Mientras proliferan como hongos de piscina los flamígeros signos que anuncian la desintegración de un mundo que creíamos a salvo de la barbarie y la ignorancia, nosotros nos proponemos volver a nuestras labores crítico-informativas con intención de dar mucha caña a todos aquellos que se la merezcan y a los que no… pues también, qué narices. ¿Nuestro comienzo? ¿Alguien va a dudar de que nuestro fusiforme espíritu deportivo tras los duros adelgazamientos estivales no hará todo lo posible por regenerarse a base de loas y reconocimientos al mejor club del universo conocido y por conocer? Pues eso, o de eso se trata, de ilusionarse de nuevo con este nuevo REAL MADRID de Mourinho, Cristiano, Benzema y toda esa maravillosa serie de jugadores que componen uno de los conjuntos más competitivos que se recuerdan. La pretemporada ha sido realmente buena, cosechando triunfos contundentes y con la sensación de que el equipo se halla muy bien conjuntado y equilibrado en todas sus líneas, sin fisuras, con sana competición entre los jugadores por ganarse cada puesto en liza (excepto nuestro hercúleo y heroico Cristiano cuya majestuosidad e ímpetu de colosal brega deja a cualquier aspirante petrificado con su esplendente visión), y presentando unas credenciales que realmente asustan, si bien es cierto que algo se echa de menos tras un verano marcado por un “Ku(n)lebrón” que nos ha dejado algo descolocados a todos los que soñábamos con una delantera de ensueño. El Kun se fue con aires destemplados y dando portazos de la casa rojiblanca y Florentino, caballeroso hasta la extenuación o náusea, decidió mantenerse al margen de una operación que se daba por hecha. Y en el horizonte se vio aparecer una cresta loca, la de Neymar, que más vale que la asiente ligeramente antes de proponerse triunfar en un club donde tendrá que trabajar de forma absolutamente implacable y olvidándose de “romper la night” durante no pocos meses de duro esfuerzo y trabajoso sacrificio. Aquí la profesionalidad es ley, y si no le gusta pues que se vaya a fichar con un equipo por todos conocido como waka Brasa, donde celebran los títulos con lamentables ritmos musicales más dignos de una cochambrosa verbena que de un festejo verdaderamente respetuoso con una afición grande y amplia. Pero claro, ¿cómo no íbamos a hablar de los últimos campeones de Europa cuyo título, por todos visto, comprobado y sufrido, fue conseguido a base de inquina, perfidia y mucho, muchísimo teatro? Su pretemporada nos ha regalado sin duda momentos memorables, como esa humillante y esperadísima derrota frente a Las Chivas, un equipo para siempre querido y amigo de la parroquia madridista. Los fornidos héroes de Mourinho han desarrollado fútbol de alta escuela mientras que los enclenques ninis del premioso don Pepinho tan solo una pachanga de recreo para más ofensa de sus cada vez menos y más desengañados seguidores, muchos de los cuales ya piensan seriamente en abandonar la negra equipación en busca de lustre y luminosidad renovadora. Bienvenidos sean.
¿Más? Pues que en determinados temas todo sigue igual o peor. El superferolítico duque del fútbol español continúa mostrando una parvedad de ideas ciertamente preocupante, haciendo gala de un discurso tan tedioso, pusilánime y magro como políticamente correcto. ¿Cómo se puede adorar al waka Brasa y al Madrid al mismo tiempo si no es a través de un deshonroso travestismo de singularísimo carácter esquizoide? Ignorando, pues, los agoreros e indeseables trenos que ya se dejan escuchar por una hipotética catástrofe futura (¿pero van a tener razón al final los mayas canallas?), no podemos menos que lamentar ese estado de cosas en la selección hispanoide y desear con presión gastrointestinal que muy pronto desaparezca cualquier resquicio braseante del susodicho conjunto. ¡¡Todos en contra de los intolerables desafueros de la farsante confabulación asperjadora!! Y para colmo se pierde con Italia. Así no vamos a ninguna parte.
Sea como sea, experimentemos grata y salutífera satisfacción por la nueva temporada que comienza y preparémonos a sufrir emociones poderosas e intensas, algunas melancólicas, otras eufóricas y por qué no biliosas, que desde este humilde rincón deportivo atizaremos para deleite y solaz de todos aquellos que nos apoyan y también detestan. Porque, ¿qué sería de todos ellos, de todos nosotros en realidad, si la Luz Blanca del Fútbol no iluminara las zonas más oscuras de nuestras atormentadas almas, dejando y permitiendo que con nuestros anhelos y euforias sostuviéramos cada semana la hipóstila sala del triunfo con las castigadas columnas de nuestros sueños? ¡¡Qué empiece el torneo!! ¡¡Solo puede y debe ganar UNO!! ¿Adivináis cuál?