Para ello, Gaghan, en complicidad con Clooney y Soderbergh, propone con sunueva película una rehabilitación de un período tan ideológicamente sedicioso como lo fuera la década de los 70 y sus ‘thrillers políticos’ y acusatorios de la mano de
, en un contexto donde lo importante es advertir sobre los riesgos de la globalización y el pernicioso papel que desempeñan los intereses americanos apoyados en su aparato político, militar y sus servicios especiales. En este orbe de incentivos económicos,
aborda el juego de poderes establecido alrededor de la producción de petróleo en Oriente Medio.
La acción arranca en Teherán, con la venta de dos misiles Stinger por parte de Bob Barnes, un agente de la CIA que ejecuta sus misiones en Oriente Medio sin ningún problema de conciencia. A través de un fulgurante montaje, la historia se subtextualiza en varios frentes que tomarán la médula espinal de una cinta coral y compleja en su narrativa poliforme; un joven analista energético, Matt Damon, sufre una terrible pérdida que trastorna su familia y repercute en una ambición profesional sin límites al asesorar a Nasir, príncipe heredero de un emirato, que con su consejo predice la consunción de yacimientos petrolíferos con una democratización ideológica de las instituciones en contra su hermano menor, el príncipe Mesha, que aspira al lujo sin complicaciones de un Emir a punto de fallecer.
Por otra parte, dos abogados con dos conceptos de la corrupción diferenciados; el veterano, que manipula tratos económicos que beneficien a su bolsillo y a su país, y el novato, contratado por el Departamento de Justicia para supervisar la transparencia de la fusión de dos emporios petroleros de Texas de los que uno es acusado de estratagemas ilegales. Y, por último, en el reverso de la moneda, la que corresponde a dos obreros inmigrantes que son despedidos de las instalaciones petroleras del emirato por esta fusión que acarreará la desilusión de ambos jóvenes que acabarán formando parte de un grupo extremista islámico. Siempre volviendo a Barnes y su tortuoso viaje a la verdad de una profesión que niega su trabajo, consistente en asesinar objetivos impuestos por la CIA en su depravada lucha e investigación.

En su valiente composición de simultáneo fraccionamiento narrativo, Gaghan aporta una película difícil, de estructura hipertextual, que establece su narración argumental elíptica y algo confusa como signo de la compleja tensión que se da en la crisis internacional del petróleo y el dominio del mercado por parte del más fuerte, siguiendo un tono armonizador de todos sus hilos argumentales que acaban por converger en una construcción de significación común. Para ello, el guionista de ‘Traffic’ (a la que, por su forma de narración, se ha comparado constantemente), muestra un dominio del ritmo apabullante, apoyado en el frenético y espléndido montaje de Tim Squyres, que potencia su dinamismo con una constante inquietud en la cámara de Gaghan. Cabe subrayar, además, el destacado papel todos y cada uno de los intérpretes que componen el estupendo el elenco del filme (George Clooney, Jeffrey Wright, Matt Damon, Christopher Plummer, Alexander Siddig o Chris Cooper).
Trascendente en su capacidad de denuncia,
‘Syriana’ es una incendiaria y comprometida película que incita a una reflexión social y política participativa a través de su expositiva trama, que transita entre Estados Unidos, el Golfo Pérsico, Dubai, Beirut, Teherán… y donde el realismo impregna cada lugar y situación, multiplicando los idiomas (árabe, farsi o urdu) según imponga el desarrollo de la cinta. Cine conspiratorio y de complot donde palpita la acción, los diálogos políticos, económicos y geopolíticos que no dan tregua a un espectador que no tiene más remedio que introducirse y reflexionar acerca de esta delación sobre la insondable putrefacción moral de la soberanía energética trasnacional.

Basada libremente en la novela ‘See no evil: the true story of a ground soldier in the CIA’s war against terrorism’, de Robert Baer, ex agente de la CIA, ‘Syriana’ pone en la palestra no sólo la carcoma ética de los responsables políticos, abogados, hombres de negocio y agentes de inteligencia en su rastrera guerra por la potestad del petróleo, sino que, en el camino, Gaghgan fusila a la CIA, reflejándola como una organización criminal que manipula y atenta a gran escala y deja entrever que el próximo objetivo de Estados Unidos en esta sucia pugna por dominar el oro negro es una hipotética (y factible) invasión de Irán. Si bien hay ciertas partes imprecisas del relato (como aquéllas que tienen lugar con Barnes en un Beirut bajo control del Hezbollah o el hecho de eludir el conflicto ‘palestino-israelí’ en la trama), ‘Syriana’, con su densidad narrativa como eje funcional, es una cinta valiente que pretende, con contundencia, destapar el hipócrita intervencionismo norteamericano cuestionando la validez de todas sus bases éticas y económicas.
Cuando, a largo plazo, el petróleo desaparezca y el inevitable declive del gas natural o el carbón tampoco sean una opción duradera, Occidente deberá plantearse la imposición de unas exigencias en la que las apariencias solo sirvan para salvaguardar un estilo de vida que se asienta en la globalización. ‘Syriana’ deja claro que la corrupción es el alma de un capitalismo poco menos que asentado en su dependencia de los combustibles fósiles, pero también que existe el riesgo de un radicalismo musulmán que emerge de la miseria, la humillación y la avidez de rebelión ante la displicencia de una sociedad actual acostumbrada a cerrar los ojos ante los problemas internacionales que generan problemas comunes.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2006