La nueva película del polémico y siempre interesante Abel Ferrara puede considerarse ya, y bien merecidamente, como un nuevo título de culto perteneciente a la importante filmografía de este insobornable director. Exprimiendo al máximo una línea narrativa y reflexiva que viene caracterizando gran parte de su cine, lo último de Ferrara es un trabajo hondo y lúcido acerca de uno de los grandes enigmas históricos y teológicos de la humanidad, que obviamente permanece abierto y por añadidura se empecina una y otra vez en interrogarnos a cada uno de nosotros lanzándonos cuestiones de alto voltaje intelectual: ¿existe Dios? Y si es así, ¿cómo se relaciona el significado de nuestras pequeñas existencias con su esencia y de qué método o métodos disponemos para intentar llegar a Él?
Pues bien, Ferrara enfrenta éstas y otras cuestiones relacionadas de un modo denso y emotivo, sin caer en soluciones fáciles que pasarían por apelar a fórmulas de imposible desciframiento racional o tal vez a una subjetividad experiencial situada más allá de cualquier comunicación objetivable, pero sin negarse jamás a explorar esos territorios y ofreciendo al espectador alternativas de debate bien imbricadas en las interesantes vidas de unos personajes alcanzados por las dudas, certezas y justificaciones de la Fe.
Para ello Ferrara se vale de un artificio muy bien diseñado que le/nos proporciona los resultados apetecidos, transfiriendo con habilidad casi imperceptible el foco de la historia desde la figura central de María Magdalena, doblemente interpretada dentro y fuera de la película por una excepcional Juliette Binoche, hasta el atribulado periodista a quien da vida con solidez un inmenso Forest Whitaker, atravesando para lograr ese desplazamiento las luces y sombras del Jesús encarnado por Matthew Modine (el mismo caso de la Binoche) mediante fogonazos de atención que le sirven para ir articulando el complejo discurso metafísico transmitido por Cristo a la Magdalena.
Trátase, pues, de un artificio de corte metaficcional el utilizado por Ferrara para hablar de la doctrina cristiana al presentarnos la filmación de una película sobre Cristo (la esencial) como una película dentro de su película (la principal pero subordinada). El juego de espejos funciona perfectamente y relanza una y otra vez el discurso sobre los mismos nudos de reflexión cuyos ecos rebotan de una a otra filmación ofreciendo como resultado un panorama narrativo complejo y absorbente. Y si algo finalmente se desprende de este periplo existencial y metafísico al que somete a sus personajes es sin duda la imposibilidad de hablar de Dios, de creer en su existencia o no existencia, sin haber pasado previamente por una experiencia de cambio interior radical y profundamente fenomenológica. A mi modo de ver una de ellas, y no la menos interesante, podría ser la que a continuación expongo.
Para Ferrara Jesús simbolizaría la encarnación de lo divino, instrumento que de alguna manera permitiría a Dios enfrentar la comprensión del lado más oscuro y perverso del ser humano pero no de forma activa sino mediacional, indirecta, convirtiéndolo así en víctima provocadora de la furia aniquiladora de la Bestia. Al ser masacrado por el Monstruo, tan real y tan humano, Dios puede integrar ese lado esencialmente humano que, precisamente por esencia, se le escapa. Sólo sucumbiendo a manos del Hombre puede llegar a amar al hombre, perdonando sus actos, asumiendo su creación en su integridad, y con ella su propio y desconocido lado Oscuro, su Inconsciente. Lo terrible del mensaje de Jesús, pues, es que hay en efecto algo más allá de Dios que Dios no puede controlar de una forma directa. Dios puede salvarnos pero no puede evitar la presencia del Mal. Por eso tiene que asumirlo como necesario para mostrarlo superable y no definitivo. Dios hace, por así decirlo, su propio psicoanálisis al sacar hacia fuera, conjurándolas, todas aquellas fuerzas ocultas en el interior más recóndito del alma humana, la misma que creó a su imagen y semejanza. Él tampoco puede escapar a una estructura que parecer recubrir su voluntad creadora: es la dimensión oculta de su desconocimiento lo que está en juego con la persona de Jesús. También, por supuesto, la integración de la dimensión femenina. Se trata entonces de una doble operación integradora: del Bien-Mal y de lo Masculino-Femenino. Pero la interpenetración siempre requiere revisión, una vuelta constante, interminable, sobre la lectura de la misma historia una y otra vez, de modo inagotable, en una exégesis espiral e infinita. Si esa rueda se parase entonces aparecería el peso insostenible de la verdad inmutable, la esclerosis de las ideas, el dogma anclado en una Verdad metida en la rancia urna de la intocable ortodoxia. Este es uno de los peligros realmente paradójicos que suponen un auténtico desafío espiritual para el periodista al que magistralmente da vida Whitaker. En un momento de su transformación interior intuye acertadamente la siguiente evidencia, que se le aparece clara y transparente a su entendimiento: la Fe surge básicamente de una Verdad anímica nacida de una experiencia que tiene que ver con la comprensión íntima del mensaje cristiano cifrado en el Amor incondicional al prójimo. Un amor que presenta la virtualidad (¿virtud?) de poder reorientarnos hacia una nueva reflexión sobre visiones más centradas en la Redención del género humano a través de la figura de Cristo que en la pura Revelación del Amor como realidad fundante y última. Ferrara precisamente se mueve más que nunca en este filme dentro de esa dialéctica irresoluble. ¿Acaso la tragedia puesta de manifiesto por San Anselmo de Aosta, arzobispo de Canterbury y autor del justamente famoso “argumento ontológico” para demostrar racionalmente la existencia de Dios, al haber hecho depositario al divinizado Jesús de una especial “dies irae” no ofrecería también una doble significación sobre el sentido último de la tan anhelada redención? O bien Jesús recopila toda la humillación de las víctimas para que su perdón le sirva a Dios de bálsamo para su furia incontenible e incontrolable, o bien se convierte él mismo en centro de ese mismo encono divino para poder obtener finalmente el Perdón del Padre punitivo e inflexible. El camino emprendido por el periodista de su película parece conducirnos a parecidas conclusiones metafísicas.
Pero por innumerables que sean las interpretaciones obtenidas al leer los Evangelios, aun sabiendo de la confusión interminable a la hora de establecer las fuentes fidedignas de los mismos (divergencias en la datación de los textos, existencia del protoevangelio Q, del Evangelio de Tomás, del Evangelio de Judas, los polémicos Manuscritos del Mar Muerto, la preponderancia de la transmisión oral durante los primeros siglos de nuestra era, etc.), se impone siempre y con una fuerza inusitada la experiencia directa y transformadora sobre el espíritu de un mensaje tan sugerente como subversivo. Por otro lado, de ahí mi alusión anterior a lo paradójico del caso, la aceptación conformista de tal estado de cosas suele ser habitualmente aprovechada por quien de hecho intenta fijar una sola lectura de la doctrina –y la doctrina en una sola lectura- para de ese modo expulsar del reino de la salvación cualquier atisbo de crítica racional y empíricamente contrastada sobre el asunto. Así que finalmente, como no podía ser de otra manera, la complejidad de la historia no se resuelve en consignas sencillas de fácil digestión popular sino en ambivalencias estructurales que dejan a los personajes posicionados frente al “misterio” en función de su propia experiencia personal en la búsqueda de Dios.
Así que puedo recomendaros esta película sin temor a equivocarme en el juicio y con el convencimiento pleno de que para las fechas que se nos avecinan nada mejor que volver una y otra vez sobre uno de los momentos decisivos para la historia de la Humanidad. Podéis pasar directamente de la sensiblería narcotizante de “Natividad” y entrar de lleno en terrenos más interesantes y mucho menos propagandísticos.
Nos leemos en Enero. Mi lista de regalos es amplia e incluye numerosas películas y documentales. Nuestro amado Rincón, casi no venal, horro de cualquier prejuicio cinéfobo, admitirá donaciones fílmicas variadas y sin problemas de conciencia para recibirlas.
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“MARY” de Abel Ferrara
Fecha de publicación: 2006-12-15 06:12:27, por Adrián Martínez Buleo   (visto: 1384 veces)   (a 5 personas les ha parecido interesante)
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