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Aventurar que nuestra gran selección española ya está en semifinales antes de haber disputado la antepenúltima ronda del campeonato es, como mínimo, temerario. Pero visto lo visto, ¿quién podría sustraerse a generar una saludable dosis de optimismo futbolístico y esperar lo mejor de un equipo irrepetible? Lo acontecido anoche resultó tan memorable como difícil, pues el partido planteado por los portugueses atascó las líneas de pase españolas y complicó sobremanera la circulación del balón, ofreciendo una sensación de endeblez general que a punto estuvo de costarnos un buen disgusto durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Del Bosque vio claro el cambio, y con la entrada del joven Llorente se ganó en profundidad y comenzó a funcionar la conexión Xavi – Iniesta, hasta que por fin el primero del mortífero tándem conectó con Villa -en total estado de gracia (remata siempre y bien, y tiene el punto exacto para ajustar el tiro aun desarrollándose la jugada a una velocidad vertiginosa)-, que envió el esférico al fondo de las mallas tras un doble remate. A partir de ese instante España se adueñó completamente del tempo narrativo del partido y escribió la historia como a ella le gusta: con estilo elaborado, propio e inconfundible.
Sergio Ramos estuvo magnífico durante todo el encuentro y la defensa al completo realizó una labor encomiable, anulando las potenciales incisiones de Cristiano Ronaldo mediante un trabajo fundamentalmente colectivo, sin la necesidad de haber practicado un marcaje especial. El gran jugador luso tan sólo dispuso (dístico involuntario) de un obús lanzado desde casi 40 metros (Casillas tembló pero mantuvo el tipo), y mostró su inconmensurable clase con una excepcional rabona que dejó al personal boquiabierto. Más allá de esos destellos, nada, pues un crack como él se diluye en un equipo donde se defiende con nueve jugadores, con un entrenador bastante mediocre al frente, un tal Queiroz que el Real Madrid ya sufrió en su momento. Así que ahora a descansar, recuperarse de la dura temporada e ir pensando en un nuevo curso con Mou (5 estrellas) para ganar todos los títulos en juego, sobre todo la anhelada Liga de Campeones.
Muy grande España haciendo disfrutar a sus aficionados con la misma intensidad que hace dos años cuando acabó proclamándose campeona de Europa, y a la que se le presenta una oportunidad histórica para meterse en semifinales de una copa del Mundo, donde nos veremos las caras con Alemania o Argentina. Y qué caleidoscópico placer provocaría acceder a la finalísima derrotando al combinado albiceleste, qué delicioso placer…
… ¿O no?
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