Los insondables abismos de la locura Scorsese consigue la obra moderna más clásica de cuantas han intentado recuperar esa esencia perdida basando sus virtudes en la ambigüedad que despierta su insondable índole, que prevalece en lo farragoso por encima de su enmascarada linealidad.

Sólo leyendo la sinopsis ‘Shutter Island´ podría parecer una película que no encaja en la filmografía del gran maestro del cine contemporáneo Martin Scorsese: "El agente federal Teddy Daniels se dirige junto a su nuevo compañero hacia Ashecliffe a un psiquiátrico ubicado en Shutter Island para investigar la desaparición de una paciente que ha matado a sus tres hijos. Allí tratarán de descubrir que ha pasado con esa mujer. Además, Daniels buscará a Andrew Laeddis, el hombre que mató a su mujer y que se encuentra recluido en el sector más peligroso de la isla". Se trata de una cinta inscrita en un género entre el ‘thriller´ psicológico con ciertos componentes del cine de terror. Sin embargo, cuando se trata de acercarse a la locura desde una perspectiva de misterio, casi de fascinación, de siniestra independencia por encima de cualquier límite moral, ‘Shutter Island´ compone un vademécum de los vínculos argumentales más arraigados al mejor cine de su creador.

Este viaje a la autodestrucción o, mejor aún, a la construcción de una alineación conformada como una aventura terrorífica de tortura interior y exterior vendría a identificarse, sin mucho esfuerzo, a esa escisión de culpa expiatoria de personajes surgidos del universo del cineasta italoamericano como Travis Blickle, Henry Hill, Rupert Pupkin, Jake La Motta, Jack Pierce o Howard Hughes, sumidos todos ellos en un proceso de confusión gradual entre la paranoia y la lucidez. De esta manera, se analizan los caudalosos latifundios de la psicología desordenada que dan como consecuencia el desarreglo entre realidad y ficción, con juegos de espejos que enfrentan a los personajes contra sí mismos, aumentando la autoconservación contra la desnaturalizada realidad. ‘Shutter Island´ es un ‘thriller´ debido a sus mecanismos narrativos, que mezclan con arrojo otros constituyentes sobre el lado oscuro de la existencia humana; desde el relato gótico imbuido de cine clásico, pasando por el bélico, el suspense y atribuyéndose ese fondo de ‘mad doctors´ que practican sus radicales terapias psicofarmacológicas en pacientes. Este dispositivo suscita parte del interés del público a través de la investigación de los dos agentes referida a los inhumanos instrumentos que rebasan los límites curativos y científicos a favor de aterradores experimentos con la mente humana, al igual que hicieron los nazis con los judíos. La intrusión en un orbe tan tentador como las instituciones psiquiátricas recuerda al ‘Corredor sin retorno´ de Samuel Fuller, en la sugestión que despierta la enajenación que rodea la isla, pero también en la visualización de los ‘flashbacks´ de la II Guerra Mundial en relación al director de ‘Uno Rojo: División de choque´, con imágenes llenas de dolor y pesadillas del campo de concentración alemán de Dachau que ocasiona esa mácula de terror incrustada en la mentalidad torturada del protagonista.

Bajo las pautas de la ‘scorsesiana´ narración subjetiva, construida desde el punto de vista del protagonista, ‘Shutter Island´ supone una demostración fastuosa de la imaginería de Scorsese y su eterna voluntad de estilo clásico, que respira con un magnífico estrato gótico, recargado de detalles visuales, siempre ampuloso en su excelso manejo de cámara, partiendo de una historia aparentemente de género que se impregna en seguida de un éter tan enfermizo como malsano y expresionista. Su nueva obra es una jugada lanzada con mucho riesgo, que acumula tantas virtudes sobre sus defectos que hace de ‘Shutter Island´ se convierta en la obra moderna más clásica de cuantas han intentado recuperar esa esencia perdida, poblada de una entusiasta cinefilia que va de Val Lewton a Jaques Tourneur, de Edward Dmytryk a Otto Preminger e incluso se podría aludir a Alfred Hitchcok o a obras modernas como ‘El corazón del ángel´, de Alan Parker o el epigrama argumental del videojuego da Sam Lake ‘Max Payne´. Asimismo, no deja de tener ciertos recursos del cine de Brian De Palma. De esta manera, los acontecimientos no se subrayan en arreglo a ningún subtexto o acentuación impositiva de la investigación, sino que van encaminados a un giro final que explique el proceso de aislamiento del agente Daniels en su propia locura por descubrir una verdad que, en apariencia, no es existe. De ahí que vaya señalándose a lo largo del metraje por medio de apariciones espectrales de su mujer fallecida, de una niña muerta en trágicas circunstancias y de algún fantasma de un pasado traumático que no consigue cicatrizar. ‘Shutter Island´ es un juego de apariencias, de astutos artificios que van componiendo mediante sus piezas un puzzle en el que no importa un desenlace que, en mayor o menor medida, el público intuye fácilmente, sino que radica en la contextura y desarrollo de todo el entramado, en los porqués, en la sutileza abrumante con la que Daniels llega a la clave del delirio y consuma sus pesquisas en el diálogo con una nueva personificación de un personaje clave como Rachel Solando (Patricia Clarkson) en su propia fantasía.

Scorsese concentra sus esfuerzos en visualizar el guión de Laeta Kalogridis, que procede de la novela original de Dennis Lehane, desmantelando la expoliación de los elementos narrativos sustancialmente manipulados para acabar describiendo las evidencias de una realidad paralela a la historia que se está contando. Un universo desasosegante contextuado en un sostenido éter narrativo donde los paisajes y ambientes opresivos están cargados de significado a través de esas tres fases figuradas; dos de ellas, en sendos centros de reclusión psiquiátrica y la otra, en un faro de experimentación cerebral. Los espacios laberínticos y la contextura gótica crean una atmósfera de complejidad, confusión e hipnotismo que marcan la pauta de los objetivos a escrutar para llegar al fondo de la cuestión, que no es otra que el viaje hacia sí mismo de Teddy Daniels, que supera tormentas reales y metafóricas desatadas como producto de un acercamiento a una dolorosa verdad dentro una isla que no es más que un simbolismo más dentro de un laberinto de insania y desconcierto. No faltan así términos e imágenes que acentúan ese goticismo y asemejan su funcionalidad a la psiquiatría y sus problemas; una tempestad, la huida y el escape, descubrimientos fantasmagóricos en un acantilado, un inquietante faro con un terrible secreto y una negación de escabrosas consecuencias. El filme de Scorsese puede parecer dilatado tanto en su evolución como en su metraje (140 minutos), buscando por todos los medios describir una metamorfosis, pero en un trance velado e incorpóreo, con una conclusión que había prevenido con cierto enfoque previsible hacia un desdoblamiento (en varios sentidos) convenido con los convencionalismos más descarados del género, deja una puerta a la reflexión. A ‘Shutter Island´ se le puede reprochar que no alcance toda la emotividad que hubiera sido necesaria ante la tragedia desvelada, sobre todo en las apariciones de Dolores Chanal (parte de culpa la tiene Michelle Williams), que deberían ser, como en el libro de Lehane, el segmento más emocional. Uno tiene la sensación de estar ante un abusivo ejercicio basado en una materia excesivamente convencional en sus giros sorpresivos, que no termina de definir su intención de generar inquietud en los golpes de terror, mucho más eficaces cuando se trata de perseguir el desasosiego del suspense. Pero Scorsese no está interesado en esta parte comercial de su película. Importa la complejidad con la que se trenza ese apasionante estudio sobre la locura y sus condicionamientos, las maquinaciones psicológicas de los personajes dentro del ‘vía crucis´ de un hombre enfermo en busca de la salvación porque el conflicto moral y el peso de la culpa pesan demasiado sobre su conciencia.

Lo más gratificante de ‘Shutter Island´ es la ambigüedad que despierta su insondable esencia, que prevalece en lo farragoso por encima de su enmascarada linealidad. Scorsese pervierte su propio cine hacia un nuevo nivel donde las nuevas técnicas son puestas al servicio de su estilo y cuenta, de nuevo, con un aliado a la altura de las circunstancias, un Leonardo Dicaprio dando otro recital de valía dramática en esta pesadilla de soledad y claustrofobia que evidencia la bestia que duerme en cada ser humano y la disyuntiva entre asumir las consecuencias y coexistir dentro de una ficción constante.

Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010

fuente: http://refoworld.blogspot.com/2010/03/review-shutter-island-shutter-island-de.html

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Shutter Island, de Martin Scorsese
Fecha de publicación: 2010-03-05 12:03:26, por Miguel Angel Refoyo   (visto: 380 veces)   (a 0 personas les ha gustado)
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