puzzle temporal narrativo concede a la cinta del cineasta mexicano la furia y el interés necesario para obtener el efecto que vertebra este tortuoso viaje al sufrimiento y al vacío de la pérdida. En ése juego de saltos temporales, la cinta anticipa y retrocede las acciones en el tiempo hasta que, en un momento crucial, los dramas personales confluyen en un clímax antitético y poco convencional, destilador de una emotividad que duele, de tintes tortuosos y trágicos, de redención purificadora.

 

Sin embargo, esta narración afásica puede también suponerse como un artificio que justifica la decisión de desarticular lo que en esencia es una historia sencilla, que contada de forma lineal, hubiera sido la enésima y negligente película que aborda eminentes temas como el destino, el amor y el remordimiento humano. Por lo que la estructura narrativa de ‘21 gramos’, eficaz y turbulenta, puede parecer tan sólo un intento por dotar de mayor circunspección a los diálogos y el contexto que siguen hablando del peso de la culpa, la predestinación, la búsqueda de la paz y el amor encontrado de forma casual. Con ello, el peligro en el que está a punto de caer Iñárritu es la infracción de la codificación, llegando a incurrir en la ininteligibilidad para el público, pero que solventa con una poderosa mezcla de realismo, complejidad visual y la trascendencia de las verdades tan reveladoras que se dan cita dentro de las tres tramas.

 

Iñárritu impone, con su brutal estilo, una virtuosa realización ajustada a la construcción palpitante con una técnica que le sirve para encubrir sus limitaciones argumentales en una obra sobre el dolor como expresión del dramatismo. Película de juicio y de expiación, de la búsqueda del perdón y del castigo como última alternativa al olvido, ‘21 Gramos’ es una metáfora de la expiación de los miedos por parte de unos personajes unidos por la tragedia y el sufrimiento que encuentran el destino de un vacío de carácter ‘rousseauiano’, cimentado en la pérdida y el dolor como inicio de una nueva vida perfilada con una aciaga esperanza. Por todo eso, los 21 gramos de los habla el filme no son tanto el peso del alma que se van en el instante de morir, sino más bien el peso con el que cargan los que sobreviven a la muerte. Roles infelices y agobiados, aturdidos por el dolor que les corroe debido a las diversas tragedias que parecen incapaces de asimilar.

 

Superados los obstáculos que hacen que la película no sea considerada una obra mayor, lo mejor de la función lo configura el trío de intérpretes protagonistas, verdadera excelencia del filme. Tanto Sean Penn (que está acostumbrando al espectador a actuaciones antológicas) como la emergente Naomi Watts emiten un desgarro emocional fuera de lo común, intensificando la empatía de sus personajes con el público de un modo sentimental. Pero si alguien merece los todos los elogios es un sobredimensionado, poderoso y colosal Benicio del Toro que aporta a su atormentado personaje una sordidez desprovista de cualquier saturación actoral. Los tres interpretes, soberbios y comedidos, acercan sus interpretaciones a una magnificencia tan desatendida últimamente en el cine norteamericano. Una cinta que sorprende, conmueve y obtiene del espectador la indulgencia de absolver incluso una parte final un tanto dilatada que fuerza la liberación final surgida de un efecto de catarsis fortuita. Por tanto, y como conclusión, la técnica de digresión y ruptura de la narrativa clásica propuesta por Iñárritu dejan la sensación de que lo conseguido en ‘Amores Perros’ no es tan satisfactorio en esta ‘21 Gramos’. Lo más beneficioso para él ha sido la consecución de seguir su ascendente línea mexicana en un mercado tan déspota y pérfido como lo es Hollywood. Prueba de ello son las nominaciones a los Oscar conseguidas por este loable intento de innovar.

 

Miguel Á. Refoyo © 2004


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Fecha de publicación: 2004-02-05 19:07:00, por Miguel Á. Refoyo   (visto: 1674 veces)   (a 6 personas les ha parecido interesante)
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